Martes 16, de abril del 2014
Santa Cruz de la Sierra - Bolivia
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El abrazo de Charaña



Ronald Tineo Velasco
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El doctor Wálter Guevara Arze, que abominaba los eufemismos y gustaba de llamar las cosas por su nombre, describió el abrazo de referencia como la ‘rendición de Charaña’ y expuso sus prontos justificativos en su libro Radiografía de la negociación con Chile.
Todo empezó en 1974, cuando el general Banzer, sintiéndose Luis XIV (el rey Sol), expresó: “Yo soy Bolivia. El que no está conmigo está contra Bolivia”. Y como el dictador estaba plenamente convencido de que la prepotencia da derechos, agregó: “Yo fui quien propuso al general Pinochet la reanudación de relaciones. Yo no tenía el consentimiento del gabinete ni de las FFAA ni de nadie…”. Sin embargo, cuando sobrevino la rendición de Charaña al egocéntrico dictador le faltó pundonor militar para admitir el retundo fracaso de su proyecto de traer el mar en el bolsillo y pese a ello siguió de presidente, que era su principal objetivo. Por entonces la oposición estaba en el exilio o descansaba en los cementerios.
Las relaciones diplomáticas con Chile estaban interrumpidas desde abril de 1962, debido a que nuestros buenos vecinos procedieron, motu proprio, a desviar las aguas de dominio compartido del río Lauca, que nacen en el lago Chungará (Chile) y mueren en el Salar de Coipasa (Bolivia), y desde entonces las aprovechan como si fueran de su exclusiva propiedad. Incluso calman su sed con las aguas dulces que contrabandean de nuestros manantiales del Silala, sin pagar un solo céntimo. No hay duda: el mayor recurso natural que posee Chile son los chilenos. El espíritu del colonialista Abraham Koning guía sus pasos...
Se dice que la rendición de Charaña fue un gol de media cancha que metió el general Pinochet (‘augusto’ dictador que de geopolítica sabía mucho) a nuestro dictador (‘diminuto chiquitano’, al decir de Luis García Meza), que apenas conocía la geografía del país. Aunque más coherente es hablar de un autogol, que no pudo evitarse, no obstante la defensa que intentó el ‘grupo de los cien’, equipo compuesto por expresidentes, excancilleres, jefes de partido, escritores, historiadores, etc., “que se suponía que estaban informados respecto al problema de nuestra mediterraneidad y sus posibles soluciones”
Nuestra historia sociopolítica, que es cíclica, 36 años después de la rendición de Charaña, coloca nuevamente el tema de la negociación con Chile sobre el tapete de la discusión. El presidente Morales, sin abandonar el diálogo directo, ha propuesto someter nuestro ‘derecho al mar’ a la consideración de tribunales internacionales. Solo que esta vez se acude al consentimiento del gabinete, a la Asamblea Legislativa Plurinacional, al pueblo y también a un consejo consultivo similar al grupo de los cien, cuyas recomendaciones no irán al vertedero como en la época de Banzer.
La propuesta presidencial, como era previsible, activó los anticuerpos de la oposición que, además de impugnarla en su integridad, ha llevado su protesta al plano de la ofensa aleve contra el presidente, a quien calificó de ‘hazmerreír internacional’, buscando, a través del insulto, afectar su liderazgo. Es lo que se dice, ¡gajes de la democracia!
Pero existen mecanismos para contrarrestar la guerra sucia. Uno sería retirar la propuesta y/o congelarla sine die (sin plazo) y, otra, convocar al soberano a las urnas para que con su voto dirima si continuamos sumando años al diálogo de sordos o si sentamos a Chile en el banquillo de los acusados. Solo que en este caso el laudo arbitral que emita el tribunal internacional, blanco o negro, tendrá fuerza vinculante y calidad de inapelable. Es decir, no podrá ser revisado ni por la corte celestial. Y una aclaración personal: quien esto escribe no pertenece a los registros del MAS, ni falta que hace. La única afiliación es con la causa del pueblo.

* Librepensador