Martes 22, de julio del 2014
Santa Cruz de la Sierra - Bolivia
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El ‘corralito’ de Villa Montes



Guillermo Capobianco Ribera
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“¡Queda usted detenido, señor presidente!”. Se consumaba así un hecho inaudito: el Alto Mando Militar del Ejército, en campaña durante la Guerra del Chaco, ‘acorraló’ al anciano presidente (Daniel Salamanca) y lo destituyó allí mismo sin trámite ni juicio político alguno. Este hecho se produjo en Villa Montes, la benemérita.
En las Europas emergían el nazismo de Adolf Hitler, en Alemania, y el fascismo de Benito Mussolini, en Italia.
El presidente Daniel Salamanca se trasladó hasta el teatro de operaciones para ‘ajustar’ cambios en la cúpula militar. No percibió que el poder del Estado había cambiado de lugar y de titular y que él solo representaba a una oligarquía decadente, la rosca del estaño, que exigía al Gobierno y al Ejército “pisar fuerte en el Chaco”.
La historiografía sigue sosteniendo que Bolivia perdió la guerra. Esa es una verdad a medias.
Una oficialidad de jóvenes guerreros, indígenas, campesinos y de clase media había sellado, con sangre derramada en las trincheras, un bloque de unidad política como expresión generacional.
El líder amado por la tropa era el Cap. Germán Busch Becerra. Chiquitano, nacido en la hermosa ciudad de San Javier de Ñuflo de Chávez y formado profesionalmente en el Colegio Militar en La Paz. Al final de la contienda era ya una leyenda viva.

Por eso, en momentos cruciales era natural que encabezara las acciones igual que como lo hacía en el campo de batalla.
El Ejército de Bolivia escribió en esa guerra páginas de gloria y de amor a la patria. El desértico Chaco no tenía una sola gota de petróleo.
El Ejército detuvo ‘en seco’ al invasor en las faldas del Aguaragüe durante los cinco días de la gloriosa batalla de Villa Montes.
Cuando el Ejército invasor se quedó sin aprovisionamiento, retrocedió. En eso están de acuerdo todos los historiadores. Pudo lanzarse una contraofensiva que hubiese llevado a los bolivianos hasta las puertas de Asunción.
La Standard Oil y la diplomacia de Saavedra Lamas en Argentina hicieron lo demás. Llegó el armisticio de junio de 1935.
En el instante del final de la guerra, las 12 del día, con disparos al aire en señal de regocijo, se produjo el abrazo multitudinario con llanto colectivo y contenido entre soldados bolivianos y paraguayos.
Abrazo de hermanos y llanto de alegría que se elevó hasta el cielo conmoviendo al mundo y a Sudamérica. Fue el origen de la primera Revolución Nacional.
En ese contexto nació, se formó y creció un liderazgo inmenso, el del Cap. y luego Tte. Coronel don Germán Busch Becerra.
Los supuestos ‘perdedores’ subieron la cordillera y se instalaron en Palacio desarrollando una gestión sin precedentes: fue la gestión de ilustres ciudadanos como Bernardino Bilbao Rioja, Dionisio Foianini, Gualberto Villarroel, Víctor Paz Estenssoro, Hernán Siles Zuazo, Wálter Guevara Arce, Juan Lechín Oquendo, mítico líder minero y obrero, y tantos otros.
La obra del héroe del Chaco fue social, militar, diplomática y geopolíticamente profunda. Logró vinculación ferroviaria con Brasil y Argentina y conquistó, sin disparar un solo tiro, el puerto soberano hacia el océano Atlántico, en la margen occidental del río Paraguay.
Busch, el gran capitán, murió joven, a los 33 años, tal vez como mueren los héroes y nacen los mitos.

* memocapobianco@gmail.com