Jueves 24, de abril del 2014
Santa Cruz de la Sierra - Bolivia
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Nuevo comandante de la Policía



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Después de un Carnaval glorioso durante el cual me divertí como enano (midiendo 1 metro 61 centímetros y siendo más alto que Napoleón) volví a la cruda realidad y me dije: “¿Y ahora qué vas a hacer y de dónde sacarás plata para pagar la deuda con tu comadre?”, respondiéndome: “Ya estará apareciendo la plata y nadie podrá quitarme  lo bailao”.
A primera hora de ayer tocó el timbre de mi casa la mencionada prestamista y me dijo: “Yo también lamento que hubieran terminado los carnavales y es por ello que ahora me tendrás que acompañar a la Policía”. Alarmado le repliqué que yo no había cometido ningún delito durante las fiestas, que no me había emborrachado, que no había tratado de seducir a ninguna señora, chola ni birlocha, que no había proferido insultos contra los gobernantes, por lo cual no encontraba motivo para comparecer ante la Policía.
La buena cochabambina me dijo en la oreja que yo era un mentiroso, pues había cometido todos los pecados y delitos de los que ahora me negaba, pero ella me los perdonaba y que ahora quería conducirme a la Policía no como delincuente, sino para saludar al nuevo comandante de la Policía boliviana recientemente posesionado en Palacio de Gobierno por el presidente Evo.
Al verme entre la carabina y la pared, manifesté a mi comadre que no me gustaban esos actos de besamanos a las autoridades recién posesionadas, respondiendo: “¡Ay, compadre, usted siempre tan ‘coxuáter!, con esa conducta usted nunca llegará a nada y seguirá siendo un periodista pobre. Hay que ser amigo de las autoridades principales del país y mucho más de alguien que ha sido designado como comandante general de la Policía…”.
Traté de sacar el poto a la jeringa y dije a la bien intencionada de mi pariente espiritual: “Es que sabe usted, comadre, tengo mucho miedo a los policías y siempre he sido más amigo de los perseguidos por la justicia, aunque estos fueran ‘monreros’, ‘descuidistas’ o ‘albertos’…”.
La cholita cochabambina insistió en llevarme a saludar al nuevo comandante y me dijo que, hasta donde ella sabía, el coronel de referencia era un gran tipo, pero me seguí resistiendo y le expresé: “¡Ay, no siempre, comadrita!, le cuento que yo soy amigo del general Sanabria, actualmente detenido y enjuiciado en Miami por narcotráfico, y me parecía un gran tipo y ya ve usted en qué líos andaba metido en ese maldito negocio de las drogas… es por eso que prefiero no ir a saludar al nuevo comandante”.
Como último argumento, mi comadre Macacha me dijo: “Tanta confianza le tiene el presidente Evo que le ha dado un plazo de 90 días para que el nuevo comandante erradique la corrupción de la institución policial”, a lo cual yo me atreví a calificar como misión imposible.
Mi comadre concluyó con nuestro diálogo y se fue al Comando General de la Policía para cumplimentar al coronel Farfán, pidiendo a mi comadre que hiciera conocer al nuevo jefe que yo iría a saludarle personalmente dentro de 90 días.