Jueves 21, de agosto del 2014
Santa Cruz de la Sierra - Bolivia
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El Camba Florencio



Pedro Shimose
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Hace una semana murió Antonio Anzoátegui Suárez (Montero, 13/10/1937-Santa Cruz de la Sierra, 26/07/2010), famoso juglar cruceño a quien sus paisanos montereños llamaban Don Choco y los demás, El Camba Florencio. Además de ganarse la vida como mecánico dental, en sus ratos libres componía canciones, escribía versos, actuaba en teatro y televisión, y recitaba en público a Otero Reiche, Sanabria Fernández, Fabián Vaca Chávez, Alfredo Vaca Medrano, Aquiles Gómez Coca, Arturo Pinckert y otros bardos de la tierra camba. El poema En la fiesta de Porongo, de Coimbra Sanz, fue uno de sus mayores éxitos.
Juglares y juglaresas, según don Ramón Menéndez Pidal, eran aquellos hombres y mujeres (llamadas entonces ‘juglaras’ o ‘juglaretas’) que, en la Alta Edad Media, “se ganaban la vida actuando ante un público para recrearle con la música o con la literatura”. Los juglares europeos cobraban por divertir a la gente; El Camba Florencio, en cambio, actuaba gratis y dando, a menudo, lo que no tenía, pagando de su bolsillo los gastos de sus desplazamientos. Pertenecía a la tradición de esos juglares cruceños que hicieron grande esta tierra, lucharon por la independencia americana, enriquecieron nuestro idioma y enaltecieron la cultura popular. En el fondo, era un idealista extraviado en un país donde, como él decía, “la honradez ya es delito”.
Mecánico dental, se ganó la vida arreglándole la sonrisa a la gente mientras él iba poniéndose triste de tanta miseria humana y tantas tropelías. Su vida fue un contrasentido. Caballero sin caballo, era puro corazón y le falló el corazón, era ‘salado’ y los médicos le prohibieron la sal, y habiendo sido echado –hace dos años– de la dirección de la Casa Municipal de Cultura de Montero, esa mismísima Casa Municipal de Cultura llevará, ahora, su nombre. En fin, peores cosas suceden…
Actor de teatro y televisión, su nombre será recordado por siempre, junto al de sus amigos Humberto Parada Caro (+), los hermanos Raúl y Humberto Vaca Pereira (+), Germán Coimbra Sanz (+) y, sobre todo, al de Enrique Alfonso (+), artistas cuya contribución al teatro costumbrista cruceño es enorme. Grabó cuatro discos: Poemario de los llanos (1978), Fundación de la llanura (1980), Entre corral y barbecho (1991) y Un recado criollo (1998).
Hace un año, El Camba Florencio le confesó al periodista Roberto Navia, de EL DEBER, que no sabía de qué estaba enfermo. Socarrón, leyó el parte médico: “…una disección aórtica de grado III con trombo intramular” (sic). “Creo que se trata de un aneurisma cardíaco”, dijo riéndose. Y de eso murió, añorando aquellos tiempos “donde pa’ mandar un recado, tenía que ser a caballo” y “no había prisa pa’ ir viviendo”. Pertenecía al mundo rural; por eso, este juglar barbicano calzaba abarcas, se calaba el sombrero de saó y, chicote en mano y machete al cinto, salía al escenario a proclamar su verdad poética.
Un poema que él inmortalizó –La pena del camba– empieza así: “Ayer me dije a mí mismo, / como pensando pa’ dentro, / la vida que soportamos / nos tiene paraos en seco”. Así estamos, “paraos en seco”, al enterarnos de su muerte. Pero no ha muerto del todo, pues por ahí andan la juglaresa Maritza Soliz Ayala y otros juglares, tras su huella: El Opa Juanoncho, El Camba Siripi, El Camba Calucha, El Camba Erudito, El Camba Suertudo, entre otros que siguen sembrando de luz la noche, diciéndole al viento que la vida sigue y hay que lucharla. // Madrid, 03/08/2010.

* Escritor