TENDENCIAS

Rutas del grafiti por la Nueva York africana


El arte callejero en toda su expresión se ve en el centro de Johannesburgo como una iniciativa de algunas empresas que utilizan estos espacios para dar sus mensajes

El grafiti encuentra otro aliado en la costumbre africana de pintar sobre las paredes los nombres, logotipos y detalles de sus negocios
Escuchar el artículo Pausar Lectura

24/05/2016

Debajo de los puentes de la autopista que cruza Sudáfrica, en las paredes de ladrillo rojo de fábricas y en las paredes de maltrechos edificios y negocios abandonados florece el grafiti en el inhóspito centro de Johannesburgo.

Capital económica de Sudáfrica y centro neurálgico de la mitad sur del continente, Johannesburgo es una ciudad de inmigrantes, "de peligros y oportunidades" como la definió Mandela.

Una versión africana del Nueva York sucio y violento de hace décadas en el que nació y se popularizó el grafiti, una forma de arte callejero que ha entrado con fuerza en África a través de su urbe más estadounidense.

"La degeneración de la ciudades es propicia para los grafitis. A la gente no le importa que se pinten las paredes y proliferan las subculturas como las de los artistas callejeros", dice Jo Buitenbach, de la empresa Past Experiences, que ofrece paseos guiados centrados en las pintadas por diversos barrios de la ciudad.

A la sombra de los rascacielos construidos durante la época de dominación blanca, el centro de Johannesburgo fue abandonado en masa por las empresas y los residentes pudientes cuando sudafricanos pobres de piel oscura e inmigrantes de otros países de África empezaron a mudarse a la zona durante la desintegración del apartheid.

Caminar por algunas de estas calles es uno de los atractivos de los tours de Past Experiences, que forman parte de los esfuerzos de cada vez más jóvenes sudafricanos como Buitenbach para revitalizar el corazón de la ciudad.

Además de invitar a lugares normalmente "prohibidos" de la urbe a ciudadanos locales acomodados y a turistas, la iniciativa acerca al arte a vecinos de las áreas más dilapidadas.

"Mujeres mayores y niños suelen acompañarnos en los paseos. A ellas les llaman la atención los elementos tradicionales de los grafitis. A los niños los monstruos. Lo ven todos los días y es el único arte con el que tienen contacto", explica Buitenbach.

Coloridos grafitis de enormes elefantes, a veces de tamaño real, adornan las calles de Johannesburgo y de otras ciudades del país.
Son obra del grafitero conocido como Falko, que dice querer "colonizar" Sudáfrica con elefantes.

Los paquidermos son, a su modo de ver, una versión benéfica del ser humano, por lo que la colonización con elefantes tendrá mejores resultados que las que han protagonizado los seres humanos.

Además de la dejadez, el grafiti encuentra otro aliado en la costumbre africana de pintar sobre las paredes los nombres, logotipos y detalles de sus negocios, a menudo acompañados de dibujos que ilustran la actividad a la que se dedican.

Esta preferencia por la pintura -frente a la tendencia europea a anunciarse sobre carteles, pizarras o chapas metálicas- hace que la idea del grafiti resulte algo natural a los habitantes del centro.



 




En esta nota