SOCIEDAD

Motociclista ruso pisó suelo cruceño y siguió viaje por el mundo


Visitó a la colonia rusa en Santa Cruz. Con Bolivia ha transitado por 66 países y piensa cruzar Alaska para llegar a Moscú el día que a su hija le toca entrar al colegio en 2018

A Oleg lo apoyan su esposa, sus dos hijos y un grupo de amigos de Moscú

18/10/2017

El ruso Oleg Kharitonov (46), que recorre el mundo en una motocicleta desde hace tres años, llegó a suelo cruceño el domingo 8 de octubre, pernoctó durante cinco días y partió el sábado 14 hacia Cochabamba, con la intención de cruzar a Perú por La Paz y así llegar a Colombia en su propósito de atravesar América Central y del Norte, seguir a Alaska y surcar el estrecho de Bering para cerrar su periplo en su país.

La titánica aventura de Oleg empezó el 20 de agosto de 2014 en Moscú, de donde partió en su moto y recorrió Eurasia, pasando por Rusia y Mongolia hacia  China y luego vía Oriente Próximo a Europa, la cual también cruzó de sur a norte y de nuevo al sur. En África, el viajero cruzó la costa occidental del continente antes de partir, vía aérea, a América del Sur, aterrizando en Buenos Aires (Argentina).

Luego exploró caminos usualmente poco transitados por el interior argentino, por Uruguay, Paraguay y Chile antes de entrar a Bolivia por Potosí, Sucre y Santa Cruz. En la capital cruceña lo recibió Lubov Lazovskaya, presidenta del Círculo Ruso, quien le dio posada. Asimismo, la comunidad rusa le dio la bienvenida y también le hizo la despedida.

Muchos desafíos por vencer
“Te encuentras a rusos en cualquier parte del mundo, incluso en lugares donde la vida en general no es buena”, afirmó el viajero, y cuando “hablas con esta gente, es como estar de nuevo en casa, en la patria”, declaró al periódico digital Sputnik.

La moto de Kharitonov fue fabricada especialmente para la odisea por mecánicos rusos. Él  no utiliza otro medio de transporte en su travesía, excepto cuando toca trasponer mares. Prácticamente la ha reconstruido a lo largo de los 1.154 días de viaje y 132.751 kilómetros de camino hasta ayer, cuando partió de Cochabamba hacia el Salar de Uyuni, de donde tenía previsto ir a La Paz, último destino boliviano para ingresar a territorio peruano.

Oleg lleva consigo un pequeño globo terráqueo en el que marca su avance; además tiene un equipo de navegación y un montón de técnicas, aprendidas en el trayecto, para sortear rutas desconocidas y agrestes, las inclemencias del ascenso y descenso de temperatura y de la geografía.

En sus apuntes atesora cientos de historias, buenas y malas, en su paso por culturas diferentes, cuyas visitas están en su memoria. En China su paso fue supervisado por guías que lo escoltaron hasta la frontera, puesto que ciertas actividades de los extranjeros, como la que él emprende, están prohibidas.

Bolivia es el país 66 de su recorrido. Al parecer, no ha tenido inconvenientes hasta el momento en el territorio nacional; comparó el clima de Santa Cruz con el de Nepal (Asia meridional).

“Almas, acciones, emociones, lecciones. Esto es una escuela que no existe en el mundo! Todos se quedan contigo para siempre”, escribe Oleg en su sitio The Way (http://khariton.com/).

“Un santuario en el desierto, si no fuera por la tienda que fue volada por el viento. Se desvanece tan repentinamente como aparece, se convierte en una calma, cuando la luna liberada convierte su luz en una apariencia de Marte”, describe el explorador un atardecer en el desierto de Atacama (Chile) el 5 de septiembre.

Por esos días Oleg tuvo un episodio en San Pedro de Atacama, donde ascendió al Cerro Toco para sacar fotografías y supuestamente se desorientó por la altura (4.900 m), por lo que dos carabineros lo hidrataron y lo trasladaron a una posta. 
Carabineros informó de la situación a través de su cuenta de Twitter, donde publicaron además imágenes del visitante, en una de las zonas volcánicas del desierto de Atacama.

Empero, a través de su cuenta en Instagram, Oleg Kharitonov contó su versión de los hechos descartando tajantemente que hubiera estado perdido o que requiriera de la ayuda de los uniformados, añadiendo que estos incluso cuando llegaron donde estaba él debieron tomar bastante agua de la fatiga por haber ascendido a la altura en la que se encontraba.

“Yo soy muy resistente; practico deporte, hago boxing y ejercicios diarios. Claro que a esa altura me movía lento, como todos los alpinistas, ya que controlaba mi pulso y respiración”, explicó el motociclista.

El plan de viaje de Oleg comprendía 800 días y cinco continentes. Empero, ya van 1.154 jornadas en la ruta. Estima que puede llegar a destino dentro de 306 días. Piensa volver a casa el 20 de agosto de 2018 para acompañar personalmente a su hija a su primer día escolar.



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