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"Me apasiona el paso de un concepto a la realidad"


El arquitecto Norman Foster, reconocido con el Premio Pritzker, se presentó en la Bienal de Venecia, con el prototipo de puerto para drones, y bóvedas tabicadas

El City Hall de Londres es una de las obras que proyectó el destacado arquitecto
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29/05/2016

Al arquitecto británico Norman Foster, creador de edificios técnicamente complejos, le gusta "trabajar con la gente que hace cosas" y en la Bienal de Venecia lo está demostrando: se ha presentado con un maestro albañil.

"Siempre me ha interesado apasionadamente la traslación de un concepto a la realidad", dijo Foster en entrevista con Efe después de mostrarse ilusionado junto al español Carlos Martín a la sombra del modelo a escala real de una bóveda tabicada elaborada por este profesional del ladrillo.

"Para mí, trabajar con la gente que hace cosas es fantástico, es la esencia de la arquitectura, el salto a la realidad, el construir algo y el orgullo en la artesanía. Así que fue una buena experiencia y una persona extraordinaria", comento sobre Martín.

El arquitecto británico (Manchester, 1935) participa en la Bienal de Arquitectura de Venecia, cuya XV edición se abrió al público ayer sábado, con un proyecto lejos de las complejas estructuras por las que es mundialmente conocido.

Se trata de un prototipo de puerto para drones, una bóveda tabicada que recupera una larga tradición en el Mediterráneo español con el objetivo de construirlo en Ruanda con materiales locales y cuyo modelo es el proyecto inaugural de la Fundación Norman Foster que se desveló esta semana en el Arsenal de Venecia.

La instalación podría servir para múltiples usos, pero sus impulsores plantean que sirvan en el país africano por ejemplo para facilitar la logística de envío de suministros médicos de urgencia.

"Mi fundación fue capaz de reunir a cinco universidades, a los profesores y a los estudiantes, espíritus jóvenes, con otras fundaciones, la Fundación LafargeHolcim y un laboratorio de investigación", contó Foster a Efe.

"Así que tenemos la pericia, la gente, los ingenieros y el producto. Hacen un producto especial a partir de la tierra, solo con un ocho por ciento de cemento con unos aditivos especiales", explica entusiasmado con el resultado de esta construcción en ladrillo.

La pasión por hacer reales los conceptos no significa que Foster no aprecie el trabajo de los teóricos o de aquellos que proyectan ideas: "Pero para mí lo excitante es entender la manera en la que las cosas funcionan".

Esto puede tener que ver con "el montaje de un edificio, la manera en la que las piezas se fabrican en un taller, o también puede ser la misión, los principios éticos de una compañía o de una institución" explica Foster.

"Cómo se hacen las cosas tiene para mí una cierta nobleza y disfruto de ese proceso", asegura este Premio Pritzker (1999) y Premio Príncipe de Asturias de las Artes (2009) autor entre otras obras de la renovación del Reichstag berlinés, el aeropuerto internacional de Hong Kong o la Torre Cepsa de Madrid.

A Foster le interesa "la conexión entre el concepto, la ingeniería, la realización. Ahí hay poesía, hay algo muy espiritual en eso, porque de verdad, una sociedad consiste en hacer cosas".

En esta edición de la Bienal su director, el también Premio Pritzker chileno Alejandro Aravena, ha pedido a los arquitectos que aporten sus propuestas "desde el frente", desde la primera línea de una particular batalla junto a las personas que tienen necesidad de mejorar su calidad de vida.

"Nunca existe el momento justo, desde muchos puntos de vista quizás ya es demasiado tarde pero desde otros está por delante de su tiempo", comentó Foster sobre la oportunidad del planteamiento de Aravena, quien por otro lado admitió que grandes arquitectos como el británico están en la Bienal no por lo que hicieron sino por lo que pueden hacer.

"Cualquier evento, y este es uno significativo, que eleva el nivel de conciencia de esas cuestiones globales tiene que existir, admite Foster, quien recuerda "las necesidades de aquellos que no tienen el privilegio de ser capaces de apretar un interruptor y tener luz, tener energía, agua o saneamiento".

Detrás del prototipo de la bóveda de ladrillo que Foster trae a Venecia está su fundación de Madrid, de la que el arquitecto de momento revela poco.

Sí apunta que los objetivos serán "promover la importancia de la arquitectura, las infraestructuras, el urbanismo en la sociedad y también atraer a jóvenes estudiantes y titulados y compartir una conciencia pública de anticipación del futuro, responder a esos desafíos y también derribar las barreras entre arte, diseño, arquitectura, infraestructuras e ingeniería".

Menciona razones familiares y culturales para estar en Madrid: "es un sitio donde mis hijos más pequeños están creciendo y del que disfrutan muchísimo y es que es una ciudad increíble".



 




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