Ciencia y Vida

Los celulares hacen foco en los emojis, la cámara y la privacidad


Las mayores firmas ya presentaron los modelos estrella de 2017 y ofrecen justo lo que el usuario quiere: cámaras superpotentes, emojis animados y un nivel de seguridad inquebrantable


Hace 3 días

Dile hola al futuro: la tecnología de los últimos smartphones llegó para quedarse. Con la presentación de los nuevos modelos de iPhone, el martes pasado en la sede californiana de Apple, las principales firmas de celulares ya desvelaron sus ‘buques insignia’ de 2017 y la tendencia es clara.

Los tres titanes -Apple, Samsung y Huawei- saben lo que los usuarios de la era de las redes sociales quieren: sacar fotografías que parezcan tomadas por profesionales, usar cada vez menos palabras y más emoticones y tener un sistema de seguridad fiable y a prueba de curiosos.

Lo que no saben es que muchos usuarios no pueden (o no quieren) gastar cerca de $us 1.000 en un celular y las reacciones en redes no tardaron en llegar. El iPhone X, con el que los de Cupertino celebran los 10 años del celular que revolucionó la industria, cuesta $us 999 en Estados Unidos y, según distribuidores nacionales, en Bolivia costará alrededor de $us 1.500. Samsung y Huawei cuestan menos: cerca de 1.000 dólares el Galaxy Note 8 y unos 600 el P10 Plus. De cualquier forma, dos, tres y hasta cuatro veces un salario mínimo nacional.

Una imagen o mil palabras

“Pongo la foto en Facebook, luego existo”, parece ser la máxima de hoy. Por ello, las empresas de celulares se empeñan en desarrollar cámaras con mayor resolución. El año pasado, con el modelo P9, Huawei estrenó el doble lente posterior de la mano de Leica y marcó un hito: desde entonces, los nuevos modelos de Samsung y de iPhone siguieron sus pasos. Con este sistema se puede jugar con el enfoque y lograr mejores exposiciones en condiciones de poca luz. 

Desbloquear con una mirada

Nadie sabe tanto de una persona como su celular: a través de él se ‘stalkea’ a otros, se cuentan secretos y quedan registradas todas las búsquedas que uno hace en internet. Las compañías han diseñado de métodos más fiables para que nadie pueda espiar su teléfono y lo que empezó como una clave de cuatro dígitos, que luego evolucionó a ser un sensor de huellas digitales, hoy es una cámara capaz de reconocer el iris de una persona o el rostro en tres dimensiones.

¿Qué pasa si ‘le muestro’ una foto? Apple asegura que su método es el más seguro, que no funciona con fotos y que incluso detecta la evolución del usuario: te reconocerá cuando engordes, envejezcas o cambies de look.

Animojis, los nuevos emojis    

Los seguidores de Black Mirror (sí, estamos hablando de una serie de Netflix) saben que el episodio de The Waldo Moment predijo la aparición de los emojis animados. Se trata de dibujos personalizados que se generan a partir de los sensores de reconocimiento facial que capturan la expresión del usuario y lo añaden al emoji para generar la mueca y el sentimiento que se quiere expresar. La aparición de esta función en el iPhone X fue algo sin precedentes y puede marcar la línea en cuestión de emoticones y realidad virtual.

Chinos por la mitad de precio

En el mercado mundial, los celulares chinos de alta gama de compañías como Oppo o Xiaomi dan competencia a los smartphones ‘último modelo’ de las firmas consolidadas porque tienen prestaciones similares y cuestan la mitad (o menos).

En varios países, Apple y Samsung han ido perdiendo terreno desde la llegada de Huawei y en China, el mayor mercado de celulares, las marcas locales ‘se están comiendo’ a los dos gigantes. De hecho, en 2016, Oppo logró el mayor número de ventas en ese país, superando a Apple.

En Bolivia es difícil encontrar estas marcas. Tras un recorrido por seis tiendas de celulares en Santa Cruz, solo se encontraron modelos de gama media de Xiaomi pero, con el éxito global de firmas más pequeñas, es probable que pronto veamos nuevos actores en el mercado local. 

El drama humano detrás de la industria

Mea culpa. Cuando se presentan los nuevos celulares todos volcamos a la mirada a las funciones, los avances de la tecnología, las cifras. Pero difícilmente vemos el lado oscuro de la industria. Datos de Greenpeace dicen que, en los últimos 10 años se han fabricado 7.100 millones de smartphones y, según un estudio de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) solo el 16% de los desechos electrónicos se reciclan. Resultado: toneladas de basura que permanecerán en el planeta por siglos (o hasta que la humanidad se tome en serio lo del reciclaje y el consumo responsable).

El problema no comienza ni termina ahí. Muchas de las baterías de los celulares nacen de las minas del Congo y son producto del abuso laboral y la explotación infantil. En 2016, la organización Amnistía Internacional publicó un informe, junto con Afrewatch, en el que alerta los abusos que se están cometiendo en las minas donde trabajan niños y han pedido a las grandes empresas tecnológicas que se aseguren de que sus productos no utilizan cobalto extraído con mano de obra infantil. 

La materia prima de muchas baterías es producto
de la explotación laboral e infantil (Imagen: Pinterest)

El año pasado, el periódico estadounidense The Washington Post publicó un reportaje sobre el camino que va desde las minas excavadas a mano en el Congo hasta los teléfonos y computadoras portátiles de los usuarios, y vinculó la cadena con una compañía china que es la mayor compradora de cobalto artesanal en el Congo y cuyos materiales son usados en los productos de grandes fabricantes como Apple.

Tras el escándalo, Apple prometió ‘limpiar’ su cadena de suministros de cobalto hasta que no se resuelva el problema de la explotación en ese país. 

En un mundo en el que se tiene conciencia de la huella ecológica que estamos dejando, de la urgencia de preservar el medioambiente y al que le tomó siglos y sangre avanzar en materia de derechos humanos, el desafío de la era tecnológica es hacer que los productos sean más sostenibles, duraderos y justos en su cadena de producción

A los usuarios nos queda la norma que aplica a todo: consumir lo necesario y reutilizar las cosas.



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