TENDENCIAS

La comida gourmet se estaciona en calles y avenidas cruceñas


Bocados que hasta hace poco eran exclusividad de restaurantes caros ahora están disponibles en puestos callejeros. Hay combis con ofertas para todos los gustos: desde mariscos hasta fettucinis

Street Food Festival el evento reúne varios puestos de comida callejera. Sergio Peñalver muestra las empanadas de la Doce, delante del food truck en el que trabaja. Foto: Jorge Uechi

29/01/2017

Una furgoneta en la que se lee Doce se parquea todas las noches en la avenida San Martín, cerca del centro empresarial. Dentro del vehículo, iluminado con focos cálidos y apenas decorado con una pizarra negra en la que están escritas las 12 variedades de empanadas que ofrece el menú, se cuecen ingredientes típicos de un restaurante gourmet: mariscos, champiñones o carne macerada en vino malbec.


Sergio Peñalver (26) es un salteño que no vende salteñas como las conocemos en Bolivia, sino las clásicas empanadas argentinas (más secas y con rellenos de varios sabores) a bordo de un food truck que estaciona en Equipetrol.


Los puestos de comida sobre cuatro ruedas, conocidos  como food trucks, son una tendencia global que empieza a rodar en Santa Cruz. El concepto consiste en trasladar la gastronomía refinada de los restaurantes elegantes a las calles en furgonetas o combis adaptadas para cumplir la función de cocina y mostrador a la vez. En ellas, en un espacio minúsculo donde conviven el horno y el volante, los alimentos se preparan de forma rápida y a la vista del cliente. 


Si bien la comida ambulante no es ninguna novedad -y menos en Bolivia donde se puede encontrar anticuchos, asaditos o empanadas en casi todos los rincones del país- los food trucks se caracterizan por ofrecer gastronomía extranjera o gourmet a precios más asequibles que los de un restaurante, explica Eduardo Cossío (28), ‘el señor de los tacos’.


Eduardo es propietario de una combi que ofrece comida mexicana y se parquea en la avenida Cristo Redentor, entre segundo y tercer anillo. Su socio, el chef Juan José Romero (29), trabajó cinco años en Estados Unidos en un restaurante de comida mexicana y cuando volvió a Bolivia decidieron emprender juntos el proyecto nómada. Hoy, poco más de un año después, tienen dos combis y ‘los señores de los tacos’ pronto serán también ‘El cubano’: están a punto de encender el motor de un food truck de gastronomía cubana.

Dulce y amargo
Hielato es una especie de heladería ambulante que hace mezclas innovadoras en raspadillos y frappés. Vicente Arce (31), el propietario, explica que mucha gente empieza con un restaurante rodante como prueba antes de lanzarse a un negocio más grande. “Viví en el extranjero, en varios países, por 14 años y es algo que está de moda a nivel mundial”, cuenta a dos años de haber arrancando con Hielato.


Vicente y Eduardo coinciden en que no se requiere una inversión muy alta y lo mejor de todo es que el negocio se puede mover en busca de nueva clientela y ajustar a los horarios del dueño. Pero no todo es perfecto, la lluvia y el mal tiempo son el presagio de que ese día no habrá comensales y también están más expuestos a la inseguridad ciudadana.


Los requisitos son similares a los de cualquier otro negocio de comida, se necesita contar con una autorización de funcionamiento, registrar la empresa, cumplir con los requisitos de sanidad para manipular alimentos, entre otras condiciones que garantizan la calidad y seguridad de lo que el cliente va consumir.

Una tendencia creciente
El fenómeno empezó hace cerca de cinco años en California (Estados Unidos), señala el diario argentino La Nación y, según la firma investigadora Ibis, en 2015 operaron 4.130 camiones de comida en ese país, generando ingresos de unos 1.200 millones de dólares. Un motivo suficiente para imitar la iniciativa por todo lo alto y ancho del mundo: en ciudades europeas y del sur, como Buenos Aires o Punta del Este, la nueva tendencia urbana se impone y promete revolucionar el sector culinario.


En  Santa Cruz cada vez hay más vehículos de comida gourmet o internacional, y el Street Food Festival es una muestra de ello. En la última versión, realizada el jueves y viernes, participaron cerca de 50 empresas aunque no todas estaban montadas en vehículos (también entraron restaurantes con carritos diseñados para dar atención en eventos privados). Y el precio fue asequible para todos los bolsillos: comida desde cinco bolivianos y entrada gratuita.


El triunfo de los food trucks está garantizado porque tiene todos los ingredientes para ello: sabores nuevos, precios económicos y un ambiente descontracturado. ¡A pedir de boca!  



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