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Kelly no envejeció durante su año en el espacio


Scott Kelly, tras vivir un año en la Estación Espacial Internacional, ha experimentado cambios en su cuerpo. El secreto de la ‘eterna juventud’ puede existir, pero parece estar fuera de nuestro planeta   

Mark y Scott Kelly científicos de la NASA estudian la evolución en sus cuerpos. Los gemelos ya no son idénticos, luego de que uno de ellos estuviera en el espacio por un año. Foto: NASA

08/02/2017

De acuerdo con la nueva investigación de la NASA, el astronauta Scott Kelly, que estuvo casi un año viviendo en la Estación Espacial Internacional (EEI) a 400 kilómetros de distancia del planeta, mostró algunos cambios en procesos internos de su cuerpo que indican un retroceso en el envejecimiento.


Kelly tiene un gemelo, Mark, a quien también se le hicieron estudios de ADN durante el periodo que su hermano estuvo orbitando la Tierra para comparar la diferencia en la evolución de sus cuerpos a lo largo de los 340 días que duró la misión a la EEI.

Las  diferencias
Como gemelos idénticos, Scott y Mark son muy similares genéticamente; sin embargo, los investigadores han encontrado que mientras Scott estaba en órbita sus telómeros (los extremos de los cromosomas) crecieron hasta alcanzar una longitud mayor que los de su hermano y, aunque recuperaron su tamaño original poco tiempo después de volver a la Tierra, el hallazgo es completamente inesperado.


Los telómeros tienden a acortarse de forma natural a medida que envejecemos, y se suponía que los rigores del espacio debían acelerar este decrecimiento. “Es exactamente lo opuesto a lo que esperábamos”, explica la bióloga experta en radiación Susan Bailey, citada por el portal Gizmodo.


Otro misterio de los resultados tiene que ver con la metilación del ADN, un proceso por el que se añaden grupos metilo a las moléculas de ADN para controlar la transcripción génica. Los investigadores han descubierto que este proceso se redujo en Scott durante su estancia en órbita, pero se aceleró en Mark en el mismo periodo de tiempo.


Estos cambios, cuyos resultados finales se conocerán en dos años, se pueden atribuir a las condiciones duras de vivir en el espacio, que incluyen una dieta basada en productos deshidratados, cambios en los patrones de sueño, exposición a microgravedad, entre otros.


Conocer cómo afectan en el cuerpo humano las estancias largas en el espacio es crucial para poder enviar humanos a Marte, en un viaje que duraría siete meses por tramo, uno de los programas más ambiciosos de la NASA para los próximos años 



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