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160 urbanizaciones sin vivientes se apoderan de 22.000 ha


Equivalen a la mitad del área urbana de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Están en los municipios de Porongo, Colpa Bélgica y Portachuelo, aunque todas se venden como Urubó. Solo una parte del pueblo Colinas del Urubó está poblado con 1.500 casas


15/05/2017

Don Alfredito es un hombre viejo que pasó su vida trabajando en estancias entre el río Cuchi, Piraí y Güendá. Largo y afilado, maneja la camioneta como quien va a caballo. No importa si no hay camino, él hace la huella y sortea los yomomos con ayuda de la doble. “Si de verdad quiere recorrer todo esto, necesita dos días. Llevamos cuatro horas manejando y todavía no repito huella”, dice.

Estamos en La gran ciudad del Urubó, la urbanización del Grupo La Fuente que ha asfaltado miles de hectáreas en los municipios de Colpa Bélgica y Portachuelo. Su club house está a más de 30 kilómetros del puente Foianini, pero esta zona, por más que no esté en Porongo, se ofrece como Urubó. Hay un puñado de casas que se sortean entre los posibles compradores que visitan el emprendimiento, pero nadie vive aquí. La urbanización está hecha, las calles están abiertas y los postes de luz que sustituyen a los árboles caídos ya cuentan con tendido eléctrico, pero los únicos seres vivos que deambulan por las dunas erosionadas por el viento son caballos que ya no tienen jinetes y posibles compradores, que son acarreados en micros y que inspeccionan lotes que pueden pagar a Bs 9 por día, pero que colindan con una llanura inundadiza en tiempos de lluvia.

Cuando se le consultó a la Gobernación si esta urbanización tenía licencia ambiental, la respuesta fue no. Solo cuenta con aprobación del municipio de Colpa Bélgica, pero no de Portachuelo. Eso dicen dos concejales. El miércoles, a través de su enlace de prensa, se le envió un cuestionario a Julio Novillo. También se lo buscó por teléfono hasta el viernes, pero no contestó. Indicaron estaba fuera del país.

Escuche: 

La gran ciudad del Urubó es la más grande, pero es apenas una de las 163 urbanizaciones que se siembran en 22.000 hectáreas en eso que los desarrolladores llaman ‘Urubó’, pero que en realidad abarca desde Porongo, en el sur de Santa Cruz de la Sierra, hasta Portachuelo, muy al norte de la urbe, casi a 80 kilómetros sobre la carretera a Cochabamba. Solo 13 cuentan con licencia ambiental librada por la Gobernación y más de 60 no tienen ni siquiera permiso del municipio en el que desarrollan sus proyectos. Es más, en toda esa extensión equivalente a la mitad de la mancha urbana de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, solo habitan 7.500 almas que se acomodan en el pueblo Colinas del Urubó, un área urbana homologada en los 90.

Ahora, la secretaria de Medio Ambiente de la Gobernación, Cinthia Asín, ha ordenado una auditoría ambiental para conocer cómo las antiguas zonas ganaderas y de producción de caña y arroz se convirtieron en urbanizaciones desiertas. También instruyó una pausa administrativa en la zona de recarga hídrica de Porongo, donde el agua corre por debajo de la tierra a razón de 1.000 litros por segundo y puede dar de beber a unas 800.000 personas. 

Puedes leer: Álvaro Fernández: “El Urubó ha crecido sin control ni planificación”

Desorden poco efectivo

Claudia Canedo, docente investigadora de la Facultad de Arquitectura de la UPSA, explica que el paradigma latinoamericano de ciudad eficiente es aquel que tiene 100 habitantes por hectárea. Sentada en su escritorio de profesora universitaria, ofrece café recién colado y desgrana datos. Estima que hasta el cuarto anillo de Santa Cruz de la Sierra hay una densidad de 70 habitantes por hectárea, pero si se saca un coeficiente de las 40.000 hectáreas de mancha urbana, el promedio baja a 31.

Cuando se cruza el río, el índice se desmorona. “En Porongo hay una densidad de medio habitante por hectárea urbanizada. Es decir, una persona por cada dos hectáreas”, dice y alza la voz en la última oración.

En los últimos años, Canedo, la UPSA y sus estudiantes se han dado a la tarea de medir el crecimiento de la mancha metropolitana de Santa Cruz de la Sierra. Al otro lado del río, en Porongo, ya contaron 7.800 hectáreas de urbanizaciones. Otras 11.000 se suman en Colpa Bélgica y 3.200 en Portachuelo. “Ni reproduciéndonos como conejos vamos a poblar todo eso”, augura. 

Según los cálculos de crecimiento poblacional de Canedo, en 2035 el área metropolitana tendrá 4.000.000 de habitantes. Si esta ciudad fuera eficiente, esa cantidad cabría en la actual mancha urbana de Santa Cruz de la Sierra y otros 2,2 millones de personas se podrían acomodar en las 22.000 hectáreas hoy despobladas en Porongo, Colpa Bélgica y Portachuelo. 

Al margen del área urbana

“El Urubó es la zona más apetecida por compradores que viven en La Paz y Cochabamba”, dice Alicia Yabeta.

Después de la zona norte la ciudad, el ‘Urubó’ es la zona más apetecida. Yabeta, gerente de Yabeta Group y secretaria general de la Cámara Inmobiliaria de Santa Cruz, explica que si se busca un terreno en las urbanizaciones ‘top’, cerca del puente Foianini, se puede pagar hasta $us 280 por metro cuadrado; en las más populares a orillas de la carretera a Porongo, el precio baja a $us 100. Decenas de kilómetros más allá, en Colpa Bélgica y Portachuelo, el precio oscila entre los $us 25 y 80, dependiendo si el lote está en la llanura inundadiza, en avenida o sobre carretera.

Muchos de los compradores se deberán conformar con una minuta de transferencia y la promesa de que algún día, cuando los municipios homologarán sus manchas urbanas, podrán registrar su flamante propiedad en Derechos Reales.

El martes último venció un plazo para presentar la solicitud de homologación de manchas urbanas y hasta el escritorio de José Zelada, arquitecto encargado de este trámite en el Viceministerio de Autonomías, solo llegó la solicitud de Colpa Bélgica. Porongo y Portachuelo no ingresaron sus trámites. 
“Nos ha dicho que lo que presentamos es más grande que el Urubó —cuenta, orgullosa, Sandra Muñoz, alcaldesa de Colpa Bélgica—, que es tres veces más grande que la de Warnes”.

Muñoz calcula que en su municipio se pueden urbanizar unas 20.000 hectáreas. No importa que lo que gobierna hoy tenga solo 93 y unos 7.000 habitantes. En su jurisdicción ya ha dado permiso a 11 urbanizaciones, aunque aclara que nueve de ellas obtuvieron autorización en la anterior gestión. Su pedido de homologación de área urbana es de 16.000 hectáreas. Especula que en cinco años su municipio tendrá más de 100.000 habitantes, pese a que entre los censos de 2001 y 2012 su población pasó de 6.069 a 6.273 personas.

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Zelada explica por teléfono que antes de conceder la homologación de la mancha urbana de Colpa Bélgica —o de cualquier otro municipio del país—, primero se tendrá que analizar las justificaciones técnicas. 

Según Hugo Siles, viceministro de Autonomías, se ha facilitado el trámite de homologación de área urbana y hoy no debería demorar más de 60 días si tuviera todas las justificaciones técnicas. Esto incluye densificación de la población, que el crecimiento poblacional justifique la demanda de más tierra y que no afecte a tierras productivas. 

Según el documento enviado por Colpa Bélgica para su homologación, de las 16.078 hectáreas de ampliación, 6.274 son de uso intensivo (urbanizaciones ya aprobadas) y de ellas 4.959 hectáreas son de La gran ciudad del Urubó. El resto, 1.315 hectáreas, se distribuyen en otros 10 desarrollos inmobiliarios. Como zona productiva  ha separado 72 hectáreas.

A ello se suman 3.200 hectáreas de la ampliación de Portachuelo. Según la concejala Milixa Antelo, este polígono se aprobó pese a que el Concejo había hecho observaciones dos semanas antes de ser votado por sus colegas. Es una fase de La gran ciudad del Urubó y aunque aún no se ha aprobado el proyecto de urbanización, “ya han derramado su cemento, abierto calles y parcelado lotes”, reniega Antelo. El perímetro de La gran ciudad del Urubó mide 65 kilómetros.

En Porongo, aún no han terminado los detalles técnicos para presentar su homologación de radio urbano. Según Johnny Melgar, asesor del alcalde Julio Carrillo, se han aprobado 103 urbanizaciones en su jurisdicción y no saben de dónde aparecieron otras 49 que registra la Gobernación.

Lotes en el aire

En lo que lleva en el cargo, Cinthia Asín solo ha firmado dos licencias ambientales en estos tres municipios. Sentado frente a ella, en el Centro de Educación Ambiental, el funcionario José Zambrana, explica que, desde mediados de 2015 ya no admitió trámites derivados de municipios como simples parcelamientos para venta de lotes. Era como si los lotes no estuvieran dentro de una urbanización. Se exigió que los empresarios presentaran el proyecto completo, con planes de drenaje, transporte, tratamiento de residuos sólidos, saneamiento básico, alcantarillado y agua potable. Eso provocó que 150 trámites hayan sido devueltos a los desarrolladores.

Cuando se le consulta sobre cómo estas cientos de urbanizaciones asfaltaron calles, construyeron carreteras, desmontaron bosques, desviaron ríos y drenaron humedales sin contar con una licencia ambiental, Asín explica que sus funcionarios no son omnipresentes, que trabajan en base a denuncias municipales. Aseguró que la auditoría cuestionará el trabajo de la Gobernación. 

Asín asegura que decidieron aplicar una pausa administrativa sobre las 18.000 hectáreas de la zona de recarga hídrica de las Pampas del Cuyabo, en Porongo, luego de conocer oficialmente un estudio de Saguapac, que delimita la zona y la considera estratégica para dotar de agua potable a las 500.000 personas que se esperaba que poblarían el Urubó hasta 2025. La cooperativa de agua en 2012  planteaba inversiones por más de $us 200 millones, un monto que el presupuesto de Porongo no podía cubrir. Además, calculaba que la oferta de agua se equilibraría con la demanda de la población en 2030.

Asín asegura que esa oferta es la que se intenta preservar con esta medida. Eso llevará a replantear proyectos de megalagunas. Las dos que ya habían obtenido su licencia ambiental tendrán que replantearse y solo se le permitirá extraer agua de pozo, si no, se pone en riesgo el consumo humano. 
  Mientras el cemento aflora a su alrededor, Gabriela Barrancos cada vez tiene menos vecinos en la comunidad Chata, cerca del río Güendá, en Portachuelo. Ella cuenta que, sin estancias dónde trabajar, los jóvenes comenzaron a irse a la ciudad y poco a poco se fueron llevando a sus viejos. Por el momento, las urbanizaciones desiertas no han creado trabajo. A seis kilómetros está el centro de Portachuelo, pero acá el silencio solo se rompe con el rugido de los micros cruzando el Güendá y con las aspas de los helicópteros rojos que cortan el viento. Por el aire llegan los compradores de tierra que transforman estancias en urbanizaciones. Por tierra, la gente que sueña con vivir ¡en el Urubó!  



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