7º DÍA

La tasa de fecundidad en mujeres del área rural casi duplican a las citadinas


Hoy se celebra el día internacional dedicado a ellas. Le sacan horas al día para hacer producir la tierra y atender a sus familias. Son felices y no cambian el campo por la vida en la ciudad

Victoria Bosorique Charupá hace canastos fruteros. Su esposo, Saturnino Rojas, la ayuda también en el trabajo

15/10/2017

Empapadas de sudor, con manos fuertes y ásperas, pero con la sonrisa imborrable muestran el sacrificio silencioso que viven a diario las mujeres del área rural, muchas veces para garantizar productos que llegan a las mesas de las grandes ciudades. 

De las 5.132.112 mujeres que registró el Censo de Población y Vivienda en 2012 en Bolivia,  1.603.995 vivían en el área rural. Para el 2017 se estima que 1.641.284 estén asentadas en el campo y para 2030 la cifra aumentará a 1.751.536.

Ellas, lejos de pensar en manicura o pedicura, conviven con la naturaleza y sienten satisfacción de producir la tierra para cosechar plátano, yuca, tomate y cebolla, pero también frutas que consumen y sacan al mercado.

Eso es lo que reflejan los testimonios de mujeres que viven en áreas cercanas a la capital cruceña, pero que también muestran la cotidianidad de otras que viven en cada rincón del país. 

A ellas está dedicado este 15 de octubre, que se celebra el Día Internacional de las Mujeres Rurales. Esta fecha fue establecida en la resolución aprobada por la Asamblea General de Naciones  Unidas el 18 de diciembre de 2007.

La Encuesta de Demografía y Salud 2016 del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) señala que aún existen brechas entre las personas que habitan en el área urbana y la rural en cuanto al acceso a servicios básicos, pero  también señala que se han visto mejoras, particularmente en el acceso a la electricidad y al agua potable.  

Tienen más hijos
Victoria Bosorique Charupá (52) vive en la comunidad San José de Potrerito, distante dos kilómetros de Porongo. Hace canastos fruteros que comercializa en Bs 80 y que también utiliza para trasladar sus productos a la capital cruceña.  Es madre de 12 hijos (seis mujeres y seis hombres). Su abuela la asistió en casi todos sus partos, solo en el último acudió al centro médico.    

Su jornada normal arranca a las 5:00, porque debe preparar los bejucos y el chuchío para hacer los canastos. Combina su tiempo con  la siembra y cosecha de productos de su chaco. En época de achachairú se levanta a las 2:00, porque tiene que cargar la movilidad para llegar a las 3:30 al mercado Abasto para ganar espacio. “En el campo por lo menos uno puede resistir sembrando y se obtienen los productos de la cosecha, en cambio en la ciudad hay que comprar de todo, desde una yuca hasta la cebolla”, señala.

La última encuesta de Demografía y Salud registra que las diferencias de las tasas de fecundidad entre el área urbana y rural son acentuadas, en el campo se tiene más hijos. En la ciudad se encuentra cada vez más próxima al umbral de reemplazo (dos hijos), mientras que el área rural casi lo duplica.

Para la región de Latinoamérica y el Caribe, la Tasa Global de Fecundidad promedio estimada para el periodo 2015-2020 es de dos hijos por mujer en edad reproductiva, mientras que en África Occidental y Central alcanza a los 5,2 hijos (Unfpa, 2016). En el área rural, la práctica de la lactancia materna exclusiva tiene una mayor prevalencia que en el área urbana, el porcentaje llega al 71%. 

El apego no se pierde
Patricia Soria Guareza (30) es de Espejillos, pero radica en comunidad La Esmeralda, ubicada cerca de Porongo. Tiene tres hijos, la mayor es una adolescente de 16 años. Su jornada comienza a las 5:00, porque lleva a su hijo hasta la orilla del río, donde tiene que cruzar para asistir a la escuela en el municipio La Guardia; el mismo recorrido hace por la tarde con la otra hija. Su esposo es agricultor en Espejillos. Es casera, pero le gusta sembrar, por eso tiene su huerto y está preparando la tierra para sembrar yuca. Vivió en la ciudad, pero no le gustó. “El campo es más tranquilo porque en la ciudad uno no sabe si va a llegar a la casa o si va a llegar con plata; en cambio acá soy libre, no hay maleantes”, comenta.

Maura Rosales (74)  cruza el río Piraí, por lo menos dos veces a la semana, desde La Guardia y camina dos horas para llegar, a paso lento, hasta su chaco. Dice que solo le queda una extensión de dos tareas, pero no quiere ni pensar en vender. Ella es de Minero (al norte de Santa Cruz) y estudió hasta tercero básico y tuvo 11 hijos.

Marisela Cuéllar (24) vive en la comunidad Espejos, por El Torno. Tiene dos hijos, la mayor de nueve años. Estuvo un tiempo en Chile, pero volvió a su tierra e instaló su negocio; hornea pan, que es muy requerido. También tiene chaco. “Me gusta esto, porque me he criado en el campo”, señala.

Una historia ganadora

Una emprendedora boliviana ganó el concurso regional que fue parte de la campaña de comunicación liderada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para dar cuenta del rol fundamental de las mujeres rurales hacia el desarrollo sostenible. El concurso recibió 244 relatos de vida de mujeres rurales y experiencias de empoderamiento comunitario de 18 países de América Latina y el Caribe.

En la categoría de relatos de vida resultó ganadora Remedios Pinto, que nació en Yungas, que para sacar adelante a su familia apostó todo y fundó una empresa de transformación y elaboración de chocolate artesanal. 

Los primeros lugares de las dos categorías del concurso serán premiados en la Reunión Especializada de la Agricultura Familiar del Mercosur, a realizarse a inicios de diciembre en Brasil.

Hay leyes que las protegen

La secretaria municipal de Desarrollo Social, María Rosa Valencia, resalta que el Código Niño, Niña y Adolescente y  la Ley Integral para Garantizar a las Mujeres una Vida Libre de Violencia establece que los gobiernos municipales deben invertir recursos de Participación Popular para hacer funcionar servicios públicos y permanentes. “La población tiene derecho a tener sus servicios legales integrales, sus defensorías y unidad de víctimas especiales”. Muchos se benefician de los servicios que hay en la ciudad, porque en sus municipios todavía no tienen bien fortalecida estas áreas, pese a que la atención a las mujeres involucra a todos los niveles de gobiernos y a sectores de la sociedad civil.

Sonia Vincenti de Costas, directora de Coordinación Social de la Gobernación, que trabaja de forma voluntaria, pero llega a las provincias con cursos de capacitación, como cocina, repostería, manualidades, reciclado, sin que le asignen recursos, también sirve de nexo con la Gobernación, que tiene una  repartición de género. “Siento que la pobreza en el área rural es mucho más llevadera que en la ciudad. La mujer está con sus hijos, siembra y se puede ayudar mucho más”, remarcó.

Lupita Limón, gerenta departamental de Pro Mujer, señala que trabajan en capacitación, salud y crédito, y llegan al área rural en  San Ignacio, Puerto Suárez, Camiri, San Julián, Montero y Concepción, pero también en comunidades aledañas a la ciudad capital, donde las mujeres buscan crecer. Trabajan con 33.000 mujeres en Santa Cruz y 120.000 en el país, y les facilitan controles médicos, como el papanicolau. Esto les ha permitido detectar en etapa temprana el cáncer de cuello uterino. 



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