7º DÍA

La fractura de Occidente, el nuevo desorden mundial


Un análisis acerca del equilibrio de fuerzas en el mundo. El autor plantea que Xi Jinping se vuelve más poderoso, mientras que EEUU cede espacio con Trump

El autor plantea que asistimos al final del momento ‘unipolar’ y el de la globalización liderada por EEUU

07/01/2018

Hemos llegado al final de un periodo económico, el de la globalización liderada por Occidente, y de uno geopolítico: el ‘momento unipolar’ posterior a la Guerra Fría. La pregunta era si el mundo experimentaría una desintegración del orden liberal creado por EEUU posteriormente a la Segunda Guerra Mundial para caer en la desglobalización y en el conflicto, o si habría un resurgimiento de la cooperación. A un año del Gobierno de Donald Trump, una desintegración parece aún más probable.

La experiencia ha recalcado el particular carácter de la Presidencia de Trump. Diariamente, él viola el comportamiento y las actitudes que el mundo espera de un presidente de EEUU. Pero la explotación de su cargo a favor de su beneficio personal, la indiferencia ante la verdad, y el asalto a las instituciones de una república gobernada por la ley son exactamente lo que deberíamos haber anticipado. Una democracia liberal solo sobrevive si los participantes reconocen la legitimidad de otros participantes. Un líder que apela a sus funcionarios para que enjuicien a antiguos oponentes es un aspirante a dictador, no un demócrata.

El carácter es una cosa; las acciones son algo completamente diferente. Hasta ahora, Trump ha gobernado principalmente como un ‘plutopopulista’ republicano tradicional, creando políticas para el beneficio de la plutocracia y diseminando retórica dirigida a su iracunda base. Sin embargo, sus características aún están por verse en su actitud consistentemente mercenaria hacia las alianzas estadounidenses y en las opiniones acerca del comercio restringidamente mercantilista.

La Presidencia de Trump ha debilitado la causa de la democracia liberal (una democracia basada en un Estado de derecho neutral). En los antiguos países comunistas de Europa del Este, el estilo de dictadura plebiscitaria, característica de la Rusia de Vladimir Putin, seduce a los admiradores y alienta a los imitadores. La estrecha victoria de Tayyip Recep Erdogan en el referéndum sobre el poder presidencial impulsó a Turquía aún más hacia esta dirección.

Sin embargo, el referéndum del brexit de 2016 en el Reino Unido no ha atraído, hasta ahora, a los imitadores dentro de la Unión Europea (UE). En Francia, Emmanuel Macron detuvo la marea populista y xenófoba. Pero las elecciones alemanas han debilitado la capacidad del país para coordinar acciones con Macron, mientras que los próximos comicios en Italia pudieran ser perjudiciales para la eurozona.

Pudiera decirse que el más importante de todos los acontecimientos políticos de 2017 sucedió en China. Allí, Xi Jinping aparentemente ha establecido la supremacía sobre el Partido Comunista, y ha reforzado la supremacía del partido sobre el Estado y la del Estado sobre el pueblo chino. 

De los hombres fuertes del mundo, él ha emergido como el más fuerte de todos; el líder de una creciente superpotencia. En 2017, entonces, la autocracia estaba en aumento. La ‘recesión democrática’ sigue.

¿Qué, mientras tanto, le ha pasado a la cooperación global? Aquí también vimos significativos desarrollos. Unos fueron la decisión de Trump de retirarse del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés), en el cual los aliados estadounidenses, particularmente Japón, habían invertido tanto, y la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan). Otro fue la decisión de la administración de retirarse del Acuerdo de París sobre el cambio climático.

En la dirección opuesta se encontraba el retórico intento deXi de retomar el manto de la globalización. En conjunto, las fuerzas en contra de la cooperación progresaron el año pasado, al igual que aquellas que estaban en contra de la democracia. Eso no es sorprendente cuando el país líder del mundo tiene un presidente que considera el conflicto como la norma.

Estos desarrollos tienen que contraponerse a tendencias a más largo plazo. Y, lo que es aún más importante, la posición de los actuales países de altos ingresos, aunque todavía enormemente poderosos, está en un relativo declive. El gasto militar de China está aumentando marcadamente, en relación con el de EEUU, a pesar de que se mantiene en solo el 2% del PIB. La participación de los países de altos ingresos en la producción mundial ha disminuido en cerca de 20 puntos porcentuales desde el comienzo del siglo, a precios de mercado, y su participación en el comercio mundial de mercancías ha disminuido en 17 puntos porcentuales.

A continuación expongo algunas de las implicaciones.

La primera es que estos desarrollos políticos fracturaron a Occidente como entidad ideológicamente coherente. La estrecha cooperación entre los países de altos ingresos era, en gran medida, una creación de la voluntad y del poder de EEUU. El centro de ese poder actualmente repudia los valores y la percepción de los intereses que sustentaron esta idea. Eso cambia casi todo.

La segunda implicación es que los modernos ideales occidentales de democracia y de mercados globales liberales han perdido prestigio y atractivo, no solo en los países emergentes y en los en desarrollo, sino también en las naciones de altos ingresos. Si bien ningún sistema económico alternativo ha surgido triunfante, el atractivo de los populistas xenófobos y de los gobernantes autoritarios ha aumentado.

La tercera implicación es que gestionar la economía mundial, los bienes comunes globales (especialmente el clima) y las cuestiones de seguridad, exige la cooperación entre los países de ingresos altos y los emergentes, sobre todo China. Los viejos tiempos de una dominación por parte de los principales países de altos ingresos han llegado a su fin. Asegurar una cooperación entre países tan diversos es extremadamente difícil.

En último lugar se encuentra el hecho de que existe un riesgo real de conflicto entre EEUU y China. Los optimistas argumentarán (con razón) que la interdependencia económica y las armas nucleares hacen que la guerra sea una locura. 

Los pesimistas responderán que la humanidad tiene una enorme capacidad para encontrarse en medio del desastre. Tal vez los generales que rodean a Trump fracasarán en mantenerlo bajo control. Tal vez ellos incluso promoverán una ruinosa guerra en contra de Corea del Norte.



 




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