ENTREVISTA

Gloria Ardaya: “Intereses mezquinos no nos arrebatarán la democracia”


Durante el último año emergieron plataformas, conformadas en su mayoría por jóvenes, que plantean la lucha por el respeto a la democracia. Gloria Ardaya fue una luchadora hace 40 años. Desde esa perspectiva, habla de la Bolivia de hoy

Es socióloga y está de visita en Santa Cruz, lugar donde nació. Resistió la dictadura en el país durante los 70 y 80
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01/01/2018

En las décadas de los 70 y 80 Bolivia no tenía democracia plena, vivía de golpe en golpe y gobernada por dictaduras que restringían las libertades básicas del ciudadano. En 1980 irrumpió Luis García Meza en el poder y estableció un gobierno de facto muy duro, con muchos desaparecidos, torturados y exiliados. El 15 de enero de 1981, la dirección del Movimiento de Izquierda Revolucionaria estaba analizando cómo resistir medidas económicas muy duras que habían sido dictadas por este mandatario.

Ya para entonces, su ministro del Interior, Luis Arce Gómez, había lanzado la amenaza de que quien se opusiera debía andar con el testamento bajo el brazo. Aquel 15 de enero, la reunión clandestina de jóvenes dirigentes miristas fue intervenida por un grupo de paramilitares, al mando de una mujer. Sin piedad, los sicarios dispararon a quemarropa y asesinaron a los que hacían resistencia y luchaban por la democracia. La única sobreviviente fue Gloria Ardaya, que entonces tenía 29 años y que se salvó de una de las más cruentas matanzas de la dictadura.  

Ahora, en Bolivia se vuelve a hablar de pelear por la democracia y por eso la invitamos para hablar de las luchas que tuvo el país para que los ciudadanos gocen de todos los derechos. Tiene una mirada política y puede observar a Bolivia con la distancia de estar yendo y viniendo, ya que parte del año permanece en Ecuador. 

Quienes tienen 40 años o menos no recuerdan los tiempos de la dictadura, ¿cómo era vivir bajo un régimen de facto? 
Hay una frase que todos conocen. La dijo el exministro del Interior(Luis) Arce Gómez, que quienes intentáramos hacer una lucha contra la dictadura debíamos ir con el testamento bajo el brazo. Esa frase resume lo que fue vivir durante años en dictadura (desde 1964 hasta 1982), cuando en definitiva se da la instauración de la democracia y se permite que los bolivianos vivamos la etapa más larga de la historia de vigencia de este sistema de Gobierno. Eso es un mérito. Pero en todos esos tiempos de dictadura, es bueno recordar la persistente lucha de todos los bolivianos por reconquistar libertades democráticas, por reconquistar la autonomía universitaria, la libertad de prensa y la participación ciudadana. La transición a la democracia ocurrió porque se dieron varios factores a la vez.

Quisiera hacer un homenaje a cuatro mujeres que hace 40 años, en el periodo entre Navidad y Año Nuevo, iniciaron una huelga de hambre por la amnistía general irrestricta para que vuelvan los exiliados. Eran cuatro esposas de trabajadores mineros que pedían libertad irrestricta de todos los presos políticos, el retorno de todos los exiliados y la vigencia de todas las libertades políticas y sindicales.

40 años no es mucho, pero en nuestra memoria larga constituye un hito muy significativo. Si bien fue significativa la lucha de los trabajadores mineros, de la COB, de los trabajadores campesinos, estas cuatro mujeres hicieron esta huelga, que después desató un  proceso nacional e internacional que puso en agenda la recuperación de la democracia. A partir de eso se desata una reivindicación que había estado latente, pero no con tanta visibilidad y se da lugar a que gobiernos y organizaciones internacionales comiencen a demandar elecciones.

Ya en 1978, meses después de la huelga, (Hugo) Banzer se ve obligado a convocar elecciones, obviamente eran amañadas porque quería que ganara su candidato, pero quedan deslegitimadas, a escala nacional e internacional, por el fraude que se da en todos los ámbitos. El pueblo boliviano, a través de sus organizaciones, vigiló esos comicios y demostró el fraude. Entonces se produjo la renuncia de Banzer.

Tras él ocurrieron más golpes de Estado, hasta que sube (David) Padilla, quien lograr convocar a elecciones en 1979, y permite conducir a Bolivia hacia la democracia. Finalmente, ese proceso lleva a que Bolivia recupere la democracia en 1982.

 ¿Cómo era la dictadura para un ciudadano común?
Excepto algunos pocos, los partidos políticos estaban proscritos, los sindicatos no tenían vigencia plena y tampoco las organizaciones sociales. Las dictaduras dictaban toque de queda cuando consideraban conveniente.

No había derecho a la libertad de expresión y tampoco a la libre circulación, ya que para viajar dentro del país debíamos sacar salvoconducto. Teníamos ausencia de transparencia, las dictaduras podían hacer cualquier cosa sin ningún control social y sin ningún control institucional. Sobre eso no se podía opinar. El Ejército era el que acaparaba los recursos públicos y la inversión extranjera. Había una gran corrupción.


¿Cuántos años tenía usted en el golpe de García Meza? 
Yo tenía 29 años. 

Usted era joven y seguramente había gente más joven en esa lucha por la democracia.  

En ese momento, la demanda por la democracia era nacional y atravesaba territorios, edades, clases sociales e inclusive diferencias étnicas. Logramos – y esa fue una tarea de la UDP y del MIR de ese momento- posicionar el anhelo de democracia en la agenda nacional.

 Si Arce Gómez hablaba de andar con el testamento bajo el brazo, el precio de hacer resistencia a la dictadura era alto y podía costar la vida.

 


¿Cuál era la motivación para arriesgar tanto?
El interés nacional y el compromiso por el país. Buscábamos mejores días para Bolivia. Entonces, a diferencia de este momento, había partidos políticos muy fuertes. Aquí yo quiero reivindicar algo que se ha intentado destruir por todos los medios, que es a los partidos políticos, que eran los actores centrales en la transición a la democracia. Nosotros éramos los militantes.

Había una conducción política, había un compromiso político. En el caso del MIR, por ejemplo, la dirección del partido tenía que estar en el país, no aceptábamos directrices desde fuera de Bolivia. Eran partidos fuertes que comenzaron la democratización del país.

 

Usted estaba en Bolivia antes del 21-F y anticipaba la victoria del No en el referéndum constitucional, pero ahora hay una sentencia constitucional que lo habilita de todas maneras a una repostulación de Evo Morales… 
Y va a volver a perder.

 ¿Cómo ve ahora el escenario político? 
La Presidencia de (Evo) Morales ha tenido varias etapas. En 2016 empezó un proceso de inflexión. Ya no convocaba a la sociedad. En ese momento yo sostenía que el No ganaría, porque ya había signos de deterioro muy grande de la gobernabilidad, la economía mostraba signos de letargo y se notaba que la sociedad comenzaba a estar cansada y empezaba a reorganizarse.

Lo que hizo Morales en los primeros 10 años fue estatizar a la sociedad, capturar a las organizaciones sociales. Pongo de ejemplo la Cidob, que era un patrimonio para nosotros; sin embargo, hicieron lo imposible por cooptarla, sobornarla y dividirla, en una lógica de: “O estás conmigo o te destruyo”. Lo mismo ha pasado con las otras organizaciones, con esto del Fondo Indígena, por ejemplo.

Sostengo que incluso la ganancia del No a la repostulación fue mayor de lo que se asume, fue un éxito importante porque a pesar de que el consumismo aplastó a la ciudadanía (por la abundancia de recursos económicos y porque se apropió de las conductas cotidianas), el 21-F se dio una muestra de que pese a la bonanza hay un derecho ciudadano y hay un país que está por encima del consumismo.

 Si bien usted dice que hay menos legitimidad para el Gobierno, en los hechos se ve que hay acciones que avanzan hacia el logro de la reelección de Evo Morales y se ha podido ver más dureza con relación a las protestas. 

La judicialización de la política, la criminalización de la protesta social no es reciente, comenzó con este Gobierno. Hay hechos que lo demuestran. ¿Qué con lo que pasó en Pando, lo que pasó en Santa Cruz o Cochabamba? Podemos ver un conjunto de protestas que han sido criminalizadas y judicializadas. ¿Cuántos detenidos y exiliados políticos hay?

La criminalización de la protesta fue desde el inicio de este régimen, donde se destruyó el sistema judicial, a partir de las afirmaciones del mismo presidente que en vez de decir Poder Judicial decía “Poder Perjudicial” porque le impedía trabajar de acuerdo a las leyes, o cuando decía: “Le meto nomás”.

Se ha visto que el MAS y el Gobierno aún tienen respaldo. En las últimas elecciones judiciales hubo un voto duro de alrededor del 30%, que es una base importante.

 

 

No es desdeñable, pero ha disminuido. Él tiene un electorado duro que ha sido beneficiado por la prebenda y el soborno, y porque hay gente que aún cree en la palabra presidencial, a pesar de que en el Gobierno se dice una cosa y se hace otra diferente, pero las encuestas muestran que la oposición ganaría si tuviera un candidato único. Pero sí, hay voto duro, constituido por sectores que han sido beneficiados como los de la informalidad e ilegalidad: narcotráfico, contrabando, minería en condiciones ambientales deficitarias. Son sectores que han recibido muchos recursos. 

En una entrevista que usted concedió en 2016 veía una ciudadanía dormida, ¿aún cree que es así? 
La democracia es un proceso en permanente construcción. Los actores que hicieron la transición a la democracia en los 80 son distintos a los que hay ahora. La sociedad ha cambiado. Hay otro actor importante, que son las mujeres, no son millennialls necesariamente. Son actores nuevos, aunque las mujeres siempre hemos estado presentes en las luchas políticas. Son jóvenes socializados con otras condiciones como las nuevas tecnologías, que no tuvieron los niveles de participación política institucional y que son importantes porque también tienen nuevas formas de hacer política.

 



Mi generación lo hacía a través de un partido, estos chicos lo hacen a través de otras formas, como la mundialización de la economía, de la sociedad. Las redes están presentes y son muy bien aprovechadas. La gente no está satisfecha con lo que pasa en el país, no encuentra formas de inserción de acuerdo a sus capacidades profesionales y sus expectativas. Ocurre en toda América Latina. Las mujeres tenemos mejor nivel educativo que hace 30 o 40 años, los jóvenes tienen mejores niveles de formación y es obvio que en democracia se está esperando una mejor integración social a través del mercado de trabajo y la participación política.

 

Al haber partidos fuertes, antes había estructura y organización, ahora no hay y tampoco se la busca. 

Eso es lo que hay. Ahora no podemos revivir la forma de partido político de hace 30 o 40 años. Me parece importante que la participación esté, que sea un hecho. Lo importante es que uno no sea indiferente frente a lo que está pasando en el país.

¿Qué horizonte ve para las plataformas sociales que emergen? 
Yo creo que a través de la democracia hay un horizonte de búsqueda de mejores condiciones de vida, de lucha contra la desigualdad, de mayor participación y de búsqueda de elementos que permitan construir una comunidad política desde el lugar en el que estamos. Eso es importante porque permite visualizar qué queremos de Bolivia, cómo la queremos en el horizonte internacional y cómo hacemos para mejorar la calidad de la democracia. 

¿Usted cree que la indiferencia ya fue? 
Siempre va a estar. Lo importante es que las protestas surgidas por el fallo del Tribunal Constitucional y las elecciones judiciales no se queden ahí, que sigamos alimentando ese fuego de búsqueda de una Bolivia mejor y de respeto a las instituciones, porque no es posible que el presidente y su partido cambien la Constitución a base de sus intereses particulares olvidando el interés general; lo que se quiere es ampliar la democracia, que nos pertenece a todos.

 ¿Y los partidos de la oposición tienen algún rol en todo esto? 
Yo creo que sí. Lo que han hecho estos partidos que existen, aunque débiles, es marcar un rumbo hacia donde queremos ir. No hay que olvidar que denunciaron la corrupción y hacen seguimiento a los poderes del Estado para que estos se rijan mínimamente por las normas, pese a que la Justicia, el Órgano Electoral y el Legislativo están al servicio del Ejecutivo. Por eso es importante la dirección de los partidos y las organizaciones, porque, pese al debilitamiento, existen algunas, como la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, que han hecho todos los esfuerzos por destruirla porque no está al servicio del Gobierno y no pudieron. Lo mismo pasa con otras organizaciones sociales. Lamentablemente no se puede esperar que existan las organizaciones de antaño, con institucionalidad fuerte. Emergen organizaciones que cumplen una función en determinados momentos y que son imprescindibles para salvaguardar la democracia.

Estamos por comenzar un año que ya será electoral, de acuerdo a lo dicho por el presidente; hay preocupación por la situación económica… ¿Usted qué horizonte ve para Bolivia? 
Hay modelos externos que quisieran implantar acá, pero Bolivia es diferente a Venezuela y a otros países. En ese contexto, valoro la capacidad del pueblo boliviano para que las injusticias lo toquen y lo hagan reaccionar. En ese sentido, creo que la democracia es un patrimonio nuestro, que no será arrebatado por intereses mezquinos  de gente que no es demócrata, de gente que se valió del uso de las elecciones, del voto popular, de manera instrumental. Creo que hay gente que no cree en la democracia y menos en sus instituciones, que lo que ha hecho ha sido debilitarlas permanentemente. La tarea que queda es tratar de reconstituir el tejido institucional. Bolivia es más grande que los intereses de unos cuantos y creo que vamos a lograr potenciar la democracia, porque nos interesa a todos. 



 




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