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Enrique García: Se necesita ingresar a la IV Revolución Industrial


Expresidente de la Corporación Andina de Fomento (CAF) cree que Bolivia tiene que invertir en educación, porque es la única forma de enfrentar los nuevos retos. 

Brinda asesoramiento. Además, da clases como profesor visitante en universidades de China, Europa y La Habana

Hace 5 días

El boliviano Enrique García ocupó durante 25 años la presidencia de la Corporación Andina de Fomento (CAF). Entre bromas, lo considera que es un récord mundial. En  su criterio, Bolivia tiene que invertir en la educación para incorporarse a la cuarta revolución industrial, que es la innovación tecnológica. Destaca los cambios que ha experimentado el país, pero los considera insuficientes. Asegura que Bolivia no está en crisis, sino en desaceleración económica, y recomienda mejorar la productividad.

¿Cuáles son las señales económicas que emite Bolivia en el contexto latinoamericano?
En un contexto que ha cambiado en América Latina y después de la etapa de cierta bonanza que hubo, especialmente a inicios de este milenio, hemos tenido una baja en los indicadores económicos en los últimos tres años, principalmente los referidos a crecimiento. La región ha tenido en los últimos dos años un crecimiento marginalmente negativo o marginalmente positivo, obviamente eso es diferente a lo que pasaba años atrás, cuando el promedio de la región era del 4,5%. Como todo promedio eso engaña, porque en esa cifra negativa y marginalmente positiva pesan tres economías: Argentina, Brasil y Venezuela. Sin embargo, es necesario recalcar que la región ha tenido una baja, pero no es una crisis. Hay que reconocer que Bolivia es uno de los países que se ha mantenido por encima del 4%; se puede debatir si es el 4,5 o el 5%, pero en comparación con la región es uno de los países que ha tenido consistencia en los últimos años y eso es positivo.

¿A qué se debe que estamos en desaceleración y no en crisis?
Es la mezcla de varios factores; el primero es que la mayoría de los países de la región ha tenido manejos macroeconómicos adecuados y eso debido a la experiencia negativa anterior, especialmente en los años 70 y 80, cuando hubo la crisis de valores, situación que provocó hiperinflación en varios países. Bolivia no fue la excepción y eso hizo que el impacto de una gran inflación, como la que tuvo Perú y Argentina, golpeara fuerte a la gente, porque al final de cuentas los ciudadanos son los que pagan la cuenta. Esa situación forzó que desde la segunda parte de los 80 los países adoptaran los marcos de políticas macroeconómicas que establecen, como principio fundamental, que la estabilidad macroeconómica es algo fundamental; sin eso se entra en problemas. 

¿La crisis en los países vecinos impactará en algún momento en Bolivia?
Obviamente ha impactado, en general, a todos los países. Brasil ha tenido una etapa compleja en los últimos años, pero está en proceso de recuperación económica, igual que Argentina; el único caso delicado, que es serio, es el de Venezuela, pero no habrá un impacto directo en Bolivia.

El impacto más grande en Bolivia no es el que tiene la economía mundial. Escucho con frecuencia que Bolivia está en crisis, pero no está en crisis, evidentemente ha disminuido su crecimiento y los equilibrios macroeconómicos han tenido, digamos, un deterioro. El nivel de reservas internacionales es altísimo, es decir, Bolivia tiene las reservas más altas y las tiene precisamente por el impacto de lo que fue la bonanza de los precios de los commodities. ¿Qué significa hacia futuro?, significa que Bolivia, al igual que los otros países que no están en crisis, en el sentido estricto de la palabra, y que tienen espacios para hacer reformas, vayan a un proceso de ajustar el modelo económico, que no sea tan vulnerable a los precios de los commodities, eso significa muchas cosas.  

La desaceleración económica es atribuida a la caída de los precios del petróleo. ¿Cree que un modelo agroempresarial pueda suplir la baja de los ingresos de los hidrocarburos? 
No. Creo que evidentemente un modelo agroindustrial que sea eficiente y competitivo es un factor positivo, pero no basta eso; es decir, Bolivia, al igual que los otros países, tienen que ir a una transformación; en un modelo más tradicional, cuando hay precios altos, todos están felices, después se va abajo.

La tecnología, la inversión extranjera directa y de buena calidad y la inserción en los mercados internacionales son factores fundamentales, pero eso no se hace automáticamente, sino que se construye con una estrategia de desarrollo consensuada entre todos los actores de un país. Los gobiernos, el sector público, los privados, el sector laboral y las regiones tienen que ponerse de acuerdo en los objetivos centrales, que no se logran en el corto plazo, sino que tienen una dinámica que demora varios años.   

¿Y qué papel juega Santa Cruz en esto?
Santa Cruz, evidentemente, es una región con un dinamismo espectacular y tiene condiciones muy especiales, pero hay que hacer el esfuerzo de tener más y mejor inversión, aumentar la productividad y pensar en una cosa que es clave: la transparencia como instrumento fundamental en la vida pública y privada. 
 Después de la bonanza, ¿usted cree que nuestros países han mejorado en la innovación?
Siempre hay mejoras, pero es evidente que la región no aceleró los cambios pensando que esta bonanza era eterna. Ahora, la buena noticia es que como no estamos en una crisis equivalente a la que se tuvo en los años 80, es un momento en el que se puede cambiar la plataforma y para eso hay que ponerse de acuerdo.

¿Por qué nuestros políticos no evolucionan? 
Eso habría que preguntarles a los políticos, pero creo que lo importante es que los líderes que son de la política, de la empresa, del sector laboral tienen que trabajar a conciencia. Esto no es solo en Bolivia, es un tema general; los temas fundamentales para establecer un modelo de desarrollo que sea de calidad, apto, sostenible y que llegue a la gente requiere de tiempo, no se hace en un año o dos años y no puede basarse en los ciclos electorales. 

¿Qué modelo se debería aplicar? 
El siglo XXI se caracteriza por lo que se denomina la cuarta revolución industrial, donde la tecnología, la innovación, las cadenas productivas y de comercio son los que venden, y para eso se tiene que tener el recurso humano capacitado. Le tengo mucho cariño a las profesiones como la mía, economistas, abogados y administradores, pero se necesita gente de niveles intermedios que esté adecuada a la tecnología, a la innovación y esa formación se nota, por ejemplo, en los países asiáticos. Bolivia está lejos de esta cuarta revolución.   

¿Cuál es la diferencia en la educación entre los países asiáticos y Bolivia?
La diferencia fundamental es que tienen planes a largo plazo y que han puesto su foco en temas críticos. Un buen ejemplo es Corea (del Sur), que ha apostado por la infraestructura, la educación, las instituciones, la innovación y la atracción de inversión extranjera. Esto último es necesario, pero el ahorro interno es muy importante y muchas veces en nuestros países no nos damos cuenta. La capacidad del ahorro que tiene América Latina y, en particular,  Bolivia, es muy baja, es de un 20% del Producto Interno Bruto, cuando para poder crecer hay que mantener una tasa sostenible y sistemática de crecimiento y se tiene que invertir, por lo menos, el 27% del PIB. ¿Qué quiere decir esto?, que hay una brecha que tiene que venir, necesariamente, del ahorro externo, que son los préstamos de los organismos multilaterales (del BID, la CAF, el Banco Mundial), pero eso no es lo más grande; lo principal es la inversión extranjera. 

¿Cuál es la importancia de la inversión extranjera?
Los países que más han avanzado supieron captar una buena inversión extranjera y esto no es una cuestión de ideología. Por ejemplo, ¿cómo es que China se ha transformado de una economía rural a la potencia económica que es actualmente? Porque tuvo una política para restablecer la captación extranjera, al margen del discurso político; se trajo a las principales empresas estadounidenses, alemanas, japonesas y aprendieron a trabajar. Lo que tiene que aprender la región, incluyendo a Bolivia, es tener una muy buena política de atracción de inversión extranjera.

Santa Cruz figura entre las 30 ciudades de América con clima favorable para hacer negocios, ¿qué necesita para estar entre las 10 primeras?
No solo está en las manos de Santa Cruz, sino está en manos de las políticas que tenga el país, por ejemplo, con reglas de juego claras, con posibilidades de infraestructura apropiada y que tenga una percepción de que las reglas de juego no van a cambiar. Obviamente, Santa Cruz tiene condiciones importantes y eso puede ser una base para el desarrollo, no solo de los sectores más tradicionales, sino precisamente sobre la base de una agroindustria más modernizada, sobre la base de innovar en tecnología y en otros temas, pero no lo puede hacer solo.

La CAF otorgó créditos al país para impulsar la infraestructura, ¿ha visto avances en ese aspecto?
No hay duda de que en infraestructura el país ha mejorado muchísimo, pero eso no es suficiente. El futuro de la infraestructura no está solo en la inversión pública, se necesita la participación privada con mecanismos de movilización del ahorro, tanto de los fondos de pensiones como de las compañías de seguros y la atracción de recursos de afuera. Hay modelos interesantes que se están haciendo; por ejemplo, la CAF apoyó en Colombia y en Uruguay con la atracción de recursos para combinar el esfuerzo público con el privado en iniciativas que fortalezcan la infraestructura. En Latinoamérica estamos atrasados porque estamos invirtiendo el 3% del PIB en infraestructura cuando debería ser, por lo menos, el doble. Creo que se debe tomar conciencia de que es indispensable un diálogo entre los sectores al margen de las diferencias ideológicas o políticas que puedan existir; hay temas en los que no se lograrán acuerdos, pero se tienen que establecer prioridades en lo que respecta a la educación y en cómo llevar adelante las inversiones.

Durante los 25 años que estuvo al frente de la CAF fueron concedidos más de $us 150.000 millones en créditos a los países de la región, ¿esos recursos fueron bien invertidos? 
En general, creo que el resultado no se mide a los dos o tres años, sino a los 15 o 20 años. Habrá que revisar si en esos países aumentó el tráfico, si mejoró la atención a los sectores que estuvieron marginados de la economía y si hubo desarrollo en la industria. Esos son los parámetros generales y eso no se aplica solo en la CAF, sino también en el Banco Mundial, en el Banco Interamericano de Desarrollo y otros. Diría que en estos 25 años hemos tratado de impulsar la integralidad en los proyectos.

Después de muchos años de vivir fuera del país, ¿cómo ve a Bolivia?
El país ha mejorado, ha cambiado muchísimo y se nota que hay progresos. Hay crecimiento económico, ha existido estabilidad e inclusión social que son elementos muy importantes. También observo que las diferencias entre oriente y occidente, que eran tremendas, han disminuido y hay más entendimiento. La Bolivia de hoy es diferente, pero no hay que sobreestimar porque seguimos siendo uno de los países con los ingresos más bajos de América Latina y para equipararnos con los países más avanzados de la región tendría que crecer a un promedio del 6% durante 25 años y que los otros no crezcan, pero creo que hay que mantener una actitud positiva.

¿Se queda a vivir en Bolivia?
Sí, tengo residencia en La Paz.

Algunos consideran que usted sería un buen presidente del país, ¿esa posibilidad está en sus planes?
No, tengo el convencimiento absoluto de que puedo aportar y ser más efectivo con el desarrollo de América Latina desde la posición que ocupo que desde una posición política.

¿A qué se dedica actualmente?
Tengo diferentes actividades, pero la principal es la presidencia del Consejo de Relaciones Internacionales de América Latina (RIAL), que es una agrupación independiente que dirigía el expresidente de Chile Ricardo Lagos. El propósito de esa institución es tener un mecanismo de diálogo y de estudios para proponer estrategias de relacionamiento de América Latina con Estados Unidos, con Europa y China. También soy copresidente del Consejo Iberoamericano de Productividad y Competitividad, y estoy en asesoramientos. Además, doy clases como profesor visitante en universidades de China, Europa y en La Habana.

¿Cómo lo tratan en Chile?
Bien, porque se impone la empatía para relacionarse con todas las personas. 

Usted se desempeñó durante 25 años ininterrumpidos como presidente de la Corporación Andina de Fomento, ¿qué le falta al boliviano para ocupar cargos importantes?
Hay bolivianos que se destacan en el mundo, pero es importante que se dé la oportunidad y la persona tenga la capacidad de asumir la responsabilidad. También es importante actuar con honestidad, no tener agendas paralelas a la actividad que uno desempeña, sino hay que comprometerse con lo que uno hace.

Supón que yo, como presidente de la CAF, hubiese querido aprovechar el cargo para hacer política en Bolivia, habría sido un error gravísimo porque uno tiene que respetar y saber diferenciar las actividades. Trabajé con muchos presidentes y gobiernos de la región, sin discriminar que eran de izquierda o de derecha, sino que se hacía con absoluta transparencia y de forma correcta. No se puede asumir una posición ideológica en estos cargos.

¿Qué se necesita mejorar en Bolivia de forma prioritaria?
Bolivia deber ser consciente de que se necesita una agenda integral de desarrollo, que compatibilice lo económico, la eficiencia, los principios de equidad e inclusión social, además de equilibrio ambiental, porque es muy importante que se trabaje con los mecanismos para encontrar consensos. Lo más importante es respetar la institucionalidad y tener mucha conciencia sobre los temas medioambientales, que son muy importantes. Cuando uno mira a la bendita (huracán) Irma y a su novio José, que han estado deambulando por el Caribe, nos damos cuenta de que es producto de la irresponsabilidad de los hombres con el manejo de la naturaleza.

¿Esto también es válido para el debate por la carretera por el Tipnis?
En este tipo de casos, que son bastante controversiales, es importante que sean sometidos a un gran debate nacional y corresponde tener opiniones de alto nivel para asumir decisiones. Cuando digo de alto nivel, es que si se va realmente con el proyecto de la carretera por la reserva indígena y parque nacional se tiene que analizar si el impacto que tendrá es malo, bueno o terrible; no nos podemos guiar por una sensación emotiva, se tiene que avanzar o rechazar ese tipo de obras después de analizar bien el tema. En este momento noto que existe un ambiente de confrontación, pero hay que debatir y debatir.

En su criterio, ¿es importante la alternancia en la presidencia?
Es probable que me digan qué moral tiene usted para hablar si estuvo durante 25 años al frente de la CAF, pero siempre digo que fui elegido cinco veces por unanimidad por los países miembros, pero también hubo una circunstancia especial porque era fundacional. Cuando anuncié mi retiro de la Corporación Andina de Fomento algunas personas pedían que siguiera al frente, pero no acepté. Sin embargo, creé un reglamento muy riguroso para que la presidencia de la CAF tenga un límite máximo de 10 años de mandato. Creo que es un buen tiempo.

¿Es el tiempo ideal?
Es bueno que haya alternancia y que surjan nuevos liderazgos. Tenemos que dar opción a las nuevas generaciones, a los jóvenes, los más viejitos debemos dedicarnos a asesorarlos, a acompañarlos. Entiendo que el tema de la reelección está muy metido en todos los países latinoamericanos, pero es momento de la juventud.  



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