SÉPTIMO DIA

Cláusulas desvelan el poder del general sobre la aerolínea del desastre


Corolario de un historial de alto vuelo como director de Seguridad Nacional Aeroportuaria o piloto presidencial. Un poder de LaMia autorizó a Vargas adquirir préstamos por ella, firmar contratos o representarla ante la DGAC, donde su hijo era director de registro de matrículas



14/12/2016

El poder del general Gustavo Vargas Gamboa (61) sobre LaMia, la aerolínea de la tragedia del Chapecoense, nació, prácticamente, junto al inicio de la aerolínea en Bolivia. La escritura de constitución de la sociedad de responsabilidad limitada, de propiedad de los pilotos Miguel Ángel Quiroga Murakami y Marco Antonio Rocha Venegas, fue refrendada por la notaria de fe pública Silvana España Pedraza, un 17 de septiembre de 2014, solo un día antes de que la misma notaria sellara un “poder general de administración” cedido por los socios en favor del ex piloto presidencial. 

Son 17 las cláusulas de este documento notarial, al que accedió EL DEBER, que señalan a Vargas con un poder suficiente como para representar a la compañía en la firma de contratos de servicios, adquisición de créditos, contratación y organización del personal y, entre lo más importante, ser el titular de representaciones legales ante el Registro de Comercio o ante cualquier repartición del Estado, sea del Gobierno, gobernaciones, municipios, empresas estatales y, claro, ante las autoridades aeronáuticas nacionales. 

“...Y en general, realizar todos y cada uno de los actos y contratos que correspondan a la administración ordinaria de la sociedad. A tal efecto (Vargas Gamboa), ejercerá representación legal de la sociedad ante autoridades en general, Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC), Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (ASFI)...”, explica, entre otras cosas, la primera de las cláusulas.

Lo normal en cualquier tipo de compañía con representante legal. Nada raro hasta antes de que el accidente aéreo, donde murieron 71 personas en Medellín (Colombia), hiciera que medio mundo se preguntara: ¿De dónde es esta compañía de vuelos chárter, cuyo único avión cayó? ¿Quién y cómo es que se los autorizó a operar? Algunas respuestas surgieron con los días: el ministro de Obras Públicas, Milton Claros, reveló que Gustavo Vargas Villegas, hijo del general y gerente apoderado de LaMia, firmó el certificado de la matrícula CP-2933 del malogrado avión, en su condición de director del Registro Aeronáutico Nacional (DRAN).

“No es posible la relación de tráfico de influencias porque el que otorga los permisos a las empresas aeronáuticas es el director de la DGAC, no un director de registro. O sea, por una cuestión de jerarquía, el hijo del director de LaMia es subalterno del director nacional de la DGAC y no puede influir sobre él”, dice el abogado Jerjes Justiniano, en descargo del general Vargas Gamboa.

La justicia investiga ahora mismo un supuesto uso indebido de influencias a partir de este vínculo familiar, algo que debe esclarecer a lo largo de un proceso judicial. Esta investigación fiscal recuerda a la red de aliados que, se señaló, existieron en Venezuela para la creación de LaMia (2010), donde, pese a todo, la compañía no despegó. 

El poder
​La cuarta cláusula del poder que le confirió la aerolínea facultaba al general Vargas para vender, ceder o permutar sus bienes. La quinta, para contratar o retirar el personal que él viera conveniente. De esto se ha conocido que son 17 los funcionarios de planta de la línea aérea boliviana y que había tres externos, según el abogado de la firma, Néstor Higa. Bajo el mando de Vargas se llegó a cumplir con los pagos de las aportaciones de fondos de pensiones de esta plantilla hasta septiembre de este año.

Un gran historial
Vargas ya no es un jovencito y su currículum está marcado por los altos cargos que desempeñó en el Estado como militar. Si se revisa, se averigua que este piloto, con más 10.158 horas de vuelo, transportó a varios presidentes (incluido Evo Morales), fue director general de Seguridad Aeroportuaria, del Ministerio de Defensa en 2009, durante las funciones de Walker San Miguel. Para Justiniano, su larga carrera militar y los cargos que ocupó no son incompatibles con su cargo en LaMia ni dan para suponer un tráfico de influencias.

Según Higa, bajo el mando de Vargas Gamboa se decidió alquilar por una tarifa de $us 35.000 al mes la aeronave usada para vuelos chárter (siempre y cuando esta estuviera operable), pagados al empresario español-venezolano Ricardo Albacete Vidal. Justiniano e Higa señalan que el rango del general y su historial lo hacían chocar constantemente con Quiroga y con Rocha, los propietarios, que también fueron pilotos militares, solo que de menor rango que él.


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