Siguen matando jaguares en Bolivia

REPORTAJE ESPECIAL

Los pocos juicios son lentos y dan sanciones leves. En China, según datos del Gobierno, un jaguar vendido por partes supera el millón de dólares. Hay más de 40 procesos abiertos en Bolivia
 


Mientras la justicia cruceña llevaba a cabo un juicio lento contra los ciudadanos de origen chino Li Ming y Yin Lan, quienes en febrero de este año fueron detenidos al haber sido encontrados en su restaurante de pollos de la avenida Grigotá con 185 colmillos de jaguar y otras partes de animales silvestres, la matanza del gran felino de América continuaba perpetrándose en las selvas de Bolivia. 

El viernes pasado, después de nueve meses y 13 audiencias postergadas, en la sala 7 del Palacio de Justicia, Li Ming y Yin Lan eran declarados culpables a cuatro y tres años de prisión, -y no a la pena máxima de seis como el Estado boliviano había solicitado- por  el delito de destrucción o deterioro de bienes del Estado y la riqueza nacional.

Pero eso no impedía que en algún lugar de los bosques las balas continúen tronando y que un jaguar caiga desplomado con una mancha roja en el pecho, pese al esfuerzo del Gobierno, de la Gobernación de Santa Cruz y de algunos municipios de poblaciones colindantes con el hábitat de los felinos que instauraron decenas de procesos judiciales contra los traficantes de la vida silvestre.

La viceministra de Medio Ambiente, Cintia Silva, está segura de que en todos estos meses que duró el juicio contra Li Ming y Yin Lan, el tráfico de colmillos y otras partes de animales ha continuado no solo en Bolivia, sino en varios países de la región y que prueba de ello es que se lograron abrir más de 80 causas judiciales que buscan hacer visible que la matanza y el tráfico de animales silvestre es un delito en Bolivia.

Rodrigo Herrera, asesor legal de la Dirección General de Biodiversidad y Áreas Protegidas, detalló que de los juicios que abrió desde el 2008 el Ministerio de Medio Ambiente y Agua llegan a 64  y que el resto fueron instaurados por las gobernaciones y municipios por delitos relacionados no solo sobre el tráfico del jaguar, sino también de tortugas, lagartos, aves, insectos, vicuñas, monos y osos jucumaris. “De todos esos procesos solo 11 han terminado con sentencia”, puntualizó.

Según el informe técnico elaborado por Fabiola Suárez, de  Gestión de Biodiversidad y Flora Silvestre, del Ministerio de Medio Ambiente y Agua, desde la gestión 2014, los reportes y denuncias sobre tráfico de colmillos de jaguar, se incrementaron de manera alarmante, razón por la cual, a la fecha, se motivó el inicio de 13 acciones penales por este tipo de casos, habiéndose concluido dos de ellos.

Uno, el 9 de octubre de 2017 con la interposición de sentencia de privación de libertad de 3 años a dos personas (una de ellas de procedencia china), y el otro, el viernes 9 de noviembre pasado, cuando se condenó a Li Ming y Yin Lan a 4 y tres años, respectivamente.

La viceministra de Medio Ambiente recuerda que el tráfico  de colmillos de jaguar es parte del crimen organizado internacional y se ubica en el cuarto lugar del ranking de crímenes mundiales,  después del narcotráfico, de armas y de trata de personas.

El estudio técnico elaborado por Fabiola Suárez, después de haber realizado una investigación de varios meses, lanza un dato aterrador: cada una de las partes del jaguar se vende en el mercado negro e ilegal de China y otros países de Asia a precio de oro o de cocaína, que sumando los cuatro colmillos, el pene, los huesos, la piel, la cola y los testículos ascienden a la estratosférica suma de 1.295.220 dólares.

Por citar unos ejemplos: un colmillo que en Bolivia un traficante paga 200 dólares a un cazador boliviano, en China lo vende en $us 5.000 y el gramo del hueso molido en el mercado delincuencial de Asia cuesta 17,66 dólares, que sumando los 10 kilos que hace toda la estructura ósea supera los 187.000 dólares. 

El apetito por el gran felino de América es tal que, según el Ministerio de Medio Ambiente y Agua, hasta las heces fecales del jaguar son apetecidas porque supuestamente tienen propiedades para tratar dolencias como la malaria, la hemorroides y la epilepsia, mientras que existe la creencia de que los  colmillos de jaguar sirven para combatir la rabia y el asma o lucirlo en el cuello como un símbolo de estatus; la sangre, para dar fuerza al cuerpo; la piel, para enfermedades mentales;  los testículos, para la tuberculosis; y la bilis, para combatir las convulsiones.

Todas ellas enfermedades a las que la medicina científica ya  encontró cura o tratamientos  con remedios que se encuentran en las farmacias a precios mucho más accesibles que los que el mercado negro asiático cobra por las partes del jaguar.

Esta danza millonaria de dólares beneficia a los actores que comandan el tráfico de animales silvestres y el eslabón más bajo, que son los campesinos o indígenas que cazan a los jaguares, se benefician con migajas, que  para ellos es todo un dineral. 

Según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), por sus siglas en inglés, el escenario de origen de este delito generalmente procede de las economías subdesarrolladas, las cuales proveen los animales silvestres, a precios que pueden representar una décima parte del precio real al que son comercializados en el mercado ilegal internacional, por lo que el tráfico de vida silvestre no solo atenta contra la biodiversidad, sino que indirectamente afecta al desarrollo económico de las comunidades indígenas, ya que  existen diferentes valores de la fauna silvestre (estéticos, culturales, alimenticios, entre otros) que pueden verse afectados por el tráfico ilegal.

El informe del Ministerio de Medio Ambiente y Agua también revela que la creciente demanda por el jaguar estaría enfocada a reemplazar el ahora controlado y regulado tráfico de tigre asiático que prácticamente está desapareciendo por la caza criminal que se ha venido dando durante años.

María Yandery Kempff Ibarra, directora de Recursos Naturales de la Gobernación de Santa Cruz, fue una de las autoridades que hizo posible que se detecte el tráfico de colmillos y otras partes del jaguar de Li Ming y Yin Lan gracias a una investigación que realizó desde su departamento y a que luego tocó las puertas del Ministerio Público para que se realice el allanamiento en un restaurante de pollos de la avenida Grigotá, donde fueron encontrados con 185 colmillos de jaguar, tres pieles de diferentes felinos, un chaleco de jaguar y un saco de leopardo africano, estatuillas presumiblemente esculpidas en marfil, dos cascabeles de serpiente, dos cuernos de ciervos de pantano y dos garras de pejichi y de jaguar.

“Con mucha seguridad se siguen cazando felinos, como jaguares y pumas, lo cual afecta a la supervivencia de nuestros bosques. La Gobernación hizo un par de denuncias más porque hubo ofertas que evidenciamos de personas que ofrecían comprar colmillos de jaguar”.

De acuerdo a lo que se ha conversado con las comunidades, explicó Yandery Kempff, se han encontrado casos en los que los chinos han ido a la zona a comprar los colmillos, y en otros, que ponen letreros en lugares públicos para que los cazadores sepan dónde acudir con las piezas de los animales.

Justamente fue un letrero lo que puso en alerta que Li Ming y Yin Lan se dedicaban al ilícito negocio, puesto que en las afueras de su restaurante de la avenida Grigotá de Santa Cruz había un letrero a través del cual se ofrecía comprar colmillos de jaguar.  

Pero no solo la matanza de los jaguares sigue latente en Bolivia. La misma noche que Li Ming y Yin Lan eran declarados culpables, el país se enteraba de otra muerte atroz: unos hombres habían liquidado con modales de barbarie a un oso jucumari en algún lugar de la selva boliviana.

Aquel viernes, Teresa Pérez y el equipo del Ministerio de Medio Ambiente y Agua que participaron de la audiencia contra Li Ming y Yin Lan en Santa Cruz vieron la fotografía del jucumari “asesinado” cuando estaban en el avión que los llevaba a sus oficinas de La Paz y tras aterrizar se pusieron manos a la obra para investigar sobre la muerte del jucumari, que  está en peligro de extinción.

Con la autoridad que le da su cargo de directora general de Biodiversidad y Áreas Protegidas, del Viceministerio de Medio Ambiente, Cambios Climáticos y de Gestión y Desarrollo Forestal, ha dado con los nombres de dos personas que supuestamente fueron autoras de la muerte del oso jucumari.

Con esos datos en la mano, más una fotografía de uno de ellos, ha acudido a la Fiscalía para sentar la denuncia y para que se investigue bajo la esperanza de que a diferencia de lo que ha ocurrido recientemente con el proceso judicial de los ciudadanos de origen chino, este no demore nueve meses ni se suspendan 13 veces las audiencias mientras en las selvas se sigue  matando animales para venderlos en el exterior a precios de oro o de cocaína.

Una ruta, un llanto y un año para concienciar

El próximo año no será un año cualquiera. El 2019 será declarado el Año del Jaguar. El bautizo lo hará el Ministerio de Medio Ambiente y Agua y el anuncio lo hicieron sus representantes el viernes 9 en Santa Cruz, en un momento y en un lugar simbólico, a pocos minutos de que el juez Juan Coronado Camacho emita el fallo que castigó con cárcel a dos ciudadanos de origen chino que en febrero habían sido encontrados con un grueso cargamento de colmillos, pieles y otras partes de jaguares y otros animales silvestres.

Fue en ese piso siete del Palacio de Justicia donde la viceministra de Medio Ambiente, Biodiversidad, Cambios Climáticos y de Gestión y Desarrollo Forestal, Cintia Silva, y la directora de Biodiversidad y Áreas Protegidas, Teresa Pérez, anunciaron que el Año del Jaguar, que ya fue aprobado por el Gobierno para el 2019, consistirá en una gran campaña para luchar contra la matanza y el tráfico del gran felino de América y para crear conciencia en todo el país y más allá de las fronteras.

Teresa Pérez informó de que el Año del Jaguar tendrá tres pilares fundamentales: se trabajará en la prevención de la matanza y el tráfico, la reacción ante el Ministerio Público para que la justicia esté informada sobre el daño que provocan los traficantes y sancionen con mano dura el delito, y la predicción, es decir, con las experiencias pasadas, poder predecir cómo puede desarrollarse un proceso judicial y así presentar las acusaciones y las pruebas para que los procesos no demoren y lleguen a buen término, con sanciones ejemplificadoras.

Con todo ello, adelantó que se viene un 2019 donde se enfatizará en la educación por el medioambiente y los animales en los colegios y universidades porque si no se logra sensibilizar a las jóvenes generaciones, será difícil avanzar en decisiones que se tomen en el futuro.

“Hay desconocimiento total incluso en abogados. Lo que queremos con lo del Año del Jaguar es darle énfasis a esta lucha. Estamos buscando recursos porque queremos llegar con educación a 3.000 estudiantes, a la Fiscalía,  a la Aduana, a los aeropuertos, a las gobernaciones y a los municipios”, manifestó.

El llanto del jaguar

Hay un jaguar que mira de reojo. Es una mirada de terror, de un dolor que si uno lo observa con detenimiento, siente un peso colosal en el pecho porque percibe que el gran felino de América, pintado en una pared, le está diciendo al ser humano: ¿cómo es posible que me hubieras hecho esto?

Y esto es lo que está pasando en la actualidad: cazadores mercenarios entran a las selvas a buscarlos con el arma de fuego en las manos y ahí los matan y ahí les sacan la piel y los colmillos, y también les cortan la cola y los testículos porque todo eso es mercancía de oro en el mercado ilegal de Asia.

Para que todo eso se sepa y no se olvide, para que el ciudadano recuerde que los jaguares y la vida en los bosques están seriamente amenazados, varios artistas han venido pitando jaguares en diferentes lugares públicos o fachadas de propiedades privadas de la ciudad de Santa Cruz y de algunas poblaciones, como un tributo a los animales secuestrados de la vida silvestre.

Lisa Corti, una guardiana y una de las coordinadoras del proyecto denominado El llanto del jaguar, indicó que se ha tratado de unificar esas manifestaciones artísticas en una página web para que los vecinos puedan encontrar las direcciones de las pinturas y compartir las fotos en las redes sociales.

“Todos los murales cuentan con una historia de activismo interno de los propios artistas que, a través de la pincelada en diferentes intervenciones, han plasmado el llanto de la selva, dijo Lisa Corti, que, además, explicó que el mapa digital muestra a Santa Cruz como destino de arte urbano y visibiliza la pérdida de biodiversidad.

“El mural, por ejemplo, Pintando Latinoamérica, frente al Hotel Cosmopolitano, nace producto del taller Encuentro latinoamericano de estudiantes de Arquitectura, donde se tocó la problemática de la pérdida de biodiversidad de América Latina”, detalló.

El poder de los ciudadanos

En la lucha contra el tráfico de los jaguares y de otros animales silvestres está inscrito ya el gran aporte de ciudadanos que están aportando con su tiempo y hasta con sus recursos económicos. Ellos están tan visibles que la viceministra Cintia Silva agradeció a los movimientos ciudadanos por haber sido parte del proceso de denuncia en el juicio contra las dos personas que el viernes fueron declaradas culpables por formar parte de una red de tráfico de colmillos y otras partes del jaguar.

Uno de esos ciudadanos que ha hecho de la defensa de los jaguares su lucha es Heinz Arno Drawert. Como ser humano, sabe que  el hombre está estrechamente vinculados a la convivencia con la naturaleza y según sus leyes, que  para que un elemento de la naturaleza sea considerado un recurso natural y adquiera un valor para nosotros debe cumplir una función para satisfacer alguna de nuestras necesidades.

“La vida silvestre debemos aprovecharla de modo que futuras generaciones también puedan hacer uso de estos recursos en igual o mayor cantidad y calidad. El aprovechamiento sustentable de los recursos naturales es un mandato ético ineludible. Entre el aprovechamiento sustentable de la biodiversidad y el tráfico ilegal de vida silvestre existe una inmensa diferencia, igual de grande como entre el comercio de medicamentos y el narcotráfico, y bajo ningún motivo podemos permitir que ninguna de estas dos actividades ilícitas se arraigue y se establezca como “algo normal” en nuestra sociedad, ya que pone en riesgo dos de las cosas más preciadas que tenemos: nuestras futuras generaciones y nuestro medioambiente”, enfatizó.

A Heinz Arno Drawert le duele ver cómo, por la codicia de unas pocas personas con carencia de valores éticos y morales, se está destruyendo la biodiversidad.

“Ante esta situación no me puedo quedar indiferente, tengo una responsabilidad con mis hijos y no puedo ser ni cómplice ni simple espectador. Estoy obligado a hacer algo y aportar desde donde esté y con lo que pueda para parar y cambiar esto. Todo esfuerzo suma y es valioso, ya que el tiempo se nos acaba. Si no soy parte de la solución, soy parte del problema, así de simple es la sentencia del juicio de la conciencia y no podría cargar con el peso de saber que en su momento no hice lo que debí haber hecho”, dijo, emocionado.

Eliana Torrico, fundadora y activista del Colectivo Árbol y de la Plataforma por el Medio Ambiente y la Vida, considera que el tráfico del jaguar es un grave conflicto a escala mundial, ya que puede ser tan lucrativo como el narcotráfico y lamentablemente solo se castiga con multas o sentencias muy leves comparadas con el daño ocasionado. Por ello, propone  endurecer las penas para los traficantes de animales silvestres.

Por otro, cuestiona que el modelo de desarrollo “extractivista salvaje incentivado por el Gobierno boliviano hace que cada vez se depreden más bosques y áreas protegidas, las cuales son el hogar de una infinidad de especies, incluida la del jaguar”.

La mayor amenaza para el jaguar boliviano es sin lugar a dudas la depredación de su hogar, los bosques. Y esto sucede por medidas como la ampliación de la frontera agrícola para monocultivos como la soya y para sembrar pastos para ganadería, en suelos obviamente no aptos para estos usos”.

Eliana Torrico dice que su lucha la encara asumiendo un rol en pleno ejercicio de deberes reconocidos en la Constitución Política del Estado que tienen que ver con la protección del medioambiente. Se siente satisfecha de ver que la ciudadanía está mucho más informada, despierta y sensible a estos temas y sobre todo dispuesta a participar activamente, situación que, cree, antes era muy raro ver.

El milagro de San Miguelito

San Miguelito es un nuevo destino turístico para contemplar la vida silvestre. Se trata de una estancia  ubicada a 190 km de la ciudad de Santa Cruz. En este lugar se lleva a cabo uno de los actos más nobles del ser humano: el proyecto ecoturístico  La Ruta del Jaguar. 

Anai Holzmann, coordinadora del proyecto, cuenta que el objetivo es contribuir a la reducción de la cacería del jaguar y otros felinos en la zona de expansión ganadera de Santa Cruz, promoviendo estrategias antidepredación y de compensación económica por pérdida de ganado, a través de ecoturismo basado en el jaguar como especie emblemática.

El rancho posee un área de conservación, única en América Latina, donde han sido confirmadas seis especies de felinos diferentes, incluyendo jaguares, pumas, ocelotes, gato Brasil, gato pajero, gato gris,  todos  coexistiendo en el mismo bosque y registrados con trampas cámara,  según investigaciones realizadas por WCS (Wildlife Conservation Society).

Esta zona, explicó Holzmann, es conocida como el cinturón de cereales de Bolivia, puesto que la mayoría de los vecinos ya han deforestado sus bosques para ejercer actividades agrícolas y ganaderas, lo que hace de esta pequeña área protegida un paisaje agrícola fragmentado y un último refugio para una gran mayoría de fauna silvestre de Santa Cruz.

San Miguelito abrió sus puertas al público y ofrece una variedad de actividades ecoturísticas, que incluyen más de 15 kilómetros de caminatas por senderos ecológicos, que contienen cámaras trampa situadas a lo largo de los senderos, permitiendo ver y registrar la inmensa variedad de fauna que habita la zona y observar las pisadas de jaguares que dejaron las huellas de sus patas  grabadas en el barro cuando caminaban bajo alguna lluvia bendita, lejos de las balas de los cazadores enviados por los traficantes de la vida silvestre.

*** Esta investigación se publica en alianza con Mongabay