SEGURIDAD

Sandro de Carvalho reaparece; dice que cambió y que piensa retornar


El hombre que fue declarado rebelde de la justicia, vive en Corumbá, es un pastor que predica la palabra de Dios y que ya cumplió su condena por narcotráfico en Brasil. Habla de su amistad con Diodato y pide perdón


21/10/2017

Desde un ambiente pequeño de la calle Delamaire, entre Siete de Septiembre y Maj. Gama, en el municipio brasileño de Corumbá, parte del Estado de Mato Groso del Sur, sale una luz blanca intensa que baña la cuadra del sitio donde un hombre de casi dos metros de estatura, piel morena, cabello corto, voz ronca y cuerpo fornido, grita, gesticula, mueve los brazos y les pide a los poco más de 20 fieles, que atentos lo escuchan, no vivir con máscaras porque Dios conoce su interior y a él no se puede engañar.  

El pastor cristiano que predica en nombre de Dios y que accedió a entrevistarse con EL DEBER 12 años después de su fuga del penal de Palmasola con otros 26 internos (en septiembre de 2005), es Sandro de Carvalho. El que fue líder de la cárcel a finales de la década de los 90, que cayó preso en 1996 tratando de cruzar la frontera con droga, que fue declarado rebelde en el juicio por el crimen de la exfiscal Mónica von Borries, asesinada en febrero de 2004 con la explosión de un coche bomba, ahora afirma que Jesús cambió su vida y pide perdón por el daño que hubiera cometido cuando estuvo en libertad.

“Si hice daño a alguien, lo hice porque no conocía a Dios”, asegura De Carvalho, que es el líder de la congregación cristiana Misión de Amor al Próximo, que está en un espacio de su vivienda, donde todos los días, a partir de las 19:30, la gente llega para escucharlo.

Pocas personas conocen el pasado de este hombre prófugo de las leyes en Bolivia, que se confiesa amigo de Marco Marino Diodato, con el que compartió encierro algunos años en Palmasola y que ahora también es prófugo de la justicia. En marzo de 2006 a través de los juzgadores Luis Jaime Cruz, Uby Suárez y otros tres jueces ciudadanos, se condenó a 15 años de prisión a Ricardo Borba Mezquita y no encontraron suficientes pruebas para sentenciar a Javier Villanueva, el ciudadano español que denunció torturas y extorsión.

De Carvalho suspira antes de hablar del pasado y, aunque pidió no entrar en algunos detalles que él considera no servirán para ayudar a nadie, dice sin reparos que lo único que supo hacer en la vida fueron las cosas malas y que pese a intentar parar, continuaba metido en el mundo del ampa porque no tenía ningún otro conocimiento.

Prueba de esto, recuerda que luego de fugar de Palmasola en septiembre de 2005, volvió a su país y al poco tiempo comenzó a delinquir traficando con droga nuevamente, hasta que fue detenido por las autoridades y enviado a una prisión de Campo Grande para cumplir una pena de cinco años en 2007.
“Un día (estando preso) escuché la palabra de Dios adentro del presidio, lo que cambió mi vida totalmente”, reitera el hombre que está casado con una cruceña (Giovanna) y que tiene un hijo un adolescente de 14 años que nació en el país, razones por las que asegura quiere mucho a los bolivianos.

Joadel Bravo, uno de los fiscales que participó del juicio en el que Sandro fue declarado rebelde, dijo que él fue parte de la organización criminal que lideró Diodato y que las investigaciones de aquella vez no lo ubicaban en el lugar del ‘bombazo’ contra Von Borries, aunque su fuga violenta dejó la duda de su inocencia.

El presidente del tribunal que lo declaró rebelde, Luis Jaime Cruz, comentó que ese fallo fue uno de los más complicados de su carrera como autoridad jurídica y, al igual que Bravo, consideró que su fuga agravó su situación y aportó una carga negativa sobre su proceso, porque permitió que las dudas que había en torno a su participación en la banda liderada por Diodato fueran corroboradas. 

Para el exfiscal departamental, Jaime Soliz, que fue compañero de estudios de Von Borries, Sandro de Carvalho es culpable y aunque celebró que hubiera decidido cambiar de vida, le pidió que retorne al país y que el proceso que fue parado con su fuga vuelva a ser reactivado.

“Solo Dios sabe cuándo volveré, yo estoy esperando que él me diga para tomar esa decisión”, afirmó Sandro, que dijo no tener miedo de lo que pueda suceder con su retorno a Bolivia, ya que afirmó que “todo tiene su tiempo” y recalcó, reiteradamente, que él nunca fue parte del crimen de la exfiscal Von Borries.

“Verdaderamente eso (la muerte de la fiscal) fue una cosa personal de Marino. La gente habla mucho de que nosotros participamos, que estuvimos, que esto y aquello, pero fue una cosa personal entre él (Marino Diaodato) y ella (Mónica Von Borries), porque eso fue una cosa que le afectó a él, no tenía nada que ver con nosotros”, aseguró Carvalho y agregó que él puede hablar por él y no por lo que habrían hecho Borba y Villanueva.

El padre de la fiscal asesinada, Jorge Von Borries, dijo que el caso de su hija ha quedado en el limbo jurídico, porque aún hay prófugos que no recibieron una condena. “Mi hija está muerta y nunca la voy a recuperar, mi familia ha quedado con un gran vacío y los autores están vivos”, aseguró el magistrado durante el descubrimiento del busto de su hija en la Fiscalía de Santa Cruz.

Fugó de la justicia

Sandro de Carvalho tiene presente el día en que fue parte de la fuga más violenta y numerosa del penal más poblado de Bolivia y uno de los más atípicos del mundo, Palmasola.

“Yo estaba con mi esposa, era día de visitas, un domingo. Me llamaron y me invitaron a participar de la fuga. Lo pensé varias veces, porque allí vivía una vida buena, no me faltaba nada, tenía privilegios, muchas cosas pasaron por mi cabeza, sobre todo mi familia. Pero también miré la justicia, que con tanta cosas que probé de que no estuve involucrado en el ‘bombazo’ y que todo eso lo rompieron y me acusaron”, cuenta De Carvalho y recuerda que entonces aceptó la invitación de quienes organizaron la huida, le pidió a su mujer salir de la cárcel y se subió al camión que tumbó el portón del penal.

Luego, cuando ya estuvo fuera del encierro, Sandro grabó un video ayudado por la gente que lo conocía, lo hizo enviar a un canal local y ese mismo domingo cruzó la frontera hacia Brasil, para internarse por un buen tiempo lejos de su pasado, hasta que dos años después volvió a caer preso por traficar droga.

El ahora pastor, afirma que no ayudó en la fuga de su amigo Diodato, ya que cuenta que en ese tiempo él se dedicaba a prestar dinero y que vivía en una casa sobre la avenida Santos Dumont, entre el quinto y el sexto anillo.

Ahora De Carvalho es uno más de los buscados por las autoridades país que ahora es parte del mosaico de los más de 100.000 habitantes que viven en este municipio fronterizo con Bolivia.