SANTA CRUZ

Examinarán el estado de las tierras y del agua del Urubó para luego tomar medidas


Grandes extensiones de campos de pastoreo y de bosques están desapareciendo en pos de inmensas urbanizaciones con avenidas de hasta 20 kilómetros, todas pavimentadas. Pretenden reparar esos daños con las recomendaciones del estudio 


06/11/2017

El Urubó, donde se tiene previsto realizar una auditoría medioambiental, está lleno de avenidas de doble vía, con camellones de más de 30 metros de ancho y con ambas calzadas pavimentadas, las cuales se entrecruzan con otras calles no menos amplias en medio de un paisaje rural que, paulatinamente, ha sido modificado por las empresas inmobiliarias. En la zona proliferan vallas publicitarias gigantes que ofertan lotes en una gran ciudad, en la que hoy por hoy nadie habita.

La comarca comprende cerca de 100.000 hectáreas de los municipios de Porongo, principalmente, Colpa Bélgica y Portachuelo, comenzó a ser modificada por la edificación de urbanizaciones cerradas en los años 90, y cuya carrera por establecer viviendas exclusivas ha sido rápida, pues las empresas constructoras ofrecen comodidad para el pago de lotes y están creando sus propias líneas de trufi que transportan pasajeros hasta la zona del mercado La Ramada, en el corazón de Santa Cruz de la Sierra.

Ante este descontrol y haciéndose eco de un estudio elaborado por la cooperativa Saguapac, el gobernador Rubén Costas, el 10 de mayo, firmó la resolución de pausa administrativa, mediante la cual se congelaba la aprobación de toda clase de obras y de planes habitacionales en una parte del Urubó.

 En la zona estarían siendo afectados los cursos de agua y la recarga de uno de los principales acuíferos del cual se nutre la capital departamental, el cual está en dirección del corredor de viento proveniente del parque nacional Amboró, considerado por los medioambientalistas el principal productor natural de agua para el consumo humano.
Lo que se auditará

La secretaria de Medioambiente de la Gobernación, Cinthia Asín, explicó que el estudio encargado a la empresa Auditec, que es una asociación accidental conformada por las firmas CAVE SRL y Meridional SRL, permitirá identificar, cuantificar y cualificar los daños por impacto ambiental en el Urubó por la ejecución de urbanizaciones que han cambiado el paisaje rústico.

“Tras conocer el plan maestro de Saguapac respecto a la producción de agua potable, y como se sabe que en el Urubó hay recargas de acuíferos, queremos ver el grado de daño a las reservas y también determinar los criterios usados por los tres municipios involucrados en la necesidad de ampliar su mancha urbana, pues no se sabe de las licencias ambientales”, dijo Asín.

Sin embargo, la secretaria de Medioambiente de la comuna cruceña, Michele Lawrence, indicó que su despacho también pidió a la Gobernación hacer una auditoría en el área de recarga del acuífero del Urubó.

El costo aproximado del estudio será de Bs 2 millones y debe ser presentado en 360 días.

Las determinaciones y recomendaciones de la inspección serán vinculantes, es decir, si se detectan daños tienen que ser asumidos por los tres municipios y por la Gobernación”, agregó Asín.

Del estudio debe salir la forma de aprobación de las nuevas urbanizaciones y cómo deben ser readecuadas las construidas, además de proponer un plan correctivo si hay daño ambiental.
Auditec está organizando el trabajo de campo, luego vendrá la investigación para presentar el primer informe, y después confeccionar la exposición final con las recomendaciones. Aparte de contar con profesionales en biología, arquitectura, ingeniería civil y ambiental, sociólogo, economista y abogado experto en derecho ambiental, la empresa ha subcontratado a otra especialista en agua y acuíferos.

El responsable de la firma subcontratada, que pidió no dar su nombre, refirió que su estudio tendrá tres partes. La primera estará referida a la situación de los acuíferos en el Urubó, el segundo punto tratará el sistema de drenaje, es decir, la alteración de los cauces naturales debido a las urbanizaciones y la construcción de lagunas paisajísticas, y, por último, el riesgo de inundaciones por la afectación de ríos y quebradas.