SANTA CRUZ

Con fuerza sobrehumana salvó la vida de 18 personas


También la suya. Entidad inglesa premió su “excepcional valentía”. Este piloto camireño dejó de volar por una lesión en la columna derivada de su acción

Fue piloto de la Fuerza Aérea Boliviana durante 30 años y otros dos años de vuelos comerciales. Foto: Teófilo Baldiviezo

25/12/2016

“El pedal se disparó y el timón giró 180 grados. Con todas mis fuerzas pisé el pedal que no cedía, mientras caíamos. En ese momento le pedí ayuda a Dios, le dije: Soy una persona buena, no hice daño a nadie, no me abandones ahora”.  De esa manera el capitán Richard Mario Álvarez Arteaga  recuerda el más terrible momento que vivieron él, su copiloto y 17 pasajeros que viajaban en el vuelo 44 de la línea Amaszonas, el 3 de noviembre de 2014.


Lo que era un viaje rutinario  desde Rurrenabaque hasta Trinidad, poco después de las 14:30 y cuando se preparaba para aterrizar, se convirtió en pánico, plegarias, un cara a cara con la muerte y, por su desenlace, se escribió en la historia de la aviación mundial. 

Un enorme hueco en un ala
Un ave de gran tamaño chocó contra el avión Fairchild SA227DC Metro 23, de fabricación inglesa y abrió un boquete de dos metros en el ala izquierda de la aeronave, que se desestabilizó a 3.800 pies de altitud. En pocos segundos la nave cayó más de 1.300 pies. Fue el inicio de los 15 minutos más largos en la vida de Álvarez, debiendo recurrir, a su pericia de 30 años de experiencia como piloto de la Fuerza Aérea Boliviana y otros dos en vuelos comerciales y también a su fe en Dios.

Un esfuerzo descomunal
La presión que ejerció sobre el pedal en el intento de estabilizar la nave, requirió “una fuerza humana sobrenatural por más de 15 minutos para contrarrestar el desequilibrio, evadiendo una catastrófica e irreversible pérdida de control, salvando a todas las personas a bordo”, reza el informe de la Compañía de Pilotos del Aire de Londres, institución que  le otorgó, en octubre de este año, el premio Hugh Gordon-Buge Memorial Award for 2015, en calidad de héroe “por su excepcional valentía”.


Para los expertos, la acción del piloto boliviano va más allá de lo comprensible por el esfuerzo físico que desplegó para llevar a tierra un avión seriamente averiado. 
Todos quienes estaban a bordo, resultaron ilesos. 


Álvarez recuerda con emoción los aplausos, agradecimientos y abrazos de los pasajeros que seguramente hacen de esta historia el centro de muchas reuniones. 


Pero la fuerza sobrenatural que desplegó durante esos 15 minutos, le provocaron una hernia de disco que requirió una intervención quirúrgica que, aunque fue exitosa, le causó un impedimento físico  por el cual se acogió al retiro forzoso. Aquella ave no solo abrió un boquete en el ala del avión, sino que cortó las alas del aviador, pero eso no podrá impedir nunca que sus cuatro retoños inflen el pecho de orgullo por su padre, el héroe 



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