SANTA CRUZ

Ambulantes toman un área a 300 metros de la rotonda del Plan 3.000


Se trata de la plazuela 18 de Marzo. Los comerciantes ofrecen ropa, alimentos y demás productos. La Alcaldía dice que están prohibidos los asentamientos


01/10/2017

Es casi mediodía y Rossy Moya, junto con otras mujeres, se protege de los rayos del sol bajo la copa de un árbol. Se pone en cuclillas y extiende sus piernas al igual que sus compañeras, que se ventilan con unos cartones, y ofrecen ropa usada a las personas que pasan por la plazuela 18 de Marzo. El lugar está a unos 300 metros de la rotonda del Plan 3.000, en donde antes la mujer vendía su producto y al que no puede volver luego de que las precarias casetas del mercado se quemaran.

Pasó un mes del incendio y algunos de los comerciantes que se organizaron pasaron a un nuevo mercado, pero el grupo de Rossy y sus amigas anda a la deriva. Optaron por poner sus cosas en esta plazuela. 

Comida rápida, videos piratas, zapatos, ropa y hasta artículos electrónicos es la oferta variada de los comerciantes.

“Nos quieren ubicar en un lugar donde no hay gente, queremos irnos a un mercado pero no estamos asociados a ninguna federación y eso cuesta caro”, se queja la comerciante.

Tras el incendio, según el secretario municipal de abastecimiento y servicios de la Alcaldía, Fernando Antelo, se dio varias opciones para que los comerciantes sean reubicados en otras áreas como los mercados Turere, Urkupiña, El Progreso y Copacabana.

“No hay asentamientos autorizados, ahora vamos a ir y eso se limpia y se limpia”, señalaba ayer Antelo al indicar que este grupo iba a ser desalojado pero hasta anoche seguía ahí.
Mercado modelo a medias

Marlene Ribera es otra comerciante que trabajaba en la rotonda del Plan 3.000 antes del incendio. No extraña los malos olores ni la incomodidad de su caseta en donde vendía abarrotes e implementos de limpieza personal. Eso sí, extraña las ventas que realizaba en ese lugar.

“Se extraña vender más, pero poco a poco se mejorará cuando se termine por completo el mercado”, afirmó la mujer.

A unos metros del puesto amplio de la mujer, trabajadores, provistos de picotas, amoladoras y palas, mezclan cemento y  terminan los puestos que faltan de este mercado.

El bullicio incomoda a varios de los comerciantes que se trasladaron con sus puestos listos. Se quejan pues el mercado solo funciona a un 30%. Pero Rossy Colque  dice envidiar a los comerciantes que se trasladaron con el mercado a medias. “Seguiré en la calle porque de algo debo vivir”, dijo.



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