Lo que para muchos es basura, para otros es una fuente de ingresos y una oportunidad para contribuir al cuidado del medioambiente. Aunque algunas familias separan papeles, cartones, plásticos, latas y residuos orgánicos, la mayoría aún desecha todo junto. En el caso de las industrias, la disposición de estos residuos debe cumplir protocolos y normas específicas.
Rocío Yanarico extiende tiras de cartón remojado como quien cuelga ropa en un tendedero. Antes de llegar a esa etapa, las grandes bobinas son sumergidas en turriles o piscinas para desprender sus capas. Luego, el material es separado, secado al sol y almacenado en bolsones con capacidad de 150 kilos.
Rocío procura reunir al menos ocho bolsones antes de venderlos. Solo con ese volumen la operación resulta atractiva para el comprador y puede representar un ingreso significativo por el esfuerzo realizado.
El comprador suele ser un intermediario que posteriormente entrega el material a una empresa recicladora. Rocío, una de las cientos de personas dedicadas a esta actividad en Santa Cruz, explica que prefiere esta modalidad porque vender directamente a las empresas implicaría asumir el costo del transporte.
Ese gasto reduciría todavía más su margen de ganancia, pues para recuperar las bobinas de cartón de las industrias ya debe pagar por el material y contratar un camión que lo traslade hasta su depósito.
Es un oficio sostenido principalmente por mujeres. En Santa Cruz existen cerca de 20 asociaciones que conformaron la Red de Recolectores Santa Cruz, presidida por Rocío. La mayoría de sus integrantes son mujeres y madres solteras.
Solo ocho asociaciones están afiliadas a la Red Nacional de Recolectoras, en la que Rocío ocupa el cargo de vocal. Esas organizaciones reúnen a 196 personas.
Rocío aspira a presidir la entidad nacional. Su principal objetivo es impulsar una ley que reconozca formalmente a los recolectores, valore su aporte ambiental y les permita acceder a un seguro de salud.
En el ámbito departamental, ella y sus compañeros, con el respaldo de organizaciones no gubernamentales, consiguieron personería jurídica. El siguiente paso es obtener una certificación que les permita prestar servicios a más empresas.
Varias industrias exigen ese documento antes de entregar sus residuos, debido a que necesitan una garantía de que los materiales recibirán una disposición adecuada.
Pero, los recolectores también deben enfrentarse al desconocimiento y la discriminación. Algunas personas creen que escarban la basura o los confunden con ciudadanos en situación de calle, cuando en realidad buscan recuperar materiales .
Rocío recuerda que recibió insultos durante sus recorridos. Ana Valeriana y Karina Yanarico vivieron experiencias similares, aunque aseguran que estas situaciones son ahora menos frecuentes. Ambas hablan con orgullo de su trabajo y del aporte que realizan al medioambiente. Además de recolectar, enseñan a las familias a separar sus residuos. Karina comienza su jornada a eso de las 6:00, antes de que el sol sea demasiado intenso. Trabaja hasta las 10:00 u 11:00 y luego lleva lo recogido hasta el punto de acopio, donde descarga y clasifica los materiales recolectados.
En esos centros también deben esperar hasta reunir un volumen suficiente para venderlo a los intermediarios. El ingreso depende de precios que cambian siempre.
Actualmente, el kilo de cartón y papel vale unos 50 centavos, mientras que el plástico alcanza aproximadamente Bs 2. El aluminio es el material más cotizado: las latas de bebidas pueden venderse hasta en Bs 22 por kilo, aunque cada vez es más difícil hallarlas porque muchas personas conocen su valor.
Ana también recorre las calles empujando su carrito. Con apoyo de empresas privadas y ONG, entrega bolsas en los hogares de su zona para que las familias separen y acumulen sus residuos. Los vecinos también disponen de números telefónicos para solicitar que los recolectores pasen a recoger el material.
Adolfo Julio Vaca cuenta con un motocarro, lo que le permite transportar mayores volúmenes y residuos más pesados. Lleva 15 años en el oficio, al que dedica varios días por semana y que combina con otra actividad laboral.
Rocío, Ana y Karina también tienen segundos trabajos. La recolección no puede realizarse todos los días, especialmente cuando llueve. Además, cuando bajan los precios de los materiales, prefieren almacenarlos y esperar una recuperación que les permita una ganancia justa.
Su trabajo transcurre entre carritos, bolsones, depósitos y largas caminatas. Con pocos recursos y todavía sin suficiente reconocimiento, estas personas recuperan materiales, sostienen a sus familias y evitan que una parte de los residuos termine contaminando la ciudad.