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“Maestros” de vida en aulas: La vocación de servir a los más vulnerables, los niños

Domingo, 07 de junio de 2026 a las 07:44
Fotos: Fuad Landívar y Ricardo Montero

Cada 6 de junio se celebra en Bolivia el Día del Maestro. Los educadores recibieron el reconocimiento de sus estudiantes durante esta semana. Tres profesores comparten sus experiencias en las aulas

“Es mi último año como maestra”, dice con nostalgia Deysi Mercado, que lleva  casi medio siglo dedicada a la educación. Desde 1981 enseña Matemáticas en el colegio Fe y Alegría Aniceto Arce, adonde llegó directo desde Sanandita, Yacuiba. 

“No existía una escuela Normal, por lo que ingresé a la universidad de Tarija para estudiar Auditoría. Cuando cursaba el tercer año se abrió la Normal en Sucre y decidí trasladarme allá”, relata. 

Una vez concluyó sus estudios, trabajó algún tiempo en Sanandita, pero luego se vino a la capital cruceña para ser maestra de Matemáticas del nivel secundario. 
Al inicio de su carrera, enfrentó varias dificultades, ya que en el Aniceto Arce no existía el nivel secundario. 

“Lloré los primeros 15 días que ingresé a este colegio”, admite, pero asegura que su vocación la hizo permanecer y seguir adelante. Fue una de las primeras en exigir la habilitación del nivel secundario en la unidad educativa. Demoraron dos años para conseguir ese objetivo. 

Llegó con 26 años al colegio y ahora tiene 71. “Tenía muchachos a los que dedicaba el recreo entero para explicarles lo que no comprendían”, manifiesta. Admite que las Matemáticas no siempre son fáciles para todos los estudiantes. “Tengo a mi cargo adolescentes, una etapa complicada de la vida y doy la materia más odiada”, destaca entre risas. 

Pese a ser ‘la profe’ cuya materia es considerada una de las menos preferidas, ella es muy respetada y admirada por sus estudiantes y exalumnos. “Han pasado generaciones por estas aulas y ahora muchos son profesionales, hombres y mujeres formados en diferentes áreas y solo por eso no me arrepiento de haber elegido esta profesión”, remarca.

El gusto de verlos aprender

Otros reciben en sus aulas a los pequeños.  Para Marizabeth Palenque no hay satisfacción más grande que ver a sus alumnos aprender a leer y escribir. De sus 56 años de vida, 30 se ha dedicado a la educación  en el nivel primario.  “Solo un año me dieron cuarto y quinto de primaria; después siempre me dieron primero básico”, cuenta esta maestra del colegio San Carlos. 

Su carisma, pero sobre todo su paciencia, le ayuda a enseñar a los niños.  “Somos como sus papás en el aula, aquí no solo los vemos, los observamos, analizamos y tratamos de acuerdo al carácter y temperamento de cada uno. Ningún niño es igual a otro, cada cual tiene su particularidad y eso es lo que debemos aprovechar para enseñar”, señala. 

Sin embargo, la profesional admite que no todo es color de rosa. Enseñar tiene sus sacrificios y sus retos. La tarea de los profesores no termina cuando los chicos se van a sus hogares, porque tienen que seguir activos revisando los exámenes, las tareas y la planificación para la siguiente clase. 

“Como maestros, tenemos la responsabilidad de enseñar no solo conocimiento, también valores y principios en esos pequeñitos, que son como una esponja a la edad que ingresan a las aulas”, apunta Marizabeth. 

Cuando ingresó a la Enrique Finot ya tenía cinco hijos, dos de ellos eligieron la enseñanza. 

El maestro es ejemplo

Gonzalo Calzadilla, del colegio Nuevo Horizonte, considera que el ejercicio de su profesión no solo es una responsabilidad dentro del aula, porque “somos ejemplo para la sociedad”. 

Su historia se remonta a cuando su madre era portera de un colegio y él, con tan solo 7 años, prefería estar en la dirección revisando los libros que llegaban para los profesores. “Mi mamá tenía todas las llaves del colegio y cuando todos se iban, yo me metía a la Dirección y revisaba los textos de historia, geografía, educación cívica. Me gustaba ver los dibujos y leer”, afirmó.  “Mi hermano me hacía explicarles los temas, yo le enseñaba y él sacaba buenas notas”, dijo, orgulloso. 

Luego ingresó al servicio militar y “allí había muchachos de la misma edad que no sabían leer ni escribir. Nuestros superiores nos exigían que por lo menos les enseñemos a firmar”. 

Su padre quería que continúe en la carrera militar, pero prefirió la Normal. “Muchas cosas han cambiado. Entre las principales, el uso de la tecnología; que, para mí, continúa siendo un reto que debemos asumir como educadores”, puntualiza. 
 

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