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Clasificados

Abundan las casonas en venta y alquiler en el centro cruceño, reflejo del abandono

Lunes, 13 de julio de 2026 a las 06:00
FOTO: RICARDO MONTERO

Propietarios e inquilinos abandonan del corazón de la ciudad y dejan gran cantidad de locales y edificios vacíos. Los servicios básicos son más caros en el centro que otras zonas. La inseguridad y falta de incentivos también ahuyentan a los residentes 

En plena calle Sucre, a pocos pasos de la plaza 24 de Septiembre y justo frente al edificio del Concejo Municipal, las enormes letras de “casa en venta” sobresalen sobre la fachada de una antigua casona. La pared desgastada y pintarrajeada evidencia el abandono, mientras que el techo del corredor tiene grandes huecos debido al colapso de parte del tumbado. Las persianas permanecen cerradas y los transeúntes atraviesan cada noche un pasillo sumido en la oscuridad. A un costado, un cartel del Gobierno Municipal recuerda que el inmueble está catalogado con nivel de preservación estructural y es parte del patrimonio histórico de la ciudad. 


Basta recorrer algunas calles del centro cruceño para advertir que la imagen se repite. Casonas centenarias con valor patrimonial exhiben avisos de venta o alquiler, mientras los techos se caen a pedazos.


Los letreros de “se alquila” abundan en puertas y ventanas. Algunos están desteñidos por el sol; otros son recientes, colocados por propietarios que buscan atraer inquilinos a inmuebles que llevan meses o incluso años desocupados. También resaltan los carteles de “se vende” pegados sobre edificaciones vacías y abandonadas, testigos silenciosos del progresivo éxodo de residentes y comerciantes que durante décadas dieron vida al Casco Viejo.


Son pocas las cuadras donde no hay estos avisos. Por ejemplo, en la Bolívar, entre las calles Avaroa y 24 de Septiembre, hay seis casas en venta y otros locales en alquiler, incluyendo un edificio de tres plantas. 


En la calle Arenales, en dirección a la plaza Ñuflo de Chávez, en solo cuatro cuadras hay otros seis inmuebles en venta y varios locales en alquiler. Los letreros se repiten a ambas veredas. Entre los edificios abandonados y negocios cerrados, los transeúntes se ven obligados a bajar a la calzada para esquivar un viejo camping que ocupa la acera, donde una persona en situación de calle duerme rodeada de bolsas de basura. 


Siguiendo sobre la 24 de Septiembre, antes de llegar a la Buenos Aires, un edificio entero está en alquiler. En la calle Ayacucho, a dos cuadras de la plaza principal, hay cuatro locales vacíos.


Al pasar por la Mercado, el ambiente se torna inseguro, porque hay luminarias apagadas en esta intersección.


Siguiendo el recorrido por la René Moreno, entre Mercado y Pari, se pueden ver locales vacíos y salta un letrero de una inmobiliaria que anuncia un edificio en venta.  En la Sucre, esquina Tarija, hay otro inmueble está en oferta, como ocurre en otras calles.


La situación golpea a quienes durante años apostaron por el centro para desarrollar sus actividades económicas.


“Tuvimos que cerrar el negocio después de quince años de trabajo”, cuenta don Manuel, un antiguo comerciante de calzados. La disminución de clientes, la inseguridad y el deterioro del entorno terminaron por hacer insostenible el emprendimiento.

Servicios caros


María alquiló algunos meses en la calle Arenales, ocupando parte de una casa antigua. Sin embargo, decidió cancelar su contrato por la inseguridad y porque notó que los servicios básicos son más caros que el propio alquiler.


Pagaba Bs 1.800 mensuales por el alquiler y más de Bs 2.500 por los servicios de agua y luz. “La energía eléctrica es lo más caro”, dice María, al señalar que también la alejó del centro porque muchos de los corredores sirven de dormitorio para gente en situación de calle y por los malos olores de la orina y heces fecales afuera de los edificios.


“Todos los días hay que lavar la acera porque la orina es insoportable, a veces vemos restos de vómitos”, dice. 


El representante de los propietarios del centro cruceño, Guido Landívar, señala que muchos negocios se van de la zona porque nuevos centros comerciales en otros sectores ofrecen mejores condiciones, mientras que el centro sufre inseguridad, caos y los servicios básicos son caros. 


Por ejemplo, conoce del caso de un propietario con una persona encargada de las labores del hogar que paga Bs 1.500 de luz y de Bs 200 de agua por la categorización del sector, cuando en otras zonas es mucho más barato.  “No es fácil vivir en el centro, por eso la gente no aguanta y prefiere irse a una vivienda en otro lado donde paga Bs 300 mensuales de luz y ahorra más de Bs 1.000”, afirma el arquitecto.


Hace notar que, por el abandono, los precios de venta y alquiler de los inmuebles han caído drásticamente. Anteriormente el metro cuadrado para la venta estaba entre 800 y 1.000 dólares, pero que actualmente su precio ronda los 500 dólares. Asimismo, afirmó que los alquileres han registrado una fuerte disminución, porque una oficina que antes se alquilaba por unos 800 dólares ahora se arrienda por  300 dólares.


“Lo más triste es que las alquilan, pero a los tres meses se salen, porque los corre la inseguridad”, lamenta. Agrega que el “éxodo de propietarios” no solo se debe a la caída en los precios de los alquileres y de los terrenos, sino también a la falta de planes de revitalización el centro.


No obstante, asegura que, pese estas condiciones, hay quienes no pierden la esperanza en que  todo mejore, por eso muchos hacen el esfuerzo y siguen construyendo, y reformando casas.


Percy Vargas, presidente del Colegio de Arquitectos de Santa Cruz, hace notar que mientras los distritos periféricos de la ciudad crecen a tasas aceleradas, la densidad poblacional del Distrito 11 (centro cruceño) ha caído críticamente de acuerdo a los últimos datos del INE, situándose actualmente por debajo de los 50 habitantes por hectárea, una cifra muy alejada de la media urbana ideal para la sostenibilidad. 


“Las nuevas generaciones ya no habitan las antiguas casonas familiares, lo que genera una lenta degradación por el abandono progresivo de inmuebles. De hecho, se estima que entre un 15% y un 20% de las edificaciones catalogadas o de valor histórico en el primer anillo se encuentran total o parcialmente desocupadas, deterioradas o con letreros de venta y alquiler de larga duración”, dice. 


La saturación de las calles con más de 70 líneas de micros, la falta de transporte alternativo y la contaminación visual causada por la maraña de cables aéreos, termina por destruir las condiciones básicas de habitabilidad e imagen urbana, empujando a los usuarios hacia nuevas centralidades más competitivas.

Responsabilidad compartida


El arquitecto Jery Dino Méndez, exdirector del Centro y Patrimonio Histórico y uno de los impulsores de la recuperación de esta zona, coincide en que la creciente cantidad de inmuebles en venta o alquiler refleja una problemática más profunda que la simple dinámica del mercado inmobiliario.


“Cada nuevo letrero de se vende o se alquila es una señal silenciosa de que nuestra ciudad está perdiendo parte de su memoria y de su identidad”, sostiene.


Según Méndez, el centro enfrenta un proceso sostenido de deterioro. “La falta de incentivos para conservar y rehabilitar el patrimonio cultural y arquitectónico, la disminución de la actividad económica y residencial, el abandono del espacio público, la inseguridad y la ausencia de políticas permanentes de revitalización han llevado a muchos propietarios a marcharse o a renunciar a seguir invirtiendo en sus inmuebles”, dice.


Apunta como paradójico que los propietarios, que son quienes asumen la conservación de las edificaciones, tengan más obstáculos que estímulos. 


Considera que la protección del patrimonio no puede recaer únicamente en los dueños de los bienes, sino que debe ser responsabilidad compartida entre el municipio y la sociedad. En ese sentido, plantea dar incentivos tributarios, facilitar el acceso a financiamiento para obras de rehabilitación, simplificar los trámites administrativos y brindar asistencia técnica para la conservación de los edificios.


A su vez, el arquitecto Vargas ve necesario que la normativa urbana acompañe activamente el desarrollo de la ciudad y no sea un freno burocrático para su transformación. “En el caso del centro, el Código de Urbanismo y Obras no representa necesariamente un obstáculo insalvable, siempre y cuando su aplicación erradique los trámites excesivamente lentos y favorezca propuestas arquitectónicas y urbanísticas innovadoras, capaces de devolverle el dinamismo al sector sin perder de vista el valor patrimonial del área”, manifiesta.

El desafío de recuperar la vida en el sector

 

El arquitecto Jery Dino Méndez, exdirector de Centro y Patrimonio Histórico, considera que la preservación de inmuebles ya no es suficiente para revertir el deterioro del Casco Viejo. A su juicio, el principal desafío es devolverle vida mediante una estrategia integral que permita atraer a los residentes, emprendedores, estudiantes y visitantes.


Méndez sostiene que se necesitan políticas públicas que articulen incentivos a la inversión, conservación del patrimonio, programas de vivienda, promoción cultural y turística, movilidad sostenible, seguridad ciudadana y recuperación de espacios públicos. Para ello, considera fundamental una alianza entre el Gobierno Municipal, el sector privado y la ciudadanía. “Ya no basta con conservar edificios; debemos recuperar la vida del centro”, afirma.


Recuerda que muchas ciudades han logrado convertir sus centros históricos en motores de desarrollo económico, cultural y turístico gracias a una planificación sostenida.
Plantea la necesidad de contar con una instancia técnica especializada para planificar y promover la recuperación integral de esta zona.


Percy Vargas, presidente del Colegio de Arquitectos de Santa Cruz, señala que la revitalización del centro histórico requiere un cambio de enfoque en la forma de habitar las manzanas del polígono histórico, promoviendo incentivos fiscales concretos y planes de inversión pública estratégica. “Es indispensable aplicar incentivos tributarios agresivos, como una reducción temporal del impuesto a los inmuebles de hasta un 50% por un periodo de 3 a 5 años para aquellos propietarios que decidan restaurar las construcciones patrimoniales o edificar proyectos de vivienda multifamiliar de densidad media”, dice. Agrega que estas acciones deben ser acompañadas de forma obligatoria por un plan que reduzca al menos un 40% el volumen de micros que saturan el núcleo histórico. 


Al respecto, la Alcaldía ha tenido reuniones con instancias técnicas para abordar aspectos relacionados con el centro histórico. 

OPINIÓN: "Urge que se aplique un plan de recuperación" /Urbanista Fernando Prado

 

Hace unos 30 años todos los centros históricos entraron en crisis: el comercio las instituciones y las inmobiliarias abandonaban los centros históricos. 


Las razones eran obvias: la tierra del centro era cara y en las zonas suburbanas había tierra barata, buenas comunicaciones y gente que se había ido a vivir a los suburbios. Los centros históricos se tugurizan.


Surgen así los malls o centros comerciales que acogen a las grandes empresas que necesitan mucho espacio y grandes estacionamientos como atractivo, además de paseos peatonales seguros que el centro de la ciudad ya no ofrece. El centro se vacía y las inmobiliarias hacen grandes negocios sobre todo por valorización de la tierra.


Esta situación empujó a países como Ecuador, Colombia, Chile y otros a recuperar sus centros, pero cambiando y/o potenciando sus funciones: el centro ya no un centro comercial genérico, sino una zona especializada de la ciudad que aprovecha factores subjetivos, históricos, culturales y de identidad, y los convierte en el nuevo atractivo. 


Son entonces centros de valor histórico, cultural y económico, pues logran atraer ya no a los grandes almacenes, sino a marcas sofisticadas, artesanía y boutiques que prefieren un ambiente así, más sofisticado y  no los malls.


Se produce pues un cambio: los centros son de nuevo una zona especial de la ciudad, proceso que se acelera con ventajas impositivas, fondos rotatorios para la remodelación y renovación, etc. Que hacen que el centro sea un espacio, como dice el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), “económicamente el más importante de una ciudad”. 


El centro histórico revitalizado es el complemento del plan metropolitano, es lo central, pues se maneja a esa escala.


Es urgente que Santa Cruz inicie de inmediato el plan de recuperación del centro histórico.  


El Cedure ha propuesto lineamientos muy claros, ojalá que las nuevas autoridades municipales las reciban y las pongan en marcha. 


Es urgente la formación del comité organizador para el plan de recuperación del centro histórico, tal como se hizo para la Casa de la Cultura en 1969. Es hora de organizarse. 

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