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PARA ELLAS
Sandra Parada: “No estoy hecha para el matrimonio”
La reconocida conductora de televisión abrió su corazón y habló de su vida en sus diferentes facetas como madre, mujer y profesional


19 de Septiembre de 2012 | 22:03
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FOTOS: JORGE GUTIÉRREZ y TAMBIÉN CORTESÍAS DE SANDRA PARADA

Casi sin pensarlo ingresó al mundo de la televisión hace 26 años. La reconocida conductora Sandra Parada  abrió las puertas de su casa y las de su corazón para hablar de su niñez, de su paso por el modelaje, de sus éxitos como profesional, de sus sueños, de su familia, de sus exparejas y también de sus fracasos en el amor.

Llegó un poco tarde a la entrevista porque venía de recoger a su hija Juliana (10) de sus clases de ballet. “Es que soy padre, madre y chofer de mis hijas, no hay nadie que me ayude”, se disculpó. Al entrar la esperaba la algarabía y los balbuceos de su pequeña hija Raffaela, que tiene un año y tres meses y que entre muecas le pedía que la llevara al parque. 

Artista y creativa

Acaba de mudarse a una hermosa vivienda en el condominio Las Palmas II. Es una casa superacogedora, decorada con muy buen gusto. “Yo pinté todos los cuadros que hay en mi hogar. Me encantan las manualidades, pero no me hablen de las labores domésticas. No me gusta cocinar y si barro me ampollo las manos. Puedo comer solo pan, pero  pago empleada. Solo cuido mi jardín”, contó entre risas.

No hace dietas, no es mujer de practicar deportes o ejercicios. “Soy floja, lo admito. Tengo un Orbitrek al que nunca me he subido”, agrega. Nunca se haría una liposucción porque las cirugías le dan miedo, pero dice que en algún momento de su vida se levantaría las cejas y no le haría lance al botox.

Se nota que es una mujer batalladora, de temple y, sobre todo, muy profesional. Prácticamente sola, con poca o casi nada de ayuda de sus exparejas, ha sacado a sus dos hijas mayores adelante, y ahora lo está haciendo con la pequeña, aunque tiene el apoyo del papá, Rafael Roca. “Todo lo que tengo, esta casa y mi auto, me lo ha dado la televisión. No le debo nada a nadie”, enfatizó.

 

Su familia ante todo

Es muy hogareña y apegada a la familia. Reconoce que tuvo una época de desenfreno en su vida, pero que, gracias a Dios, quedó en el recuerdo. “No cambio mi familia por nada ni por nadie. Me encanta jugar cacho o cartas con ellos”, agrega.  

Asegura que en algún momento dejará la televisión y le encantaría producir programas femeninos o infantiles. No teme a los nuevos rostros de la tv, porque no compite con la belleza ni con la juventud, sino con su capacidad, experiencia y profesionalismo.

Destaca el rol de la mujer cruceña y la ve más valiente que el hombre. “Es luchadora y trabajadora. Ahora ya no se conforma solo con ser madre, esposa y amante, sino que busca sus propias metas. Se ha ganado su espacio y no porque el hombre se lo hubiera cedido”, insiste.

 

- ¿Cómo fue tu niñez?

- Fue muy modesta, muy medida. Mis padres no eran muy pudientes, les costó mucho llegar adonde hoy están. Con mi hermano mayor, Mario, pasamos un poco de complicaciones económicas, si bien nunca nos faltó nada, todo era medido. Mis padres primero eran maestros y luego mi papá fue mecánico dental. Cuando ya habíamos nacido los dos hijos mayores, estudió Derecho. El Mario Orlando exitoso, conocido y popular lo disfrutamos de grandes. Aun así fue una niñez muy privilegiada, como todos los que disfrutamos de Santa Cruz de antaño, en la calle, comiendo calucha, al aire libre. Toda la barriada salíamos a jugar, no había internet, ni celulares, gracias a Dios. 

 

- Contame sobre tu paso por el modelaje...

- Era difícil. Mi primer trabajo en el modelaje fue cuando tenía unos 13 años y mi primer pago fueron unos aros de esmeralda que los farseaba a todo el mundo. Luego comencé a trabajar con Miguel Chávez e hicimos propagandas para Paceña, Galery, Ormate y Fassil, también hice todos los documentales del Lloyd Aéreo Boliviano.

- ¿Te dio dinero el modelaje?

- Nada que ver, antes modelar era como si te hicieran un favor. Mi paso por Safipro tampoco me dio mucha ganancia, era más por amor al arte o para ganar popularidad, estar a la moda, ser la chica del momento. Mi primera plata bien ganada fue con Fassil, que tuve un contrato. Fue una bonita experiencia, porque incluso participé con mi hija María José en algunos comerciales.

Familia. Se siente orgullosa de sus padres Julita y Mario Orlando y es muy unida con sus hermanos: Mario, Paola y Diego Parada.

   - ¿Cómo fue tu incursión en la televisión y en las series?

- En el colegio Uboldi, donde estudié, éramos, junto a dos compañeras: Cristina Antelo y Jimena Parada, las artistas del curso. En el acto cívico cantamos la canción América malherida y nos invitaron a Galavisión, a un programa que conducía Erick Weisse. Mis dos amigas eran más tímidas y yo. Comencé a hablar, hablar y hablar. A los dos días me llamaron del canal para hacer un castin, con Jorge Gil. A la semana me contrataron para formar parte del programa en el que había debutado Música libre y en Arcoiris. A los meses participé en Carmelo Hurtado, El retorno, La viudita, El guitarrista del diablo, La fundación de Santa Cruz.

Luego trabajé un año en Cristal de Televisión leyendo noticias, cosa que no volvería a hacer, porque es muy rígido y yo no soy así. Después hice los feriales, los carnavaleros y otros programas. En 1996, cuando se disolvió ATB, de donde era parte el Canal 9, se creó Unitel. Ahí hice Telerritmo, Decibeles, La batidora y de ahí salí por roces con la productora. Quedé un año cesante y cuando Carlos Mesa era de PAT compré un espacio para mi propio programa ¿Sandra está?, que lo producía yo junto con mi hermano. Me fue muy bien, era dueña de mi tiempo y de mi dinero. 

 

- En el año que no estuviste en la Tv,  ¿qué hiciste? 

- Llorar y llorar... (risas). Estuve unos seis meses comiéndome mis ahorros, estaba buscando la mejor opción. Cuando el nuevo grupo compró PAT me compraron a mí también... (risas). Más de un año tardó la construcción de este canal en Santa Cruz y me pagaban mi sueldo sin hacer nada de nada, hasta que con Desirée Durán estrenamos el canal hace ya casi cinco años, con En hora buena, que comenzó con una hora y ahora estamos con tres.

 

 

1. Artista. Era, junto a dos compañeras, la artista de su curso. Su talento le dió paso al mundo de la televisión.

2. Boda. A sus 19 años se casó con el chileno Alberto de la Fuente, se divorció y se volvió a casar a sus 32, con Jhalmar Guzmán. Al poco tiempo se separó.

3. Profesión. En 2004 recibió su título de comunicadora, luego de rendir su examen de grado.

 4. Disfraz. En Unitel conducía los programas carnavaleros disfrazada.

 5. Esfuerzo. Estuvo al frente del programa Decibeles durante siete años.

- ¿Cuál es tu mayor éxito?

- El mayor éxito es la permanencia en el tiempo, los años que la gente me ha permitido estar en pantalla, prácticamente van a ser 26 años con intervalos, pero ininterrumpidos, son 16 años. Valoro que a pesar de los años de sobrexposición en la Tv, la gente me sigue aceptando y eso no es fácil. La gente puede saturarse de tu cara, de tu voz, de tus chistes, de tu risa, de todo, pero no me ha pasado todavía, prometo que cuando lo sienta me voy. Otro éxito es que todos los programas que he comenzado han sido exitosos en el país.

- ¿Y los fracasos?

- Soy de soñar poco y hacer mucho, no me gusta adelantarme en el camino, voy paso a paso. No me creo castillos de cristal porque tengo miedo de que se me rompan y vivir frustrada. De repente el único dolor grande que he sentido en mi carrera fue, en su momento, mi salida de Unitel, sufrí harto. Fue mi casa muchos años, y jamás pensé que me iba a ir, me sentía como un activo fijo del canal.

Una excelente hija, valiente y luchadora
María Julia Gutiérrez de Parada, madre de Sandra, no escatima palabras para expresar su admiración. “Es una excelente hija, cariñosa, preocupada y atenta por su padres, aunque no  es muy confidente”, señala.
Si bien se siente orgullosa del trabajo de Sandra, lamenta que le haya tocado enfrentar roles muy duros en su vida, porque no tuvo suerte con sus exparejas, sobre todo con las dos primeros, convirtiéndose en padre y madre de las niñas.
“La admiro por su valentía, su tesón y su capacidad. En su profesión ella es brillante y me siento orgullosa de ella en ese sentido”, expresa.


A su vez, Mario Orlando Parada, papá de Sandra, comenta que su hija es una persona superespecial. Destaca que nació con un don especial: el de artista. Desde niña, cuenta, siempre estaba cantando, recitando o tocando guitarra.
“Es una mujer muy fuerte a la que no la hunde nadie. Ella ha mantenido sola a sus hijas y ha salido adelante. Tiene mucho carisma, es franca, sencilla y frontal”, argumenta este orgulloso.


Asegura que siempre se destacó en las diferentes facetas de su vida, como artista, como alumna (fue la mejor de la facultad de Comunicación) y ahora como conductora. “Su programa es, de lejos, el mejor del país”, finaliza.

   “Nadie se muere por amor”  

 - ¿Y en el amor como te va?
- Cometí miles de errores. Soy muy temperamental y reaccionar rápido, después me arrepiento, pero ya es tarde. Creo y siempre creí en el amor, pero soy muy exigente, pasionista y entrego todo por amor. Cuando mi esquema emocional se desequilibra me desespero y reacciono hormonalmente. Ahora estoy sola, tratando de lidiar con esta soledad que no es de mi agrado. Siento que la vida se me escapa y no la estoy aprovechando sentimentalmente. No busco a nadie, mis hijas me llenan, aunque si pudiese retroceder el tiempo y hacer todo diferente, lo haría. Tengo serios conflictos de creer que todo debe funcionar bajo mis parámetros y a veces me complico la vida y se la complico a los demás. Me casé dos veces y no funcionó. Luego viví en pareja una relación muy linda, se acabó. Y acá estoy, nadie se muere por amor.

- ¿La diferencia de edad puede afectar una relación?
- Claro que sí. Yo era 11 años mayor que mis dos últimas parejas. Si bien Rafael es menor, es más maduro que cualquier persona, el problema es que muchas veces uno ya caminó ese trecho, superó ciertas etapas y uno no es indulgente ni comprensiva para enseñarle a vivir lo que uno ya vivió.

- ¿Te volverías a casar?
- Probablemente sí, aunque te confieso que el matrimonio ya me da miedo y no porque no sea lindo, sino porque creo que no estoy hecha para él. Tuve oportunidades y no funcionaron, quizá mi destino sea criar a mis hijas sola.

- ¿Lo que viviste en el amor es éxito o fracaso?
- Es éxito por una parte porque producto de esas relaciones están mis hijas y fracaso porque la relación terminó. No voy a negar la realidad, una se casa para siempre y si no funciona es que fracasó. Pero así soy yo, mi vida está hecha de cosas blancas, negras, transparentes o tornasoles.

- ¿Te da miedo que tus hijas te reclamen esos fracasos?
- No... mis hijas han visto el esfuerzo supremo que he hecho para sacarlas adelante. El hecho de que te vean todos los días de su vida trabajando sin descanso hace que ellas te respeten y eso cubre las otras deficiencias de tu vida. Saben que no ha sido por mala, loca o por irresponsable, sino por algo suficientemente fuerte que me obligó a estar sola.

- ¿Te arrepentís de algo?
- Claro que sí. Cuando uno comete errores y daña a alguien es necesario arrepentirse y pedir perdón

- ¿Sos feliz? ¿Qué te falta?
- Medianamente feliz. Me falta la estabilidad emocional, me habría encantado que mi hija Raffaela pudiera vivir junto a su padre.

Tres lindas damitas llenan su vida
Pasaron 10 años para que Sandra, a sus 43 años, se decidiera a ser mamá nuevamente. “Ahora estoy en una etapa de mamá abuela más o menos, chocheando y permitiéndole a Raffaella lo que no hice con las otras dos”, cuenta.
La mayor, María José, que fue una reconocida gimnasta, ahora está en Argentina estudiando Medicina. Juliana cursa el quinto de primaria y, además, pasa clases de ballet.


Su último embarazo fue complicado. Después de los siete meses el bebé no creció más, en un mes y medio solo aumentó 100 gramos. Los monitoreos eran día por medio para verificar que todo estuviera bien y que no tuviera ningún sufrimiento, solo que Raffaela era chiquitita. Como no crecía, ni aumentaba de peso, vieron que era mejor que estuviera en el exterior. Nació con 2.200 gramos y 44 centímetros, pero sanita. “Tomó teta desde el primer día y ahí la tienen, toda una bala, superinteligente, brillante y fuerte”, puntualiza.


Sandra dice que las energías no son las mismas, se cansó mucho con ella. Sin embargo, tiene una sensibilidad extra con la pequeña. Puede estar muy lejos, cuando presiente que algo va a suceder, se acerca y está al borde de la cama. Siente cuando la está extrañando o está llorando.


“Iba a buscar a la bebé, pero la naturaleza me permitió tenerla de forma natural. Quería que mi vida tuviera llena de correteos, de alegrías, de ese ejercicio tan bello que es la maternidad y llegó Raffaelita, mi tercera mujer, la más malcriada de mis hijas, la más bandolera, la más mimada. Las otras han sido más tranquilas. A veces pienso que mi pequeña está siendo criada como si fuera por los abuelos. Como dicen, llegó con toda su leche”, señala.
Afirma que nunca deseó un varoncito, si llegaba, igual sería feliz, pero siente que es muy impaciente para criar varones, porque tienen otro ritmo de juego, de actividades, son más torpes y aguerridos y se estresa fácilmente. “Dios sabe lo que hace y me dio tres damitas, no tan obedientes pero tranquilas”, comenta.









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