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EL DEBER RURAL

Piña chapareña se dispara en ventas externas


Habituados a los cambios intempestivos del clima, entre aguaceros y ambientes de baños de vapor, los productores de piña y jóvenes procesadores son una ‘máquina’ para exportar


Centenares de jóvenes sub-20 trabajan febrilmente todos los días del año en las procesadoras y envasadoras de piña que operan en el trópico cochabambino

01/11/2016

El cielo se pone gris, y sin truenos anticipados derrama aguaceros momentáneos que bañan las plantaciones de fruta y los techos de teja y calamina. Luego de unos instantes queda sin rastros de nubes. Es el cielo de noviembre del trópico de Cochabamba donde abundan las antenas de TV satelital en las casas recostadas a lo largo de los caminos asfaltados y sin asfalto.

Acostumbrados al clima que se asemeja a un baño de vapor, los cosechadores de piña estiran sus brazos y mutilan con tajos certeros de cuchillo los frutos que pesan entre dos y cinco kilos. Su jornal es de 80 y Bs 90, con comida incluida, y deben recolectar y cargar a lomo un cupo de 1.000 unidades por día.

Al borde de las fincas hay montañitas de piñas pequeñas, medianas y grandes que serán exportadas en latas y enteras a Argentina, Chile, Uruguay, Italia y Costa Rica. Los camiones Nissan Cóndor y Volvo sacan las frutas y las llevan a las procesadoras y a los mercados de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz.

Desde agosto es temporada alta de zafra y llega a su fin este mes. 
Juan Alberto Lamas está en medio de su plantación de piña en la localidad de Mariposas (Puerto Villarroel), que queda a cientos de kilómetros de su natal Potosí. Con una camisa manga larga, una gorra con visera despintada y una tela que le cubre la nuca se protege del sol. Así trabaja desde hace 18 años. 

En su mano derecha empuña un pequeño cuchillo de cocina viejo con el que corta 3.000 frutos diarios que venderá en Chapare y en la urbe de Cochabamba. 
Después de escupir la hoja de coca triturada, dice que este año no exportará a Argentina ni a Chile.

Los ingenieros y técnicos del trópico explican que desde abril de este año, Argentina frenó la compra de la fruta en caja por una declaratoria de cuarentena debido a que se detectó residuos químicos en niveles fuera de norma. 

Eso provocó que las empacadoras de fruta sin procesar Unapiña, Santa Ana, San Benito y Gualberto Villarroel paren actividades hasta nuevo aviso. A principios de año cada caja de 22 kilos de piña sin procesar fue cotizada en $us 8 para el mercado argentino.

Juan Alberto es parte de los 120 afiliados a la Unión de Productores de Piña (Unapiña) asentados en Mariposas (Puerto Villarroel). 
A unos 15 kilómetros de la zona de trabajo de Juan Alberto está su amigo, también potosino, Gróver Coria, que se pasea entre sus cinco hectáreas de piña que ya cosechó en la localidad de Santa Ana. 
A diferencia de Juan Alberto, Gróver ya vendió toda su cosecha a las industrias procesadoras locales. De cada hectárea sacó unas 25.000 piñas y recibió Bs 2 por kilo.

A sus 45 años, él tiene 30 hectáreas y recuerda feliz de que hace unos años con la producción de piña en 12 hectáreas llenó 76 camiones Nissan Cóndor. Con la plata se compró una casa en Cochabamba y su primer ‘nissancito’.

Mientras los cosechadores dan tajos limpios a miles de piñas, soportando los rayos de sol que estallan en sus espaldas, el vapor que salen de las máquinas procesadoras de piña envuelven a centenares de operadores de uniforme blanco que no paran de recibir, seleccionar, trozar y hacer despachos de exportación.

Un factor que gravitó para que la exportación de piña en lata se dispare hacia Argentina, Chile, Uruguay, Italia y Costa Rica (de $us 672.961 en 2015 a $us 898.222 en 2016), es que se contrajo la producción de Tailandia e Indonesia, que son los abastecedores globales. 

Desde la Sociedad Agroindustrial de La Selva, cuyas instalaciones están en Isarzama (Entre Ríos), su gerente, Sergio Tejada, precisa que el 2015 exportaron 9.600 cajas de 12 latas cada una y este año embarcaron 30.000. “Nos quedamos con pedidos no atendidos de 30.000 cajas”, explica al proyectar que en 2017 se mantendrá la alta demanda y buenos precios.

Sentado en un sillón de cuero negro, Óscar Zambrana, jefe de planta de Bolhispania, que opera en Chimoré, coincide con Tejada. 
En 2015, según su registro, procesaron un millón de piñas que fueron a endulzar los paladares de argentinos, uruguayos y del eje central boliviano. Este año ya bordean los dos millones de piñas. La zona económica de Chapare, según el gerente de la Cámara de Exportadores de Cochabamba (Cadexco), Víctor Hugo Villarroel, tiene alto potencial y sus mercados estrella en 2017 serán Argentina y Chile. Lo que también ve es que no hay un apoyo específico del Gobierno hacia el sector piñero.

En Chapare, a más de 200 km de la oficina de Víctor Hugo, el cielo describe un preludio de aguacero. Eso no detiene los brazos sudados de los cosechadores que hacen tajos certeros a las piñas para separarlas de las plantas


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