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Las dictaduras

Yo nací en plena dictadura de Hugo Banzer. Conocí la democracia temprano, a los 6 años. Pero me acuerdo de los últimos resquicios de los gobiernos de facto. Tengo dos imágenes mentales de entonces. La primera, mi padre escuchando la radio en casa y exclamando: “se rindió Natusch”.

Luego volvió comentar en voz alta. “García Meza dice que van a bombardear la ciudad. Yo creo que por las dudas vamos a irnos a casa de mamá”. Yo me puse a llorar. Tenía cinco años.

La segunda, es tiempo después en el colegio. Mi profesora de primero básico diciéndonos en la hora cívica: “Tenemos nuevo presidente en el país. Su nombre es Guido Vildoso Calderón. A ver, repitan…”.

Nunca se me olvidó ese nombre. Fue el último gobernante militar antes de la vuelta a la democracia.

Pero algo no entendía yo. La euforia que se mostraba por la televisión, no era la misma que se vivía en mi casa. Mi familia estaba atemorizada porque era inminente la subida del “Conejo”. O sea, Hernán Siles Zuazo. Y de hecho, la impresión que yo tuve en los primeros diez años de mi vida, era que eso llamado democracia no era mejor que antes. Era decadente, pues el período de la UDP, vaya que fue traumático. Como sea, era un niño y mis prioridades eran otras cosas. Sin embargo, yo adquiría como bagaje ideológico, por supuesto, lo que escuchaba de mi familia. Y yo escuchaba a tías y amistades de mi familia cosas como: “democracia es la desgracia”, “el gobierno de Banzer fue el mejor presidente de la historia” u “ojalá se muera el conejo de mierda comunista”.

Por entonces fue que también comencé a escuchar historias de confinamiento en el Panóptico de La Paz (mi papá estuvo allá por falangista) y barbaridades del MNR, de Lucho Sandoval Morón, de Ñanderoga, los ucureños o Terebinto.

Todas estas cosas dirigieron, como no podía ser de otra manera, mi forma de ver el mundo a una ideología determinada.

Cuando viví por primera vez la experiencia democrática fue en las elecciones de 1985. En una bicicletita Caloi que tenía, recorrí todos los recintos que pude y anotaba los resultados. Influenciado por mi familia, quería que gane Banzer. Pero no sucedió así. Fue elegido presidente Víctor Paz Estenssoro y como por arte de magia, en pocos meses desapareció la hiperinflación. El “Mono” se convirtió en un héroe nacional.

De más está decir que con el transcurso del tiempo fui formando mi propia concepción de la democracia. Ahora creo que no es perfecta, que es mejor que la dictadura, la teocracia o la monarquía, pero que de ninguna manera podemos estar satisfechos con lo que hemos conseguido como sociedad y menos aún, cuando de uno y otro bando se coarta la libertad de expresión, de pensamiento y hasta de acción.

Creo que es exagerado hablar de que hoy estamos en una dictadura en Bolivia y hasta me parece una falta de respeto para quienes verdaderamente fueron víctimas de gobiernos de facto, represivos y genocidas. Pienso lo mismo incluso del gobierno del defenestrado Sánchez de Lozada. Acepto que cada gobierno es en sí mismo represivo, porque el Estado tiene que serlo y no es patrimonio de esta gestión. Pero lo que sí creo es que como ciudadanos y ciudadanas es nuestro deber contribuir a que la democracia no retroceda, avance y sea cada vez más perfectible.

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