Hace cinco años dejó de existir oficialmente Yugoslavia. Ésta es la historia de un país que no llegó a cumplir cien años, que fue un reino, fue anexado a otro país y finalmente una república que se terminó de desintegrar.
Y aún se sigue desmembrando. Kosovo es el último ejemplo. Unilateralmente, los líderes kosovares proclamaron su independencia de Serbia.
A raíz de esto, han surgido comparaciones entre ese proceso y el de las autonomías en Bolivia. El hecho de que el actual embajador estadounidense, Philip Goldberg, haya sido el jefe de la diplomacia de su país en Kosovo es para muchos, no una casualidad sino una “causalidad”.
De pronto, surge el término de la “kosovización”. Particularmente, creo que son realidades totalmente distintas, aunque para ciertos intereses internacionales puede que no lo sean tanto.
Me explico. Yugoslavia, como tal, fue la unión de pueblos con diferentes culturas, lenguas e incluso religiones. Todas estas diferencias fueron unificadas, en una primera instancia, mediante un reino, creado en 1918, sobre la base de serbios, croatas y eslovenos. Oficialmente, el 1 de diciembre de ese año asumió el rey Alejandro I, de la dinastía Karadordevic. Ahí nació el nombre de Yugoslavia, que significa “Reino de los Eslavos del Sur”.
Curiosamente, es durante la monarquía que surgen las primeras protestas contra el “centralismo” serbio. Y fueron los croatas (¡quiénes más!) los que canalizaron el descontento. El líder del Partido Campesino de Croacia, Stepjan Radic, fue asesinado y la monarquía endureció el control del reino.
El reino duró apenas 28 años. Con la transición de la Segunda Guerra Mundial, los guerrilleros partisanos del general Joseph Tito convirtieron el reino en una república socialista. El 31 de enero de 1946 se dicta la nueva constitución. Nace la república yugoslava, compuesta por Serbia, Croacia, Bosnia, Eslovenia, Macedonia y Montenegro.
Este nuevo período no llegó a cumplir 50 años. Funcionó muy bien mientras Tito estuvo al mando. El líder nacionalista, si bien era socialista, se negó a estar bajo el yugo de la Unión Soviética.
Tito murió en 1980 y los problemas llegaron de manera instantánea. El descontento de las diferentes repúblicas que conformaban la confederación se fue acrecentando hasta llegar al trágico período de desintegración, con guerras incluidas, que comenzó en 1991.
Eslovenia, Macedonia, Bosnia y Croacia fueron logrando su independencia paulatinamente. Sólo quedaban Serbia y Montenegro, formando la nueva República Federal de Yugoslavia. En Serbia, además, se encuentran las provincias autónomas de Vojvodina y Kosovo. Esta última, de mayoría de origen albanés, supone el último conflicto sin resolver. Yugoslavia dejó de existir oficialmente en 2003 para convertirse en Serbia y Montenegro, pero en 2006, los montenegrinos votaron a favor de su propia independencia. Con Kosovo parece terminar finalmente la historia, pues con Vojvodina no hay mayores diferencias, aunque quien sabe…
Ahora bien, ¿en qué se parece esta historia a la de Bolivia? Nuestro país tiene 180 años y las fronteras culturales parecen menos evidentes, como lo que sucedía en los Balcanes, pero existen y siempre existieron. Aún así, el fantasma de la escisión se pasea desde hace mucho tiempo, pero ahora con más fuerza. Continuará...