No importa que sea yo, el que me planche los pantalones y la camisa. Con tal de salir ésta noche, nada importa. Trabajar como latino indocumentado toda la semana, tiene como recompensa estar con los amigos, acompañados de unas breves y heladas cervezas.
- No estar pensando en salir, ¿verdad?, dijo con su voz de Drácula con minifalda, mi suegra.
- Si, querida suegra, le respondí con voz varonil, como esa que se usa cuando uno dice Firme! En el cuartel, saldré y no se meta!
- Se podría decir, ¿quién le ha dado permiso? Respondió socarronamente la sargento.
- Su hija, mi esposa que comprende que soy un trabajador sacrificado, que se muele los pulmones para sostener a toda una familia.
- De esta casa, nadie sale, renacuajo trasnochador. Así que ¡ni chistar!
- No quiero empezar a discutir, querida suegra.
- Claro que el tema no requiere de la menor discusión. Usted no sale y vaya directo a inspeccionar si no hay llantas usadas en el jardín o charcos de agua, porque el dengue contra taca de nuevo.
- Yo no voy a estar haciendo estas tareas, en plena noche del viernes.
- Le recomiendo no llevarme la contra, yerno de cuarta.
- Se de mis derechos y no voy a permitir que mi libertad sea coartada.
- Que cuajada ni ocho cuartos. Lo que hago, lo hago por su bien.
- No entiendo.
- Tiene que ir acostumbrándose a que las libertades ciudadanas, la democracia, el derecho a expresarse libremente irán desapareciendo como la espuma de su cerveza, cuando bebe como descosido.
- Estamos en un Estado pleno de Derecho.
- ¿De qué Derechos me está hablando? No me diga que ya tomó sus cervezas para confundir realidades. No amiguito, donde mandan los zurdos, no hay derechos!
- Querida suegra, la prueba de que esos derechos existen está en éste diálogo, que me permite decirle que es usted una metiche.
- Ja! Aproveche, porque como se viene la mano, parece que vamos a volver a esas épocas en que usted se ocultaba bajo mi cama cuando los milicos lo buscaban pa´romperle el lomo, por atrevido.
- Suegrita; esos tiempos ya no volverán.
- Ojala, porque me avergonzab verlo temblar como un mariconazo.
- Era el temor de que me separen de su hija.
- A más de demagogo, cursi el opa este. No querido, cuando no hay libertad de expresión, hay que temblar, porque no pueden encarcelar el pensamiento libre de las personas, ¿me entiende?
- No solo la entiendo. Comparto todo lo dicho, motivo por el cuál, vamos a beber juntos querida suegra, pero no me va a estar peleando como la otra vez que le emponchó un silletazo a mi amigo.
- Me estaba agarrando la rodilla el muy aguilillo pero vamos. Total mientras haya libertad, que me toquen cualquier parte.!Vamos!
- ¡Vamos!
* Diseñador doméstico a nivel literario, que ama los viernes como a su suegra