LOS Y LAS PALMERAS
Los Palmeras Es el conjunto argentino que está en capilla porque el gobierno de ese país los investiga. Su pecado fue haber compuesto un tema musical que ridiculiza a la controvertida Cristina Kichner, presidenta de ese país.
En cambio, nosotros tenemos un taquirari que se llama Las Palmeras que fue difundido por toda nuestra América por el desaparecido y talento Raúl Show Moreno, en los años 50 y 60.
Alguna gente del MAS la debe estar cantando ahora, en el mismo tono melancólico que la esposa de Santos Ramírez.
Su pecado; haber trabajado en Yacimientos. Sobre esa empresa deben estar lamentándose con la letra que dice: “Ay! Mi corazón está empezando a padecer, desde que yo te conocí mi dulce bien”. Todo empezó cuando ese dulce bien, lo utilizaron como suyo, cuando ese dulce bien, pertenece al Estado, es decir a todos los bolivianos.
Entre los implicados ya se puede hacer un coro en San Pedro. Primero era una sola voz, pero van cayendo, para dejar su vida de nuevos ricos y vestir a rayas que es la mejor forma de ver el sol a cuadros.
“Ven mi amor que quiero ser tu adoración” es otra parte de la canción que es importante subrayarla porque en medio de la corrupción, el crimen, la sangre y el dolor, no pudo estar ausente el amor. Un martriqui que no duró ni un mes. Como en Hollywood, como entre los famosos, queda para un político el recuerdo de una Luna de Miel y dos mellizos por venir y una valija con mucho dinero que no se sabe aún donde estará. Dirán que se la llevó la CIA.
El dinero es una gran tentación. Se han hecho muchas fortunas exprimiendo a este pueblo, en casi todos los gobiernos. Si no han sido los capos, lo han hecho los mandos medios. La diferencia es que, en este gobierno, se ha metido a la cárcel a los autores de la vergüenza, mientras tenemos a ladrones de cuello blanco, caminando o circulando en caros vehículos con vidrios polarizados, para que el pueblo no note que se nos están riendo en la cara.
Yacimientos era una trinchera de la reivindicación de nuestras riquezas. Fue suficiente que les den mil millones de dólares, al parecer sin control, para que los santos se vuelven pícaros y los revolucionarios en cholos con plata.
Si ocurrió eso hasta en las buenas familias, por qué no iba a ocurrir en las otras, en las humildes?
Una pena, verdad? Eso demuestra que Bolivia sigue siendo para los políticos, no un país, sino un botín, al que exprimen como calcetín.