“Hasta ahora, vamos bien” decían dos tipos iban cayendo de un andamio que se desconectó en el piso No 20 de un edificio en el que trabajaban. A veces ese optimismo es el que prima entre los bolivianos.
Ver la tele o leer la prensa, da la impresión que nuestro andamio se ha soltado y vamos en caída libre rumbo al desastre. Personalmente creo, sin embargo, que estamos en tierra firme. Lo que pasa es que nuestra capacidad de debate es muy pobre como pobres son los gobernantes y pobres son los líderes en materia de argumentaciones sólidas.
De ahí es que nos insultamos, nos sacamos los trapitos al sol, porque la luz de la sabiduría está en pocas mentes y esas, por ser sabias, a veces prefieren verse el ombligo y no meterse en camisa de once varas.
El común denominador de la gente no es así. Primero, pese a que los ánimos ascienden al rojo vivo, somos gente de paz con una vocación al trabajo lograda a machete y con un entusiasmo alegre, tan sobredimensionado, que no puedo concentrarme a escribir tranquilo porque mi vecina pone “La Vecinita” a todo volumen y no porque esté de fiesta, sino porque simplemente le importa un ovario el vecindario. Enciende su equipo a todo full y punto. Está alegre y a lo mejor, está feliz.
Eso ocurre en mi barrio (creo que adivinó y ahora ha cambiado a Leo Dan) y en todos los barrios. Todos los días del año hay fiestas en toda la ciudad y en todas las ciudades del país. No se si esa es una medición válida para decir que vemos la vida color de rosa y hasta escuchando Leo Dan, somos felices.
No se si hacemos comparaciones que nos alivian. No hay tornados que nos arrancan de gajo nuestras viviendas, ni incendios atroces que vuelven en cenizas nuestras pertenencias. No hay terrorismo ni guerrillas. Nuestros hijos, no han ido a guerra alguna, el mundo zapatea porque la gasolina tiene al capitalismo del coto, mientras acá la desperdiciamos dando vueltas en Equipe o haciendo campañas electorales tirando nuestra energía sin limitación alguna.
El costo de vida ha subido pero no faltan los churrascos. Así sea con carne de membrillo, pero siempre hay una docena de cerveza para brindar, hasta cuando no ganamos en fútbol.
Cuando era reportero, escuchaba sin falta, las predilecciones de agoreros. “de este 6 de agosto, no pasamos”, “tengo de buena fuente una noticia que lo derrocan al gorila”. Pasaban los plazos y nada o casi nada.
Partiendo de esa premisa y a riesgo de ser muy optimista, pese a que hay cosas que están color hormiga, color más o menos endémico en nuestro país, no pasan naranjas. Es cierto, nos tragamos sapos de diferente variedad, pero ese deporte nacional, el de ir hasta el borde del abismo y retrucar, parece que nos hace inmunes al desastre.
Cuando era niño, vivía en Potosí y sufrí lo que era una guerra civil. El chivo Urriolagoitia (ese era pues oligarca) les pateó el nido a los movimientistas y se armó la grande. Vi muertos en mi barrio, dispararon al patio de mi casa y dos familias pasamos encerrados tres días en una sola habitación con las ventanas cubiertas de colchones para evitar que balas perdidas encuentren alojamiento en nuestras humanidades.
Por eso, cuando escucho a alguna gente que habla de armas para sustituirlas por el diálogo, se que no saben de lo que están hablando. No hay pena más grande que matarse entre hermanos y los bolivianos, gente de paz, gente que ama su hogar y lo suyo, no se embarcarían a una aventura tan siniestra y sangría, por la sencilla razón de que nos cuesta tanto amasar nuestro pan que, para disfrutarlo, solo queremos vivir en paz.
Somos diferentes, factor que nos enriquece pero lo que si es un común denominador, pese al frío en las montañas y las hamacas en el Oriente, es que somos un país de gente que trabaja. De sol a sol, sin retacear fuerza ni voluntades.
Estas virtudes las exportamos. Esas máquinas a todo pulmón funcionan de lo lindo en varios países del exterior. Los que se fueron son nuestros mejores embajadores de la dignidad, porque si algo los distingue es que se trata de gente honesta y trabajadora.
Geográficamente, somos un mosaico de maravillas. No gasten su plata yendo a Miami de compras o ha broncearse a Cancún. Conozcan primero Bolivia y verán que es una gran nación.
Me queda muy claro que si volvería a nacer escogería Bolivia. No importa si en mis montañas o en estos llanos donde mis pies son las raíces que se enredan en la Pachamama porque como dice la canción de Charly Suárez, “no hay tierra como mi tierra”.
Ojalá que el 6 de agosto sirva para reflexionar y que el sentimiento de paz, sea revocado en la urna tricolor de nuestros corazones.
Comentarios (1)
Gracias Oso,
Palabras muy sabias. Que lindo es Bolivia. Ojalá que los bolivianos despertemos y nos pongamos a luchar. Por que si no luchamos..... el mundo avanza a mil por hora y nos quedamos atras...
Publicado por Luisa, | Agosto 13, 2008 3:23 PM
Publicado el Agosto 13, 2008 15:23