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Agosto 2008 Archivos
“Hasta ahora, vamos bien” decían dos tipos iban cayendo de un andamio que se desconectó en el piso No 20 de un edificio en el que trabajaban. A veces ese optimismo es el que prima entre los bolivianos.
Ver la tele o leer la prensa, da la impresión que nuestro andamio se ha soltado y vamos en caída libre rumbo al desastre. Personalmente creo, sin embargo, que estamos en tierra firme. Lo que pasa es que nuestra capacidad de debate es muy pobre como pobres son los gobernantes y pobres son los líderes en materia de argumentaciones sólidas.
De ahí es que nos insultamos, nos sacamos los trapitos al sol, porque la luz de la sabiduría está en pocas mentes y esas, por ser sabias, a veces prefieren verse el ombligo y no meterse en camisa de once varas. El común denominador de la gente no es así. Primero, pese a que los ánimos ascienden al rojo vivo, somos gente de paz con una vocación al trabajo lograda a machete y con un entusiasmo alegre, tan sobredimensionado, que no puedo concentrarme a escribir tranquilo porque mi vecina pone “La Vecinita” a todo volumen y no porque esté de fiesta, sino porque simplemente le importa un ovario el vecindario. Enciende su equipo a todo full y punto. Está alegre y a lo mejor, está feliz.
Eso ocurre en mi barrio (creo que adivinó y ahora ha cambiado a Leo Dan) y en todos los barrios. Todos los días del año hay fiestas en toda la ciudad y en todas las ciudades del país. No se si esa es una medición válida para decir que vemos la vida color de rosa y hasta escuchando Leo Dan, somos felices.
No se si hacemos comparaciones que nos alivian. No hay tornados que nos arrancan de gajo nuestras viviendas, ni incendios atroces que vuelven en cenizas nuestras pertenencias. No hay terrorismo ni guerrillas. Nuestros hijos, no han ido a guerra alguna, el mundo zapatea porque la gasolina tiene al capitalismo del coto, mientras acá la desperdiciamos dando vueltas en Equipe o haciendo campañas electorales tirando nuestra energía sin limitación alguna.
El costo de vida ha subido pero no faltan los churrascos. Así sea con carne de membrillo, pero siempre hay una docena de cerveza para brindar, hasta cuando no ganamos en fútbol.
Cuando era reportero, escuchaba sin falta, las predilecciones de agoreros. “de este 6 de agosto, no pasamos”, “tengo de buena fuente una noticia que lo derrocan al gorila”. Pasaban los plazos y nada o casi nada.
Partiendo de esa premisa y a riesgo de ser muy optimista, pese a que hay cosas que están color hormiga, color más o menos endémico en nuestro país, no pasan naranjas. Es cierto, nos tragamos sapos de diferente variedad, pero ese deporte nacional, el de ir hasta el borde del abismo y retrucar, parece que nos hace inmunes al desastre. Cuando era niño, vivía en Potosí y sufrí lo que era una guerra civil. El chivo Urriolagoitia (ese era pues oligarca) les pateó el nido a los movimientistas y se armó la grande. Vi muertos en mi barrio, dispararon al patio de mi casa y dos familias pasamos encerrados tres días en una sola habitación con las ventanas cubiertas de colchones para evitar que balas perdidas encuentren alojamiento en nuestras humanidades.
Por eso, cuando escucho a alguna gente que habla de armas para sustituirlas por el diálogo, se que no saben de lo que están hablando. No hay pena más grande que matarse entre hermanos y los bolivianos, gente de paz, gente que ama su hogar y lo suyo, no se embarcarían a una aventura tan siniestra y sangría, por la sencilla razón de que nos cuesta tanto amasar nuestro pan que, para disfrutarlo, solo queremos vivir en paz.
Somos diferentes, factor que nos enriquece pero lo que si es un común denominador, pese al frío en las montañas y las hamacas en el Oriente, es que somos un país de gente que trabaja. De sol a sol, sin retacear fuerza ni voluntades.
Estas virtudes las exportamos. Esas máquinas a todo pulmón funcionan de lo lindo en varios países del exterior. Los que se fueron son nuestros mejores embajadores de la dignidad, porque si algo los distingue es que se trata de gente honesta y trabajadora.
Geográficamente, somos un mosaico de maravillas. No gasten su plata yendo a Miami de compras o ha broncearse a Cancún. Conozcan primero Bolivia y verán que es una gran nación.
Me queda muy claro que si volvería a nacer escogería Bolivia. No importa si en mis montañas o en estos llanos donde mis pies son las raíces que se enredan en la Pachamama porque como dice la canción de Charly Suárez, “no hay tierra como mi tierra”.
Ojalá que el 6 de agosto sirva para reflexionar y que el sentimiento de paz, sea revocado en la urna tricolor de nuestros corazones.
Me encantan los desfiles. Las bandas militares. Los colegios marchando. Las guaripoleras. Me gusta cantar mi himno, izar la bandera y tener el corazón hecha una escarapela. No soy chauvinista, pero en el cumpleaños de mi patria, siempre recuerdo que hubo muertos para darnos un estado soberano e independiente.
Ya van a ser 200 años, desde el inicio de esas inmolaciones y justo ahora, cuando las bandas y los colegios ganaban las calles, la nueva gente de Bolivia marchaba con el estandarte del optimismo por las calles de la patria, la patria volvía a desangrarse. Nos estamos matando en cómodas cuotas mensuales porque ya tenemos nuestro agosto negro y tuvimos nuestro septiembre, nuestro octubre negros y así sucesivamente.
¿Por qué matar a nuestra propia gente? ¿Por qué tanto conflicto que nos confronta sangrientamente? Esas interrogantes, no tienen respuesta porque todos están ocupados de algo más importante que la vida de esa pobre gente: el domingo hay gran referéndum gran y hay que hacer campaña lo más rápido posible. Los muertos, muertos están, como contentos están el presidente y sus ministros en esta farra preelectoral que es toda una payasada.
La Casa de la Libertad, cuna de Bolivia se quedó vacía. El presidente con los crespos hechos, porque la soberbia no le permite decir perdón, sin necesidad de ponerse de rodillas.
La manzana uno está en ayunas. Hay toldos y tiendas con gente que pide que se devuelva la plata a sus regiones, no solo ahí sino en otros lugares del país.
Bolivia perdió en Washington por goleada y con papelón incluido pero pese a todo ello, sonó la banda. No la del buri. La que nos hace marchar, la que hace que las figuras de Bolivar y Sucre paseen por los aires, aunque esta vez con caras largas y tristes.
Sucre quiere decir “..pediré un premio a la nación, el de no destruir la obra de mi creación” y Bolivar solo sonríe como diciendo, “este no conoce este país, pese a que lo balearon sigue confiando en esta gente”.
Bolivar ve los rostros de los niños y los jóvenes y piensa “pero, hay esperanza”. Bolivar escucha el Himno Nacional y escucha su nombre y agradece. Bolivar ve el monumento que le han levantado en la avenida Irala y quiere protestar, pero disimula. “Pana, flaco era, pero mi caballo no tanto y que miércoles hace ese cañón apuntando los huevos de mi corcel”, pero no reclama nada, porque Bolivia está de fiesta. Bolivia está de luto, porque Bolivia es eso; un sándwich mixto de llanto y alegría que se adereza con discursos grandilocuentes y obviamente cerveza fría.
Hay que refundar la patria. Par ello que, por lo menos, necesitamos un curso rápido de cómo aprender a dialogar entre partes para no quedar partidos. No es muy difícil, cuando hay un poco de humildad en este concurso de arrogancias.
Si en algo hemos coincidido con mi amada suegra, es que la izquierda merece nuestro respeto y admiración.
Es por ello, que juntos, saludamos a la izquierda, esa que fue perseguida, postergada, humillada y hasta censurada pero que se impuso en una batalla, siempre desigual que la postergó y la estigmatizó. Al cumplir un año más de vida, la izquierda en todo el mundo, tiene un lugar preponderante en la vida de los pueblos.
Este manifiesto lo hacemos porque supimos que el miércoles pasado, se recuerda el día de los zurdos. Es decir de los que usan su izquierda como prioridad.
Antes los zurdos eran arrinconados. Se les amarraba esa mano para que aprendan a escribir y a comer con la derecha. Nuestros abuelos recibían chicote de su maestros trogloditas, porque ¡era mala educación usar la zurda!
Los que creían que nuestros piropos iban a la izquierda, se pelaron. Primero porque mi suegra es oligarca y no está de acuerdo y en segundo lugar porque ahora el mundo no está dividido entre derecha e izquierda, desde que en China se come Mac. Donalds y el muro de Berlín “llorando se fue”.
Como siempre estamos old fashion, es decir pasados de moda, recién surge esa corriente del pensamiento que la archivó la realidad y la sepultó el neoliberalismo. Ha resurgido una izquierda pero trasnochada que quiere nacionalizar hasta nuestros calcetines. Desconocer la importancia de la iniciativa privada, no es solamente un error, es simplemente una huevada, con perdón de la expresión.
Los chinos que nos maravillan con sus adelantos y su progreso, siguen teniendo un régimen de izquierda pero equilibra esa línea con la moderna, con la capitalista y ese contubernio, en este caso, funciona bien.
Hagámoslos los chinos. Claro que para eso, hay que ser imaginativos, trabajadores e inteligentes,. Virtudes que no son nuestra especialidad porque si nuestro país hacía las Olimpiadas, el momento de encender la antorcha olímpica se acababa el gas, los atletas no llegaban al Nido de Pájaros porque había bloqueo y los revendedores y anticucheras habrían desordenado el ingreso en los estadios.
Esa otra clase de izquierda, deben imitar los zurdos que hoy están de inquilinos en la Plaza Murillo y que se den cuenta que el país no está dividido por la izquierda y la derecha, sino por los que quieren seguir mamando del centralismo y los que quieren cobijarse bajo la sobra nueva de la autonomía. Así de simple. O mejor, así de peliaguda es la cosa, pero tenemos que tener la visión suficiente y el desprendimiento de partes, para convivir cada uno con lo suyo, pero hacerlo en paz.
No queda otra.
Entretanto quiero saludar a mi suegra que no solo es diestra, sino oligarca, pero me da la zurda en cacho.
Como era de suponer, lamentablemente, nuestros deportistas volvieron con souvenirs, fotos y una experiencia envidiable de la China. Ni una medalla de lata, ni la sombra de acercarnos a esas marcas de otras galaxias que hoy se registran en los juegos.
¿Qué más podemos pedirles, si dieron todo en un país que no les da nada para mejorar.
Ante esa otra realidad, vivimos otra clase de olimpiada. En realidad es una olímpica estupidez nacional, que ha desatado la violencia, una vez más.
Ello ha dado lugar a pruebas nunca registradas en las olimpiadas. Maratón masiva del pueblo correteado por gases lacrimógenos. Maratón masivo de la policía correteada por el pueblo. Estampida en silla de ruedas. Lucha libre con incapacitados. Lanzamiento de piedras, estilo libre. Esgrima con palos Voleibol con gases lacrimógenos.
Tiro al blanco, al indio, al negro, al camba, al colla, al chapaco y otras modalidades. Lucha libre, modalidad 1 a 100. En este estilacho medalla da caucho para los que ganaron la agresión al Comandante de la Policía, que compartió el podio ganador con quienes agredieron a los periodistas.
También tenemos, de gran aliento, la prueba de quién insulta más en menos tiempo. Modalidad; discurso mediante el cual líderes y dirigentes sacan sus esgrimas y se abren agujeros muy grandes a la coexistencia pacífica que quiere el pueblo, pero que no verá esa realidad mientras, todos, absolutamente todos bajemos el tono de la voz.
Esta disciplina, para su continuidad, será reglamentada para usar términos como chinchi, feo, malo, puff, pa’nada y otras que no sean de grueso calibre para no dañar a los entusiastas competidores.
La reina de las competencias es el bloqueo de las carreteras, deporte muy sacrificado que tiene muchos candidatos para obtener lugares en el podio, mientras el público asistente sufre callado pero contento.
En realidad esta olimpiada, es muy diferente a la de Bejín, porque la nuestra rinde homenaje a la violencia, la otra a la paz entre los pueblos del mundo. La nuestra, en sacarnos al cohete la mugre, unos a otros porque no tenemos campeones para encarar la prueba más difícil, dialogar para entendernos, porque se haga lo que se haga, para apagar esta llama olímpica, hay que culminar nuestra olimpiada con un acuerdo. Un gran acuerdo, un salto de garrocha que pase por encima de todo el odio, la violencia e inclusive, el delito vandálico que practicó judo, boxeo, karate y fútbol con la humanidad de nuestros colegas, los periodistas. * Plusmarquista en las Olimpiadas de Cacho realizadas en el billar “Paloma de la Paz”
Dear Philip: Yo era un periodista limpio, hasta que me patearon en el suelo, me arrastraron por calles polvorientas y me dejaron tirado en un charco de barro.
No es muy limpio lo que hice, pero si lo hace James Bond, ¿por qué yo no? En mis años de estudiante tenía una caserita que vendía api en la puerta de la U. Se llamaba Pastora y era tan buena, que hasta me fiaba unos pastelitos cuando los quintos no habían en los pozos profundos, pero yescas de mis pantalones.
Ella tiene ahora, una hija que es una cunumi buena pierna que trabaja en la Cancillería, quien me ha hecho resbalar copia del diálogo que sostuvieron el Canciller Choquehuanca con el Embajador de los Estados Unidos Philip Goldberg
Voy a sintetizar el diálogo, que dice, entre otras cosas:
- Dring in the cher dear Philips. (seguro quiso decir “tome asiento querido Filiberto” - Oh! Gracias brothercito (hermanito), le respondió el Embassy - Te he convocado a esta reunión para pedirte que no lo vayas a visitar al Costas en Santa Cruz. - Pero qué tiene de malo? - El es malo, insultó a nuestro Presidente. - Pero tu Presidente insulta a todos y por eso no hay paz en Bolivia. Cada vez que abre su boca, mete la pata. - Por qué pues crees que los hacemos viajar a todas partes? Ahora va a ir a Iran y a Libia, hasta que podamos organizar un diálogo, porque ya es mucho despide nacional. - No entiendo esos viajes, pero me parece bien el diálogo, por eso fui a dialogar con el Costas, usando de mis derechos.Tu presidente dialoga todos los días con el Chavez, va a Cuba y nadie le dice nada. - Pero él es pues el presidente, tiene derecho, él es el Superstar y el Costas es solo prefecto. - Yo conozco mis derechos. - Y a los de la derecha, oligarcas que nos quieren hacer caer del poder. - Eso no es cierto David y tú lo sabes hermanito. - Igual, no tienes que ir a Santa Cruz, porque además te van a meter a una comparsa, te van a hacer bailar con banda, te van a dar culipi y hacer comer masaco con sonso. - Si, todo eso me han hecho y me han dado casaca para que vaya a carnavalear con las peladingas que son muy lindas. Lo que no entendí es que me van a pringar con puchi, según me dijeron. - ¿ Ya ves? Seguro que capucha más te han dado. - No, solo eso y nada de eso tiene de malo, además Davicho yo tengo derecho de hablar con quién yo quiera, si es que este es un país democrático - Eres un terco pero, mirá, si como Embajador de los Estados Unidos en Bolivia vuelves a hablar con el Costas, el Embajador de Bolivia en Estados Unidos va a hablar con el senador demócrata Barack Obama y vas a ver al gobierno de Bush fundir bielas, hermano. - No me hagas asustar. No me había dado cuenta de eso. Esa es una jugada maestra de ajedrez. - ¿Qué es ajedrez? - Aprendé en las arrugas de tu abuela. Te dejo Davicho. - Ajedrez es una bebida como el vino. - Eso es jerez, pero salud y hasta la próxima Davicho. - No te hagas el sabio. Tú sabes por que nuestras cholas llevan sus guaguas en la espalda? - No, francamente, no se. - Porque somos bo-livianitos. Chiste es. “Gur bay dear after shave.”- Philip, Philip.- O Yes!. Philip. Saludos a tu wife y a tus childrens.
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