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Febrero 2008 Archivos

Febrero 6, 2008

MI ORURO

Invierno,1984

Si hubiera salido descalzo de mi tierra,
mis huellas se habrían marcado en sus arenales,
condominios de sales, que cobija a los quirquinchos.
Si hubiera salido descalzo de mi tierra,
mis huellas de niño se habrían perdido
detrás de la esquina que marcan los vientos.
Si hubiera salido descalzo de mi tierra,
mis huellas pequeñas se habrían borrado
en el trayecto de botas mineras
rumbo a sus cuevas de Estaño. 

Si hubiera salido en silencio de mi pueblo,
sólo una oración de pequeño balbucearía
en el Socavón; un Ave María.
Un adiós, siempre en silencio
a la Candelaria que habita y bendice
los cerros mineros,
las calles estrechas
por las que se adhieren en el tiempo,
la sombra y el recuerdo de mis buenos abuelos. 

Si hubiera dejado una semilla en mi pueblo,
habría escogido la de una magnolia
que al germinar en tierra de copajira,
se destaque a lo lejos, como un blanco pañuelo
flameando un adiós, un retorno, un reencuentro. 

Si hubiera escrito una palabra en los muros de mi pueblo,
en molde pequeño, con cariño, estaría el nombre de mi padre
que a lo lejos me enseño a amar a mi Oruro
y me legó su herencia sencilla;
de ser sencillo, como lo es la gente mi pueblo. 

Si hubiera hecho fiesta al partir, siendo niño,
hubiera invitado a un Diablo Lucifer
para que baile con su China Supay,
que rompa la piñata
y salgan de ella
la banda de música
con tantas canciones
y tantos colores
con los que, la gente de mi pueblo,
fabrica un carnaval de ilusiones,
cada año, en sus venas,
en sus calles,
en sus gargantas,
en sus brindis,
en sus coplas,
en sus gentes
siempre amigas
con sus casas
siempre abiertas. 

Si hubiera salido de Oruro en la noche,
me habría robado la luz de su faro.
Habría acampado en la puna
para enlazar con un liana
tejida de pajabravasa
muchas estrellas amigas;
cercanas traviesas y audaces
para atisbar con ellas
el sueño de las vicuñas
mecidas en las gigantes cunas
de los cerros nevados,
por donde se cuelan
canciones antiguas
con llanto y charango
con quenas de sangre. 

Si un día, retorno a mi tierra
que sea descalzo,
como el retorno de  un misionero
a su santuario,
en busca de un consuelo
llevando mil flores
que pongan en mi pueblo postergado
una chispa de colores
y el poema que en día de verano
reclamaron en su partida
los ojos de mi padre cansado.  

Febrero 11, 2008

Escolares Utiles

No quiero amargarle “el carnavalito” a nadie, pero les recuerdo que usted, que hizo bolsa su dinero en las carnestolendas, tiene que pensar ahora, en los útiles escolares.  Cada año piden más cosas, las cosas son más caras y hay que poner la cara a ésta realidad.
En unos días más, las cara de la alegría se convertirá en la cara del terror, al ver la lista que le llevarán sus pichones a la casa para que le compren sus útiles. Y no son simplemente útiles.  En mis tiempos eran seis cuadernos, un lápiz, un borrador, el libro de lectura, un lápiz bicolor rojo y azul, un compás, una escuadra, una regla y una manzana para la profe. No, ahora los cuadernos no pueden ser cuadernos solo para escribir.  Tienen que ser para lucir. No es cualquier pichanga la que exigen los chicos. En vez de la carpeta de cuero que heredábamos del hermano mayor e inclusive del padre, ahora vienen las mochilas. No son mochilas michis. Tienen que tener el color de moda, un motivo alucinante, bolsillo para el celular, un “secret” para el preservativo o la droga y otro bolsillo para el trago.


Es que una cosa son los útiles escolares y otra cosa son los escolares útiles. Estos últimos no existen. Engrosan las filas de los consumistas que nos dejan en la cochina calle, así vendamos la casaca de nuestra comparsa, porque no hay plata que alcance.


A lo mejor el gobierno hace otro bono, pero mejor ni sugerirlo porque por ahí, lo que pretende ser un chiste se convierte en un Decreto y le ponen el nombre de Bono El Chico de la Mochila o algo por el estilo.


Aparte de los útiles escolares, lo que requerimos como país son escolares útiles que el día de mañana, nos den respuestas inteligentes para solucionar nuestros problemas.


Los escolares están más desorientados que Evo en el Country. Han escuchado que las piedras tienen sexo y lo han escuchado del Canciller de la República, quien además ha declarado que en vez de leche hay que tomar mate de coca y que no hay mejor libro que las arrugas de los mayores. Mi esposa está podrida de que mis nietos la miren todo el día y me exige que le haga estirar su piel, cosa que convertirá en analfabetos a mis querubines. Si se aprende de  las arrugas lo llevo a un circo y ahí encontrarán la enciclopedia del saber, viendo las arrugas de los elefantes.


Se vienen las clases. Se necesitan escuelas. Se necesitan buenos maestros. Se necesitan buenos alumnos y se necesitan útiles escolares. Es mucho desafío para un país que vive el carnaval. No podríamos extender las fiestas hasta que coincida con la Navidad? No es solo para hacerle el quite a ese desafío, sino para que no nos tomemos de las mechas, cuando las fiestas se hayan marchado.

 

 

* Abuelo de nueve nietos, cuyos hijos lo han nombrado por unanimidad,  padrino de útiles escolares, para que pueda darle utilidad a mi bono dignidad.

Febrero 16, 2008

Historias sin Importancia

A LA MEDIA NOCHE.

 

-         ¡Hola! Escuchá bien. Tengo instrucciones del Ministerio del Interior para tomarte preso y enviarte a La Paz.

-         Perdón, ¿con quién hablo? Pregunté tímidamente, pero con la seguridad de que era una broma.

-         Con quién va a ser. ¡Con José Abraham, carajo!

Era el jefe de Policía. De tanto hacer notas como periodista éramos conocidos.

-         Hola. ¿Estás hablando en serio?, le pregunté.

-         No estoy para huevadas. No se en que lío te habrás metido, pero esta noche vamos a ir a recogerte a tu casa. Para que veas que soy tu amigo, no voy a permitir que la allanen. No quiero ver a tu mujer ni a tus hijos llorando. Te toco el timbre  y tienes 5 segundos para estar en la puerta. Estaré a la media noche.

Cuando recuerdo esa llamada, hay muchas cosas que desfilan por mi mente. Banzer era el dictador, la mano dura, si era para joder a su gobierno, no permitía que ni una mosca vuele. Se mantenía sin oposición y con especialistas en represión que disparaban primero y preguntaban después.

Llegué a mi casa, le conté a mi esposa. Preparamos un maletín, me puse una chompa y tenía enrollado un poncho, con el cual desafiaba a la gente, cuando salía en mi moto rumbo a la radio, luciendo una prenda que ni de locos, otros se pondrían.

En Radio Centro éramos un grupo de personas que trabajábamos intensamente. Poco salario y mucho entusiasmo. Sin consignas partidarias, pero haciendo una resistencia disimulada contra el gobierno para que no nos saquen la cresta. Pese a lo tibios de nuestros comentarios, la gente nos seguía, porque entrelíneas, nos animábamos a lanzar algunos dardos.

Uno de ellos, ocurrió luego de una manifestación universitaria que fue reprimida salvajemente. No podíamos dar el número de bajas, pero cada instante pedíamos sangre del Tipo O, luego del Tipo A, etcetera que obviamente era para auxiliar a los heridos que estaban en el hospital.

Estaba obscureciendo, cuando aparecieron paramilitares ebrios que tomaron la radio.

Nos arrinconaron contra la pared. Gritaban desorbitados y nosotros temblábamos aterrados.

-         ¡Nadie se mueva, carajo. Al primero que chiste le meto un plomo!!

No había quien responda. Solo nuestras respiraciones agitadas, que más parecían oraciones clamando al cielo de que no salga un tiro, flotaba en el aire, cuando hubo un apagón total.

-         ¡¿Quién apago la luz, mierdas?!

-         No, nosotros no!!

-          ¡Silencio carajo!!!.

-         No disparen por favor!

-         ¡Enciendan las luces, cabrones!

-         Parece que es un apagón en toda la ciudad, dijo alguien con voz temblorosa.

Paramilitares y radialistas, frente a frente, en medio de la obscuridad de la noche. Silencio total. De rato en rato encendían un fósforo para ver si todos estábamos contra la pared. Nadie se había movido. Cuando ese silencio, que era un calvario, se iba profundizando, sonó el teléfono y ahí, ambos bandos gritábamos.

-         ¡Contesten!

-         ¡No. No, no contesten!

-         ¡De una vez contesten!

El que estaba más cerca al teléfono lo hizo. Al otro lado de la línea se escuchó: ¿A qué hora van a dar la novela?

Volvieron las luces, el que los comandaba, igual de borracho que los demás, controló la situación, amenazándonos de que volverían a tomar la radio, si hacíamos esa clase de maniobras, porque el gobierno no admitió nunca haber herido a alguien en esa oportunidad.

 

-         ¿Dónde crees que te llevarán?, me preguntó mi esposa.

-         Seguro que será un interrogatorio y listo, le respondí nervioso esperando que suene el timbre.

-         La gente que va a esas casa de seguridad, no siempre vuelve, me dijo.

-         Si, pero yo no tengo nada. No conspiro, no soy de ningún partido político. No tendrían motivo para apresarme o deportarme.

Sonó el timbre. Nos abrazamos como si fuera la última vez y bajé las gradas de cuatro en cuatro. Tenía seca mi boca, me latían hasta los calcetines. No debía permitir que entren y bajé las gradas volando, ha entregarme.

 

Apellidaba Nuñez,  un cambita muy sencillo que trabajaba de reportero en radio San Rafael. Era uno de los que salía grabadora en mano a cosechar las noticias del día. Eramos un grupo de no más de seis reporteros que teníamos fuentes similares y si bien competíamos a morir, como simples ganapanes, obviamente compartíamos las sagradas salteñas de las ll de la mañana en Cochabamba.

Una tarde de esas, uno de mis reporteros a quién yo ya lo había observado por lo nervioso y eufórico que andaba, me dijo que iba a ingresar a la resistencia urbana del ELN. Era un muchacho que había leído a Marx y consumido paso a paso la epopeya del Che en Bolivia.

-         No te metas Carlitos. No puedes hacer una guerra con tus zapatillas de tenis frente a las metralletas de éstos. Además, ¿te vas a casar, no?

-         Si, precisamente por eso. Ella está conmigo en la lucha.

 

Cuando abrí la puerta de mi casa,  el temerario jeep rojo de José Abraham Baptista y sus boys, partía. Es decir se fue. ¡Me dejaron!

Subí a la misma velocidad que había bajado las gradas y le dije a mi mujer ¡se fueron, se fueron! y ahí me di cuenta de la importancia de ser libre.

Al día siguiente pensé que había sido una pesadilla. Aliviado retomé la rutina. Por la tarde otra vez don José:

-         Anoche te salvaste porque se cruzó un operativo. De esta noche no pasas. Ya sabes. A la hora de cagar a la gente, soy puntual. Pasaré a media noche.

-         Otra vez el maletín, la chompa y el poncho. Otra vez las lágrimas, besar a mis hijos y llorar junto a mi esposa. Llegó la media noche, el reloj de la torre del Hospicio que queda en la plaza Colón, en cuya una de sus esquinas vivía en la segunda planta, dio la una, luego las dos. Seguíamos esperando, hasta que pasados 15 minutos, otra vez el timbre, esta vez acompañado de bocinazos y yo emprendiendo mi maratón.

Recuerdo que a Nuñez lo conocí años antes, en un incidente. Barrientos había inventado el pacto militar campesino. Un pacto para corromper caciques en el valle para frenar a los opositores del general del pueblo.

Un buen día de esos, ingresaron a la plaza 14 de septiembre en camiones, armados y congestionados en chicha y cuando Nuñez, el acucioso reportero fue a entrevistar a uno de los dirigentes, lo golpearon sin más ni más. Llegamos los otros periodistas a auxiliarlo y se me salió mi siete machos y empecé a putear, reacción que me iba a agenciar un culatazo pero Jorge Solíz, que así se llamaba el dirigente campesino me dijo, “disculpá hermanito, ha sido un exceso”.

Yo reaccioné ciegamente, porque cuando le pregunté a Nuñez que le había pasado, él apenas podía hablar. Deduje que le quitaron el habla con semejante paliza. Luego supe que era tartamudo. Siniestro, no?

La tercera noche, otra vez a las 12 en punto, como películas de vampiros, mi mujer y yo, café en medio, esperando que me vayan a recoger. Sonó el timbre, bajé y los hombres se fueron. Eso se repitió casi todas las noches, por más de un mes.

Los torturadores chupaban en un boliche tarijeño cerca de mi casa y al pasar, como quién dan serenata a la corteja, me martirizaban, listo con mi poncho enrollado, esperando a que me lleven, vaya a saber dónde.

Al final, ya ni los esperábamos. El cansancio felizmente nos vencía y quedábamos dormidos, hasta que nos despierte un timbrazo y un jeep alejándose de la puerta de mi casa.

A Nuñez lo partieron en dos con una ráfaga de ametralladora. Me lo contó mi reportero Carlos, el momento de huir con su mujer.

Nunca supe más de él. Bueno, supe muchos años después. Lo encontré en la calle Ayacucho de La Paz, cuando García Meza era presidente.

-         ¡Carlos! Que alegría saber que estás vivo. ¿Y tu mujer?

-         Bien, vivimos acá en La Paz.

-         No tienen problemas con el gobierno? ¿No los están persiguiendo?

-         No, dijo sonriendo. Los dos trabajamos ahora en el Ministerio del Interior.

Después de esa metamorfosis nunca más lo vi.

Años después a José Abraham Baptista, cuando llegaba a su casa, le metieron más de cuarenta plomos en su ampulosa humanidad por hacerse el vivo con sus socios,  los narcotraficantes.

Jorge Solíz, el dirigente que metió a los campesinos a la plaza y agredieron al periodista Nuñez, fue asesinado en una emboscada en la carretera al valle, a plena luz del día, al parecer siguiendo órdenes del difundo general Alfredo Ovando Candia, presidente del país, en esos tiempos.

El segundo piso de la casa en que vivimos esas torturas a la media noche, es de un señor que tiene dos hijos. El mayor jugaba tenis todo el día, el segundo fue presidente de Bolivia. Se llama  Eduardo Rodríguez Veltzé.

Febrero 28, 2008

EL NINO, LA NINA Y EPIZANA

Volví de vacaciones. Chocolate por la noticia, porque eso, solo alegra a mis acreedores y pone los pelos de punta a mi suegra. Volví y un cielo gris me dijo que las cosas no caminaban bien por éstos barrios.

De tanto llover vi que mi gato se había encogido. Viéndolo bien, era un gato del vecino que comía de la manga del titular. Ví con mucha pena lo que el Niño primero y la Niña después, están haciendo con nuestro territorio.

En todas partes, hay gente que llora por pérdidas de vidas y pertenencias, entumecida hasta los huesos. Esos niños traviesos han destrozado mucho de lo poco que tenemos. El fenómeno que no se entiende es el de Epizana, debe ser porque no es un fenómeno natural, sino animal. Los bestias hacen noticias y los policías son las pobres víctimas de la barbarie.

A nombre de la justicia comunitaria, es frecuente que se linche a la gente. Pasa la tragedia, queda la vergüenza como país y aparecen los ofrecimientos de "investigar, de dar con los autores y aplicar la ley". Luego pasa el tiempo y nadie se acordará de los tres pobres policías.

Si son camaradas y pertenecen a una institución, cómo ésta, no les garantiza la mínima seguridad para cumplir sus funciones y terminar colgados de un árbol, luego de tanta bestialidad? El miércoles fue Epizana, anteriormente San José y así una larga lista de iniquidad, porque un gobierno incapaz e incompetente para salvaguardar la vida de sus habitantes, está más preocupado en cercar la democracia en el Congreso.

Que pena, no? El cambio y la revolución que muchos soñamos, es solo un desfile de malas noticias y mucha incapacidad. El que no sabe, habla macanas o patea pelota, el que sabe hace demagogia, el incapaz maniobra, teje, calumnia, miente o en otros casos adula y de éste festín, salen policías atrozmente masacrados, por turbas que si no hacen bloqueos, para no aburrirse, hacen justicia manchándose las manos. Ahora; de qué nos disfrazamos?

Vamos a maquillar la cosa con declaraciones, otros hablarán de justicia comunitaria y en lo que coincidiremos todos es que este país ha dejado la brújula en el pantalón equivocado y camina a la deriva, en medio de discursos, de confrontación, de ataques, porque hasta el debate ha quedado trunco porque al Congreso, heroicos cocaleros les han puesto una mordaza por el mero hecho de joder la paciencia. Bolivia cambia, rumbo a la barbarie.

Evo cumple, solo sus compromisos para sus picaditos de fútbol. Antes daba pena, ahora da miedo y una bronca mezclada con la pena que representa la muerte de esos pobres polcías.

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