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Enero 2008 Archivos

Enero 23, 2008

OBSERVATORIO NACIONAL DE MEDIOS - ONADEM

 

El Observatorio Nacional de Medios (ONADEM) inició formalmente sus labores en abril de 2006 a través de un convenio entre la Fundación UNIR Bolivia y la Asociación Boliviana de Carreras de Comunicación Social (ABOCCS) que congrega a trece universidades públicas y privadas.

El ONADEM realiza investigaciones periódicas sobre el tratamiento noticioso de tópicos sensibles que luego comparte con las redacciones de los medios para fomentar un sentido autocrítico sobre su rol en la construcción de una cultura democrática e inclusiva.

Sus tareas de monitoreo, investigación, capacitación tienen un objetivo claramente pedagógico. Contexto Entre abril de 2000 y diciembre de 2005 Bolivia atravesó un trance de marcada inestabilidad política y social. En ese lapso, se hizo evidente una triple crisis que comprendió al Estado, el régimen democrático y la lógica de gobernabilidad vigentes; todo ese conjunto fue puesto bajo cuestión y las movilizaciones populares precipitaron la caída de dos gobernantes, dieron lugar a un interinato presidencial y, finalmente, a unas elecciones adelantadas que por primera vez en la historia republicana del país llevaron al poder a un representante de los pueblos indígenas[1].

Ese fue el escenario general en que también se presentó una triple crisis en el campo del periodismo: su credibilidad, su prestigio y su profesionalismo cayeron en desgracia. Al menos hasta finales de los años noventa del siglo anterior los medios informativos estaban considerados como una de las instituciones de mayor confianza para la ciudadanía, casi siempre inmediatamente después de la iglesia católica e inclusive, como sucedió en 1996, por encima de ella.

Pero no se trató apenas de que la duda sobre la presunta transparencia que antes distinguía a los mass-media, sus dueños y operadores se extendió ampliamente, sino de que ese problema vino acompañado de la tangible pérdida de la consideración de que solían gozar los periodistas y su función al igual que del visible deterioro de sus capacidades profesionales, aspecto éste relacionado de manera directa con falencias en los procesos de su formación universitaria.

La creciente desaprobación social de que fueron objeto medios y periodistas quedó reflejada tanto en encuestas y sondeos de opinión de percepción política como en foros y debates organizados por el propio gremio periodístico. De esa forma, (i) la pérdida de profesionalidad y credibilidad del periodismo, que afecta a la convivencia democrática y daña la propia legitimidad social del sector; (ii) la falta de acceso ciudadano a información periodística de calidad y (iii) las insuficientes oportunidades de formación básica y capacitación complementaria para los periodistas del país fueron, en síntesis, los problemas principales que se llegó a identificar.

COBERTURA PERIODISTICA A LAS PROPUESTAS DISCUTIDAS EN LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE

 

Son varias las definiciones que existen sobre la Asamblea Constituyente. Gonzalo Gosálvez, por ejemplo, dice que es un espacio de deliberación abierto donde se enfrentan una serie de propuestas, ideas y convicciones, todas expresando la visión sobre la forma de Estado en el que desean vivir cada uno de los grupos sociales y regiones que están ahí representados.
Propuestas, ideas y convicciones… Ésa es la esencia de una Asamblea Constituyente y, por lo tanto, ésa debería ser la esencia de la cobertura periodística.

Es así que, luego de varios meses de funcionamiento de la Asamblea Constituyente en Bolivia, valía la pena inquirir si los periodistas la valoraron como una instancia propositiva o si sólo se quedaron en la superficie; es decir, si cubrieron la esencia, el fondo del proceso  (las propuestas presentadas), o se limitaron a los disensos relacionados con las formas.

Además, era relevante averiguar si la prensa ayudó a la construcción de una Asamblea Constituyente como espacio democrático de deliberación pacífica para la negociación y la búsqueda de consensos en procura de un proyecto que mejore la convivencia nacional.

Una investigación con ese objetivo se está llevando a cabo, auspiciada por la Fundación Boliviana para la Democracia Partidaria (FBDM) y a cargo de quien suscribe este artículo. Si bien aún no ha terminado de redactarse el informe final, se puede adelantar ahora algunos resultados.

Es un tema que se publica aquí porque va en la línea de las investigaciones que hace el Observatorio Nacional de Medios (ONADEM), que pretende contribuir a elevar la calidad periodística en vista a favorecer la transparencia y ampliación del régimen democrático participativo en el país así como el ejercicio pleno de los derechos ciudadanos a la información y la participación, según explicó Erick Torrico, su director, en la anterior columna de Medios a la vista.

Primero se dirá que, metodológicamente hablando, se siguieron los siguientes pasos: La investigadora recopiló todos los informes de comisiones a junio de 2007 y revisó cada una de las propuestas para identificar las diez más recurrentes en cada Comisión; luego, en base a diversas planillas y categorizaciones propuestas por diversos autores, analizó la morfología y el contenido de todo el material publicado en prensa entre los meses de enero y abril del mismo año.

Se escogió ese periodo por considerarlo clave debido a que en enero se conformaron las comisiones y se intensificó la realización de audiencias y la recepción de propuestas escritas, en febrero empezaron los debates de Visión de País, en marzo y abril se llevaron a cabo los encuentros territoriales, y en ese último mes empezó la sistematización de las propuestas.

Así, ha resultado interesante verificar la variedad de propuestas llegadas al seno de la Asamblea Constituyente y, paradójicamente, la mínima cantidad de ellas reflejadas en la prensa boliviana  (se habla aquí  de El Deber, de Santa Cruz de la Sierra; La Prensa, La Razón y El Diario, de La Paz; Correo del Sur, de Sucre; Opinión, Los Tiempos y La Voz, de Cochabamba;  y La Patria, de Oruro).
Los periódicos han desarrollado no más de treinta propuestas de las 210 identificadas como las más recurrentes o, lo que es lo mismo, como las que más están preocupando e interesando a la población boliviana.

Temas como el derecho humano al agua, la urgencia de mejorar la salud y la educación en las fronteras, la regulación en el uso de semillas transgénicas y productos químicos, el derecho a la comunicación y a la información, el derecho de las mujeres a ser propietarias de tierras, el derecho a un medio ambiente sano para las presentes y futuras generaciones, la priorización del agua para uso humano, la no exportación de materias primas, la especialización de los profesionales que ocupan los cargos jerárquicos en el rubro de los hidrocarburos, la reducción de 40 a 5 ó 10 años de los contratos con las petroleras, la abolición de fueros para las autoridades públicas, la creación de la Procuraduría General de la República, la ciudadanía desde el momento del nacimiento, entre otros, no ocuparon nunca la atención de los periodistas, ni para ser descritos, ni analizados y, mucho menos, interpretados.
Los periodistas centraron su atención en los temas políticos de conflicto, dejando percibir que, para ellos, lo importante es la política, pero tal como se la entiende tradicionalmente, es decir, pugnas por el poder antes que manejo del poder.

Por ello, los temas políticos tratados (autonomías, carácter del Estado, nueva configuración del Poder Ejecutivo, conformación de las cámaras legislativas, capitalidad plena), prácticamente los únicos, lo fueron desde un enfoque conflictivo. Resalta aquí que algunos que generaron escándalos mediáticos, como el de los cambios en el escudo, no fueron propuestas reiterativas de la población.

De ahí se deduce que la población boliviana tiene una agenda de prioridades que no necesariamente coincide con la que los medios impresos presentan a esa misma población. Algo preocupante.
Por un lado, puede significar que los medios están alejándose cada vez más de los verdaderos intereses y realidades de la gente. Y, segundo, que no están ayudando a la construcción de los intereses públicos en base a los cuales se debate, se argumenta, se contra-argumenta, se razona y, lo más importante, se decide.

Sin la participación de los medios, dice Pedro Santana Rodríguez, muchas necesidades de personas o grupos no logran formar parte de la opinión pública y, por lo tanto, quedan al margen de la agenda pública y de las decisiones políticas.

El énfasis en el conflicto, además, sugiere que el periodismo cubrió la Asamblea Constituyente con su óptica tradicional centrada en el acontecimiento: sólo es noticia lo anormal, lo raro, lo problemático y lo que genera suspenso.  Fue cubierta como un cónclave más, pero no como un proceso.
En ella hubo propuestas, debate, conversaciones, dilemas, diálogos, críticas y deliberaciones, pero poco de ello se vio reflejado en las páginas de los periódicos bolivianos.  De lo que, en cambio, se habló fue de las peleas, pugnas, conflictos, confrontaciones y disensos, sin mostrarlos como parte o fase de cualquier negociación, sino como resultado último.

La presente investigación ha arrojado también otros datos que aquí apenas serán mencionados. 
En el periodo enero-abril de este año, sólo el 11 por ciento de los materiales publicados desarrollaron propuestas;  el 88 por ciento consistió en noticias  (hubo muy poco uso de entrevistas y reportajes, subgéneros periodísticos que permiten desarrollar más y mejor el cómo y el porqué de los casos tratados); al ser pobres los contenidos, también lo fueron las fotos, que consistieron básicamente en tomas de constituyentes sentados, participando de una sesión; sólo el 32 por ciento de los asambleístas fueron fuente de información pero apenas la mitad de ellos lo fue más de ocho veces.
Estos últimos, es decir, quienes más hablaron de la Asamblea Constituyente fueron los voceros de los partidos que, con rara excepción, nunca se refirieron a los temas de sus comisiones, sino a consignas políticas.

Los editoriales atacaron a la Asamblea. Los artículos de opinión aclaraban lo que no se decía desde las páginas informativas.
Resulta pertinente reflexionar sobre el aporte a ‘lo público’ que están haciendo los medios. No es público lo publicable, ni lo estatal, ni lo que sucede en las calles. ‘Lo público’ es lo que construye ciudadanía y conciencia democrática.

Por Martha Paz, presidenta de la Asociación Boliviana de Carreras de Comunicación Social (ABOCCS)

QUIEN PROTEGE AL CIUDADANO DE LOS MEDIOS DE COMUNICACION?

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En Bolivia, las instituciones encargadas de velar por el ciudadano como la Policía y el sistema judicial son débiles y tienen poca credibilidad ante la población. Esta debilidad institucional ha distorsionado las funciones de la prensa boliviana, dando lugar a que suplante “el trabajo de los jueces, de los partidos, de los fiscales, de los ministros del gabinete”, como bien lo indican Raúl Peñaranda y César Rojas en Prensa y Poder en Bolivia. Es decir que, a falta de instituciones que cumplan con su papel, muchas veces los trabajadores de la información se extralimitan de su función informativa y se convierten en jueces que reparten sentencias.

En términos generales se suele defender a ultranza la libertad de prensa. Cuando ésta se ve amenazada, no faltan voces que salgan en su defensa, ya sea desde los mismos medios o desde los sindicatos e instituciones que velan por ellos. Lo que es un síntoma positivo, pues se espera que un país democrático garantice el trabajo de los periodistas, y si esto no sucediera, se tiene todo el derecho de protestar y exigir respeto por la libertad de prensa. Como fue señalado en un comunicado del ONADEM  del pasado 27 de noviembre ante las agresiones cometidas contra los periodistas en La Paz, Sucre y otros lugares, “la intención de someter al periodismo a presiones y de amedrentar a los trabajadores de la información afecta no sólo la libertad de expresión garantizada en la Constitución Política del Estado sino también el derecho de la ciudadanía a estar oportuna y bien informada”.

Mientras que los esfuerzos por proteger la libertad de prensa son necesarios y fundamentales, lamentablemente no existen esfuerzos similares para asegurar los derechos del público, que por lo general está indefenso ante los excesos de los medios de comunicación y desconoce sus derechos.

El público no sólo debe exigir que se cumpla el derecho a obtener información equilibrada, completa y fidedigna de los medios, sino que también debe demandar que se proteja el derecho de todo ciudadano a que se respete su intimidad. Es práctica común en varios medios obligar al ciudadano a prestar declaraciones no deseadas: son varios los casos de periodistas que acosan a sus entrevistados y les exigen respuestas en la calle, persiguiéndolos con el micrófono y la cámara en mano.

Muchas veces se recurre a los momentos trágicos (accidentes, desastres naturales, crímenes) para conseguir testimonios emotivos de las víctimas y sus familiares. También se aprovecha de la condición pública de ciertas personas o de la condición humilde de otras para sonsacarles sobre su vida privada (parejas, vida familiar, preferencias sexuales, problemas personales, etc.).

En ocasiones también se les quiere obligar a dar una respuesta u opinión determinada  que el entrevistado está reacio a emitir. Cuando el entrevistado, ante las preguntas reiteradas y muchas veces maliciosas de su anfitrión, ha rehusado contestar, es castigado con frases despectivas y hasta insultantes por parte de  algunos comentaristas.

Algunos periodistas, en su afán de obtener imágenes impactantes y conmovedoras, llegan a invadir espacios íntimos y vulnerables como salas y cuartos de hospital, haciendo hablar a enfermos y accidentados desde sus lechos de recuperación y aún en contra de su voluntad. Tampoco faltan los que ingresan sin autorización a casas particulares donde se están llevando a cabo funerales y aprovechan para tomar primeros planos de los familiares dolientes. También ingresan al domicilio donde ha ocurrido o está ocurriendo un hecho de violencia doméstica, tomando declaraciones a todos los participantes, incluyendo a veces a los niños involucrados. No se puede justificar de ningún modo estas acciones, puesto que son acontecimientos que pertenecen a la esfera privada de las persona.

Aunque no exista una ley que resguarde específicamente al público de los medios de comunicación, los derechos fundamentales del ser humano están garantizados por la Constitución Política del Estado (CPE) y protegidos por artículos de diferentes cuerpos legales que hacen referencia directa al derecho de las personas a la privacidad, al buen nombre, etc.  Así por ejemplo, el Artículo 21 (CPE) señala que “toda casa es un asilo inviolable; de noche no se podrá entrar en ella sin consentimiento del que la habita y de día sólo se franqueará la entrada a requisición escrita y motivada de autoridad competente, salvo el caso de delito in fraganti”. Los reporteros no tienen privilegios especiales ante la ley y, como cualquier otro ciudadano, deberían pedir permiso antes de ingresar a un domicilio privado.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, suscrita por todos los miembros de la ONU, especifica en su Artículo 12 que “nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques”. Incluso los personajes públicos como los políticos y los gobernantes tienen derecho a que se respete su intimidad, a menos que su accionar en este campo afecte de algún modo a la comunidad.

 La CPE también indica el derecho fundamental de todo ciudadano “a emitir libremente sus ideas y opiniones por cualquier medio de difusión”, entendiéndose por “libremente” que si no quiere, nadie puede obligarle a hacerlo. Es decir que toda persona, incluso la que ha sido encontrada cometiendo un hecho delictivo, tiene el derecho a no prestar declaraciones a los medios de comunicación  y no puede ser presionada a hacerlo.

Por su parte, el Código Civil, en su Artículo 16, habla del derecho a la imagen, instituyendo que “cuando se comercia, publica, exhibe o expone la imagen de una persona lesionando su reputación o decoro, la parte interesada y, en su defecto, su cónyuge, descendientes o ascendientes pueden pedir, salvo casos justificados por la ley, que el juez haga cesar el hecho lesivo”. Hay oportunidades en las que se señala a personas como “narcotraficantes”, “violadores” o “delincuentes” en los medios de comunicación sin que aún se haya probado la comisión del delito.

En estas situaciones se hace caso omiso a un principio fundamental del derecho penal moderno, consagrado en el Artículo 16 de la CPE que es la presunción de inocencia. Los medios están obligados a usar términos no acusatorios, como ser “presuntos” criminales o “acusados” de tal delito; de lo contrario están vulnerando la imagen de las personas y las víctimas pueden exigir rectificaciones públicas. En la misma línea se encuentra el Artículo 17 del Código Civil, que establece que “toda persona tiene derecho a que sea respetado su buen nombre”.

El Observatorio Nacional de Medios, en su propósito de promover un periodismo de calidad para una mejor ciudadanía, sugiere la autorregulación como la vía para evitar excesos que están dañando la credibilidad de los medios, como lo reflejan varias  encuestas de opinión. A través de este espacio también convoca a la comunidad a expresar sus puntos de vista sobre el tratamiento que recibe de los medios, para entablar un diálogo necesario que favorezca el acercamiento entre los trabajadores de la prensa y la población.

Por Liliana Colanzi, corresponsal en Santa Cruz del ONADEM. lcolanzi@unirbolivia.org

ESCRIBIR COMO PERIODISTA

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La Asociación de Periodistas de La Paz (APLP), la noche del jueves 13 de diciembre, entregó a José Harold Olmos el Premio Nacional de Periodismo 2007. Uno de los méritos que esta entidad afirmó que reconoce en Olmos es su capacidad para describir, narrar y relatar, dicho de otro modo, de escribir como periodista.

Las salas de redacción de los medios, ¡quién puede negarlo!, constituyen la mejor (no la única) escuela para aprender la competencia de escribir como periodista, pues este aprendizaje supone la capacidad de vivir como periodista y la de pensar como periodista.

Ésta es una de las razones que explican las observaciones, críticas y sugerencias que los directores de medios plantean a las universidades que ofertan carreras de Comunicación Social. Aprender a vivir y pensar como periodista en las aulas es difícil.

Los resultados de una “Encuesta sobre el Perfil Profesional de los Periodistas Formados en Universidades”, aplicada por el Observatorio Nacional de Medios (Onadem) por sugerencia de la Asociación Nacional de la Prensa (ANP), establecen que la característica más importante del perfil técnico del periodista, la mayor limitación de los egresados universitarios y la solicitud más urgente que plantean a las universidades tiene relación con la competencia para escribir con estilo periodístico.

La encuesta diseñó con los directores de medios impresos el perfil técnico ideal de los periodistas. El 50% de los encuestados indicó, en primer lugar, la necesidad de que éstos redacten con estilo periodístico, es decir, ajustándose a las normas básicas del periodismo (claridad, concisión, rigor informativo, corrección, vitalidad y rapidez), a las indicaciones fundamentales para atribuir fuente y a las técnicas para redactar citas.

Respecto de las limitaciones que perciben, el 56,25% de los encuestados señaló que se trata de la falta de competencia para redactar con estilo periodístico. Al contrario, del conjunto de virtudes que reconocen en los periodistas egresados de universidades, ninguna se relaciona con la competencia para escribir.

Sin ser la primera solicitud que plantean, el 31,25% de los directores de medios impresos demandan con concreción que las universidades enseñen la competencia para escribir con estilo periodístico. Llama la atención que el 43,75% sugiera reformar la oferta curricular y el 37,5% pida que “dejen de enseñar Comunicación Social y enseñen Periodismo”. La exigencia por perfeccionar esta competencia en las salas de redacción es evidente.

Las respuestas de la encuesta sugieren que la única manera de reconocer a un periodista es mediante una evaluación técnica de su producto o, en otras palabras, de los relatos o comentarios que escribe y que un medio ofrece a los lectores. No define, el momento que los directores de periódicos contratan a un redactor, que éste presente un título en provisión nacional ni una credencial de algún sindicato, asociación o colegio.

¿Por qué José Harold Olmos es Premio Nacional de Periodismo 2007? El maestro de ceremonias del acto de entrega de premios de la APLP leyó una muestra del trabajo de este periodista. Una nota enviada el 4 de febrero de 1992 desde Caracas (Olmos fue director de de la agencia Associated Press en Venezuela) daba cuenta de la irrupción de Hugo Chávez Frías en la política venezolana. Olmos describía y narraba con claridad y concisión aquel frustrado golpe de Estado.

La entrega de este premio, fiel a la historia de los medios de comunicación masivos, devuelve a los impresos un lugar paradigmático en la representación de algunos hechos de la realidad, especialmente en la representación de algunos acontecimientos políticos, porque escribir, y específicamente escribir como periodista, implica una actividad intelectual en la que se pone en juego actitudes/aptitudes técnico-profesionales, como las señaladas arriba, propias del Periodismo.

El Onadem, cuya preocupación esencial tiene que ver con los productos periodísticos, trabaja para contribuir en la mejora de la calidad de los discursos mediáticos. Considera que este objetivo sólo es posible con la participación, entre otros actores, de los medios afiliados a la ANP y de las carreras de Comunicación Social que la Asociación Boliviana de Carreras de Comunicación Social reúne.

Francisco Sosa Grandón
Corresponsal del Onadem en Cochabamba
fsosa@unirbolivia.org

DIARIOS Y ASAMBLEA CONSTITUYENTE: CONFLICTOS MAS QUE PROPUESTAS E INEQUIDADES REGIONALES EN LA GENERACION Y DISTRIBUCION DE LA INFORMACION

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Los conflictos que incluyeron medidas de presión  marcaron la agenda de las coberturas periodísticas de la Asamblea Constituyente (AC) relegando a las propuestas y  a los debates internos, que fueron cubiertos en mucha menor medida. Es así que la cobertura se triplicó con las movilizaciones por los dos tercios o la capitalía, respecto por ejemplo a la cobertura sobre los encuentros territoriales cuando la AC recibió propuestas de las regiones.  La agenda informativa de los grupos sociales y políticos polarizados fue similar a la que presentó la prensa sobre la AC. 

Ése es uno de los hallazgos del monitoreo “Un año de Asamblea Constituyente en la prensa boliviana” realizado por el Observatorio Nacional de Medios (ONADEM) y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). El ONADEM es una iniciativa de la Fundación UNIR y la Asociación Boliviana de Carreras de Comunicación Social (ABOCCS).

El estudio, que fue presentado públicamente en noviembre pasado, estableció además que el discurso editorial en torno a la Asamblea generó un “efecto de coordinación editorial”.

Ello quedó expresado en el hecho de que los 15 diarios nacionales examinados emitieron un discurso prácticamente homogéneo acerca de temas clave como autonomías, Estado plurinacional, asamblea originaria, visión de país, pero además en el hecho de que 12 de esos periódicos reprodujeron sus editoriales entre sí, siendo o no parte de redes mediáticas.

En general, los editoriales de los periódicos analizados criticaron que la Asamblea  Constituyente se declarara originaria y plenipotenciaria, señalaron que el tema autonómico departamental debía discutirse dentro de la Asamblea y los que tocaron el tema de autonomías indígenas mostraron su desconfianza hacia ellas. A la vez, expresaron sus temores respecto a que se agudice la confrontación y se registren hechos de violencia y pidieron un pacto social.

¿Una Asamblea importante sólo para algunas regiones?

Otro de los hallazgos relevantes de la investigación es que las noticias sobre la Constituyente se generaron en Sucre y La Paz, en un 72% y sólo en 11% y 8% en Santa Cruz  y Cochabamba respectivamente; las otras ciudades de Bolivia publicaron información sobre la Asamblea aun en mínima proporción.

En general, los bolivianos recibieron información insuficiente sobre las posiciones y las propuestas respecto a temas clave de la nueva Constitución hechas por   distintos sectores sociales y que se discutían en la Asamblea Constituyente.
                                                                                                            
Según la región donde vivían y los diarios que en ella circulaban, los bolivianos recibieron mayor o menor información sobre la AC. Los ciudadanos del oriente y el sur de Bolivia (salvo Sucre) recibieron menor información de los diarios de sus ciudades  y también fueron cubiertos en menor medida como fuentes de noticias sobre la Asamblea Constituyente en general. Para la prensa, la Asamblea fue un tema de Sucre y La Paz, fundamentalmente.
                                        
El subgénero informativo privilegiado fue el de “noticia”; comparativamente se publicaron muy pocas notas ampliadas, reportajes y entrevistas en profundidad. Por ejemplo, sumando datos obtenidos en dos semanas de conflicto ( y por tanto de gran presencia de notas informativas) se publicaron 306 noticias, 4 entrevistas y 5 notas ampliadas sobre la AC.

El debate de temas “sociales” recibió poca cobertura. La prensa no siguió una agenda que incluyera las demandas temáticas de debate de la sociedad y aportó insuficientemente a una reflexión sustentada y constructiva de los temas sociales.
                                                                                              

El estudio analizó cuantitativa y cualitativamente las informaciones publicadas en torno a la Asamblea Constituyente así como las correspondientes líneas editoriales. Para ello se trabajó con 5.520 ejemplares de diarios publicados en nueve ciudades, correspondientes a un año (del 7 de agosto 2006 al 9 de agosto 2007).


El ONADEM y las instituciones que lo sustentan consideran que la promoción del debate sustentado y plural de los temas para marcar las ideas fuerza dentro de la Asamblea Constituyente era una necesidad fundamental en dirección a contribuir en la construcción de una cultura política más democrática y responsable y por ello se propusieron analizar si los periódicos bolivianos aportaron o no al debate constructivo en torno a los temas fundamentales de la nueva Carta Magna en Bolivia.

Vania Sandoval Arenas (ONADEM). www.unirbolivia.org

 

HOMOGENIZACION Y FRAGMENTACION DE LA "DIETA" TELEVISIVA BOLIVIANA

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Conflictos sociales y políticos, protestas, accidentes, violencia y fútbol son los ingredientes básicos encontrados en la “dieta” ofrecida por 70 telenoticiosos en 15 redes de televisión cuyas imágenes muestran la “realidad” informativa del país.

Esa “dieta” constituye la agenda informativa que los telenoticiosos preparan al seleccionar, organizar y difundir determinadas noticias con una duración y horario preestablecidos.

El Observatorio Nacional de Medios realizó un estudio de la estructura de contenidos de redes de televisión nacional en La Paz, Cochabamba y Santa Cruz habiendo evidenciado que existe homogeneidad (formal y temática) y fragmentación en todas ellas, tal cual se explica más adelante.

La estructura temática televisiva tipo fue difícil de determinar debido a que no existe una regla que pueda ser aplicable a todas las redes televisivas porque el ordenamiento e inclusión de temas es condicionado y varía día a día, de red a red televisiva, de ciudad a ciudad en función de la coyuntura y la priorización noticiosa que se quiera otorgar.

Sin embargo, el análisis identificó dos tipos de estructuras una convencional y otra no convencional:

La estructura temática convencional incluyó en el inicio y el desarrollo del noticiero temas de coyuntura vinculados con temas de sociedad, política y economía; y al final se incluyó fútbol. Este modelo fue observado en los telenoticieros de La Paz y Cochabamba.

Los telenoticieros en La Paz y Cochabamba dieron similar o la misma prioridad a los conflictos sociales (56% y 49%), los accidentes (15% y 20%); la economía (11% y 11%); la política (8% y 10%);  y al fútbol (10% y 7,5%) respectivamente.

La estructura temática no convencional fue característica de los noticieros de Santa Cruz que comenzaron sus emisiones con temas de impacto (accidentes, violencia, sociedad o política) según la coyuntura; el desarrollo incluyó noticias sobre fútbol y el cierre fue variado según cada red televisiva con temas de impacto o notas humanas (exorcismo, campaña por enfermos, etc.), fútbol o de entretenimiento.

Los telenoticieros de Santa Cruz presentaron: conflictos sociales (18,5%),  fútbol (17%) y violencia (14%); les siguieron economía (12%), accidentes (8%) y notas humanas  (8%,). La política (6%) apareció en el sexto lugar junto a robos (6%).

En general, la agenda de los telenoticieros en La Paz, Cochabamba y Santa Cruz presentó una tendencia hacia la homogenización de su “dieta” informativa básica constituida preponderantemente con temas de sociedad (20%), la coyuntura política (18%); deportes (11%), economía (10%); violencia (7%) y delincuencia (4%).

La homogeneidad también fue respaldada porque el 59% de las noticias tuvieron como lugar de origen a la sede de gobierno y porque se acudió prioritariamente a fuentes oficiales en Cochabamba y La Paz (37% en cada caso). En tal sentido, la cobertura informativa demostró poca contextualización y  escaso contraste de fuentes informativas.

Por otro lado, se evidenció una fragmentación temática por la arbitrariedad en el orden de presentación de las noticias: una noticia de un gran desastre puede ser seguida de una de espectáculos; un hecho de sangre, ser seguido de los resultados del clásico local de fútbol. Combinaciones que hicieron indigesta la dieta televisiva de todos los días por la espectacularidad de lo político, la banalización los conflictos sociales, lo violento y el destaque de lo anecdótico y grotesco.

El estudio de los telenoticieros demostró que existió una fragmentación de las noticias – incluso usando varias veces la misma fuente - al presentar los hechos noticiosos  siguiendo la lógica de los episodios cortos (no siempre consecutivos) de una telenovela que provocaron vaguedad e insuficiente información para quien no siguió el desarrollo de todo un noticiero e hizo seguimiento a cada noticia.

Artículo elaborado por: Sandra Villegas T., Coordinadora Metodológica del Observatorio Nacional de Medios (ONADEM).

DE... UN TAL EVO Y EL NUEVO PERIODISMO

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¿Se practica el Nuevo Periodismo en Bolivia?, fue una pregunta que siempre se planteó la autora de este artículo desde que, hace varios años, conoció la definición del término: 

El Nuevo Periodismo es un nuevo estilo periodístico, surgido en la década de los años 1960 en Estados Unidos, “que descubre como posible  escribir artículos periodísticos, fieles a la realidad, pero empleando técnicas habitualmente propias de la novela y el cuento. Así, recurre a cualquier artificio literario, desde los tradicionales dialoguismos del ensayo hasta el  monólogo interior, o emplea muchos géneros diferentes simultáneamente (...) para provocar al lector de forma a la vez intelectual y emotiva”, dice el libro Nuevo Periodismo de Tom Wolfe, considerado uno de los padres de ese movimiento en Estados Unidos.

Con ansiedad, buscó ejemplos, para tratar de encontrar una respuesta.  Los buscó, especialmente, en las revistas dominicales de los diarios.  De todas formas, la duda permanecía.  Ahora piensa que ha encontrado un buen ejemplo de Nuevo Periodismo en Bolivia: el libro …Un tal Evo: Biografía no autorizada, de los periodistas Darwin Pinto y Roberto Navia, uno de los ‘más más’ vendidos de 2007, según el diario El Deber de fecha 30 de diciembre de 2007.

Sobre esa sospecha es que se propuso escribir el presente documento, a fin de compartir brevemente la definición, características y métodos usados por esta tendencia periodística que no siempre es bien recibida y comprendida, pero que, como señala la comunicadora y docente mexicana Maricarmen Fernández Chapou, permite leer “un texto bien escrito, tan extenso como sea necesario, tan vívido como el hecho lo amerita, tan profundo, tan honesto, tan ameno”.

Es que a veces se ven tan grises y monótonos los textos del periodismo tradicional, que mostrar algo innovador puede resultar esperanzador.  No se trata de anular los viejos pero eternos preceptos del buen periodismo  -investigación, denuncia, compromiso ético, pluralidad de voces y contenidos-, sino de “recuperar la atención de los lectores, contra el cansancio de leer en los diarios textos fragmentados y carentes de significado”  (son palabras de Fernández Chapou).

Puede resultar muy osado afirmar que Pinto y Navia se han convertido en los padres del Nuevo Periodismo en Bolivia.  No se hará eso aquí. Pero sí serán puestos como ejemplo para encender la ilusión de que habrá, de ahora en adelante, en nuestro país, la aspiración de los periodistas a escribir materiales que combinen lo mejor de la literatura (la belleza formal) con lo mejor del periodismo (la investigación).  Esa suma de factores es el Nuevo Periodismo: Contar historias, reales porque el periodismo trabaja en base a la realidad, pero con una dimensión estética y novelada, para leer igual que una novela.

Y es que Un tal Evo: Biografía no autorizada se lee así, como una novela. Lo que se cuenta allí es cierto, pero se lo cuenta bonito. ¿En base a qué recursos?  A los recursos del Nuevo Periodismo, vale decir:
Se hace una demostración del dominio técnico sobre el lenguaje. “La presencia del hombre mimado está petrificada en cada uno de los pocos recovecos de Isallavi, y son sus habitantes, aquellos que caminan agachaditos como esquivando a la muerte, los que rememoran los años dorados de cuando con él jugaban a las bolillas, con porotos, durante el desnutrido tiempo libre que les quedaba después de pastorear las llamas en las lomas peladas de aquel lugar custodiado por el gigante ojo celeste del mítico lago Poopó”(p. 6).

Se usa la construcción escena-por-escena, saltando de una a otra y recurriendo lo menos posible a la mera narración histórica. “Las largas caminatas de Evo con su padre se prolongaban hasta por un mes, cubriendo enormes distancias altiplánicas entre Orinoca en Oruro e Independencia en Cochabamba.  Allí, muchos años después, como presidente, le quebrarían la nariz en uno de sus tantos encuentros de bulbito”(p. 43).

Se crea impacto visual mediante la creación de imágenes. “Aquella vez, lleno de asombro Evito el pelotero vio a un campesino que corría envuelto en llamas dando alaridos, trastabillaba, gritaba ronco como un animal, tropezaba otra vez con sus propias piernas ciego de dolor, daba tumbos con el escándalo de un meteoro de piel chamuscada sobre la tierra siempre húmeda del Chapare y luego caía con el estrépito minúsculo de un cometa de carne y hueso” (p. 28).

Las descripciones son muy significativas y detalladas. “Y mientras el interrogatorio se hace a vista y paciencia de la familia sorprendida, los hijos lloran con la boca abierta y los ojos tapados por las lágrimas y la mugre. Asustados, desnudos, sucios, sudados, acabados de despertar encima del cuero de animal donde duermen, comidos por los mosquitos, con la piel llagada por las picaduras de insectos, con la panza grande de bichos, gritan en la oscuridad horrorizados por las siluetas hostiles y negras que corren de un lado para el otro pateándolo todo como en una pesadilla”(p. 36).

El lenguaje es muy urbano, adopta la propia jerga de los personajes. “Cinco metros más allá hay otra planta de coca con espinas.  Esta coca armada de púas no lo deja avanzar.  Si prosigue en su empeño de la cosecha en esas condiciones el Evo se va a hacer mierda las manos.  Desde chico es valiente pero no boludo.  Entre apenado y sorprendido le dice a sus compañeros Que de dónde ha salido esta coca con puntas, y ellos lo miran, se miran entre sí y se le matan de risa en la cara.  Después se componen un poco y casi con ternura le explican que en medio de los cocales siempre plantan cada cinco metros una planta de naranja para medir la longitud de los surcos” (p. 49).

Se hace uso de simbolismos. “El fuego ha marcado los cambios de ritmo en su vida  (p. 25). La vida de Evo fue iluminada no sólo por la luz del sol mortal del Chapare, sino también por el de las casuchas campesinas quemadas por el ejército erradicador de cocales y por el fuego de las minas caseras  (cazabobos) con las que la resistencia campesina volaba en pedazos a los soldados”(p. 37).

El narrador es insolente, no asume más una voz tranquila, cultivada y distinguida. “Félix tendrá suerte y mucha voluntad, a diferencia de otros mutilados que terminan pidiendo limosna en las calles, o muertos por ahí sin que nadie los reclame o los entierre como es debido. Pese a su voluntad y su suerte, igual seguirá mutilado y ciego el resto de su vida, víctima de un conflicto que nunca va a entender.  O sea, lo hicieron pedazos, le cagaron la vida sin que él sepa por qué.  “Usted dígame por qué, usted periodista, debe saber”.  Yo no sé Félix, nadie sabe hombre”(p. 35).

Y así, hay otras técnicas que hacen fluida la lectura de ese producto periodístico: los diálogos de gran realismo, el uso no convencional de los signos de puntuación y exclamación, el uso de interjecciones, gritos, palabras sin sentido, onomatopeyas, mimesis y pleonasmos, la profundidad de la información, la voz del proscenio, la fragmentación narrativa permanente, los personajes creados y, entre otros, los estímulos a la memoria de los lectores. 
Si esto es en verdad Nuevo Periodismo, ¡que sea bienvenido!

Por Martha Paz, presidenta de la Asociación Boliviana de Carreras de Comunicación Social (ABOCCS)

TANTA INFORMACION MERECERIA UNA EXPLICACION

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Informar con abundancia y explicar lo menos posible parece ser una de las constantes y tendencias generales en la oferta periodística de los diarios bolivianos, considerando las asimetrías que presentan entre el volumen y espacio de sus subgéneros noticiosos e interpretativos.

En efecto, el monitoreo de 16 diarios nacionales, de 8 capitales departamentales —excepto Cobija— y El Alto, realizado por el Observatorio Nacional de Medios (ONADEM), en 2006, mostró que la abundante presentación descriptiva e inmediata de datos —noticias— tuvo prioridad absoluta frente a la búsqueda de antecedentes, contextualización y explicación prospectiva de los hechos, por excelencia características de los subgéneros interpretativos. Concretamente, el monitoreo analizó y cuantificó, en una semana de 7 días continuos, 8.203 (76%) notas de información noticiosa y sólo 91 (1%) de interpretación. Asimetría similar se verificó entre los espacios (en centímetros cuadrados) que obtuvieron, esto es, 49% y 2% respectivamente.

Se puede concordar en que la actualidad y el interés público general son los componentes principales de la información noticiosa, engatillada por la inmediatez y la exclusividad. Sin embargo, las dos últimas parecieron imponerse a los primeros, al concentrarse la mayor parte de la oferta y producción periodística en la noticia por sobre otras formas narrativas, es decir, otros subgéneros con vocación analítica.

Esa producción y oferta concentrada repercutió, asimismo, en la poca variedad de subgéneros informativos, ya que precisamente la noticia alcanzó el 74% de frecuencia —y concentración— en relación a otros que fueron mucho menos utilizados como la entrevista (2%) o fueron casi inexistentes como la crónica (0,2%). Otras narrativas alternas apenas bordearon el 10% de frecuencia: la nota ampliada (11%) y la columna informativa (9%).  
                   
Por otro lado, dentro del escaso 1% (91 notas) de materiales de interpretación, el subgénero que articula la rigurosidad periodística (información actual, inédita y exhaustiva) con la explicación de los hechos noticiosos, el reportaje interpretativo (31%), no fue precisamente el primero, sino el segundo más frecuente. El otro subgénero que hace un ordenamiento explicativo de los hechos, trasponiendo la simple valoración —opinativa—, el análisis (21%), fue el menos ofrecido.

Entonces, casi la mitad de los materiales interpretativos, con la mayor frecuencia, fue presentada como ensayo (48%), subgénero que temáticamente no está circunscrito a la actualidad noticiosa, sino más abierto a aproximaciones literarias (sobre cultura, historia, etc.). 

La asimetría entre subgéneros de información e interpretación pudo haber sido inclusive mayor, ya que en la observación y cuantificación se incluyeron notas y materiales no noticiosos (13%, notas de sociales, entretenimiento y otros, que no son en sentido estricto subgéneros). Como dato adicional, la cantidad —y proporción— de estos materiales dobló la de las notas de opinión (6%).     

Al diagnóstico anterior se suma un  “paralelismo temático” en la oferta periodística, ya que en cada género tuvo mayor frecuencia de abordaje un tema diferente. En el caso de opinión, el tema más abordado fue POLÍTICA (29%), en interpretación el agregado CULTURA E HISTORIA (46%).

En información noticiosa, la cantidad de notas que abordaron el tema SOCIEDAD (19%, relacionado con los actores y/o intereses de la sociedad civil) fue menor a las de DEPORTES (23%). Sólo de manera agregada y conjunta las notas que tocaron los temas de interés más general (SOCIEDAD, POLÍTICA Y ECONOMÍA, 46%) pudieron sobrepasar el considerable volumen de notas deportivas que alcanzaron, así, casi una cuarta parte de la producción periodística. También en la desagregación, claramente, POLÍTICA (16%, referido a actores o acciones de carácter estatales) y ECONOMÍA (11%) fueron menos abordados que DEPORTES.

El “paralelismo” señalado, verificado como tendencia general, supuso, en suma, un desencuentro entre el esfuerzo y trabajo de los tres géneros periodísticos.   

Sería de esperar, entonces, que ese paralelismo tienda a ser superado, buscando que la interpretación se preocupe más por abordar los temas de actualidad que más afectación e interés tienen en la ciudadanía (SOCIEDAD, POLÍTICA, ECONOMÌA) y otros como TIERRA Y TERRITORIO, ECOLOGÍA Y MEDIO AMBIENTE), sin dejar de producir lo que ya se hace respecto a CULTURA E HISTORIA. Es más, en la tentativa de atenuar las asimetrías y desequilibrios, este último agregado temático (CULTURA E HISTORIA) podría tener más espacio en la información noticiosa, en la que apenas alcanzó el 6%.  

A la prensa diaria quizás no se le puede pedir, con la misma periodicidad, productos que son resultado y requieren de investigación. A esa inversión de tiempo tendría que sumarse la preparación, si no especialización, de los periodistas en el trabajo interpretativo. 

Empero, un mayor esfuerzo interpretativo puede generar la especialización requerida en la contextualización, investigación y prospección periodística. El periodista dejaría de ir detrás de la noticia y se podría adelantar a los hechos no sólo para conseguir “la pepa” (primicia), sino fundamentalmente para trazar líneas de comprensión, lo más completa posible, del hecho.

A dos años del monitoreo, se puede observar que los 16 diarios observados mantienen sus estructuras básicas de oferta y presentación periodística, es decir, su organización temática (secciones) en el interior de los cuerpos, suplementos, revistas y separatas. En todo caso, aunque con pocas excepciones, se han dado cambios y apuestas saludables como la revista “Domingo” del diario paceño La Prensa que abren otras sendas para el periodismo.

Por: Bernardo Poma
Responsable Operativo Metodológico del
Observatorio Nacional de Medios - ONADEM

PREMIOS PUBLICITARIOS

 

Casi al cierre del pasado año una institución bancaria distribuyó una variedad de premios de su propia creación a representantes de medios de difusión en algunas ciudades del país en una acción publicitaria que le acarreó un significativo rédito: la aparición gratuita de su marca en diarios, radioemisoras y canales de televisión.

Pero más allá de la eficacia alcanzada por tal estrategia de mercado cabe poner en evidencia tres lamentables aberraciones que ella trajo consigo para el mundo periodístico, a saber:

1.- La falsa generalización en que incurrió al poner en una misma bolsa, bajo el denominativo común de “periodismo” y “periodistas”, a personajes que desempeñan las más diversas tareas —no necesariamente noticiosas— en los medios y, en particular, en la TV.


2.- La confusión entre “más leído, oído o visto” y “mejor” que utilizó como base de selección de sus galardonados y que deriva en un engaño para la población.


3.- La reducida y parcial muestra estadística que le sirvió en cada ciudad para determinar quiénes debían ser premiados.


4.- La arbitrariedad de inmiscuirse en un campo de actividad que le es completamente ajeno y decidir, además, quiénes son los “destacados” en él.
En otras palabras, el show montado por el banco en cuestión, aparte de serle plenamente beneficioso en términos publicitarios, contrarió los límites y los valores del periodismo.

No es admisible, por ejemplo, que personas que solamente leen las noticias sean llamadas “periodistas”, algo tan absurdo como que alguien a quien  le dictan desde control central las preguntas que recita crea que es “entrevistador”.

Tampoco es aceptable que se suponga que una eventual mayor audiencia — preferencia circunstancial atribuible a diversos factores, como el morbo en alguna estación televisiva— sea asimilada a una “mayor calidad” o que 700 encuestados sean  considerados expresión fiel de la “opinión pública”.

En esa línea, y yendo a una situación extrema, nadie podría argumentar la coherencia de un premio a la literatura otorgado por un grupo de cirujanos o de otro que los arqueólogos quisieran ofrecer al mejor automovilista.

Sólo un diario nacional, que entendió la impertinencia y oportunismo de los citados reconocimientos bancarios, se rehusó a recibir uno. Otros medios, en cambio, acudieron presurosos a ser parte  de la falacia.

Es preocupante que las organizaciones profesionales y sindicales del periodismo no se hayan pronunciado hasta ahora sobre este tema, pues su indiferencia puede terminar avalando una nueva práctica publicitaria instrumentalizadora de informadores y medios de información.

* Por Erick R. Torrico Villanueva, Director del Observatorio Nacional de Medios

Enero 28, 2008

CANAL 7 TELEVISION BOLIVIANA: DEMOCRACIA Y CIUDADANIA

Por Jenny Ampuero.

Comunicadora Social Magíster en Desarrollo. Es profesora asociada de la Facultad de Humanidades de la UAGRM. Vicepresidente de la Asociación Boliviana de Investigadores de la Comunicación (ABOIC).

A dos años de la victoria electoral de Evo Morales Ayma y en una coyuntura de creciente polaridad política-ideológica donde los medios han dejado de ser meros canales de transmisión de información para convertirse en actores de la pugna política, cabe reflexionar sobre el accionar del gobierno en el manejo de Televisión Boliviana en Santa Cruz, principal eje de oposición del actual gobierno.    

 Frente a la centralidad del sistema privado de medios en Bolivia, en manos de grupos de poder económico y político, Evo Morales hábilmente ha comprendido desde los inicios de su mandato, la importancia del manejo de una política de comunicación estatal que le permita crear consensos para llevar a cabo sus planes de gobierno, a través de grandes inversiones principalmente en la creación de la Red Patria Nueva que aglutina a las estaciones de radio que se están instalando en todo el país, y en la modernización del canal 7, Televisión Boliviana. 

Para la gestión 2008, el gobierno ya ha anunciado que se están instalando nuevas repetidoras y  tecnología de punta para cualificar y ampliar la cobertura de este canal estatal a todas las provincias.  La televisión estatal  tiene una historia ligada  a la orientación de los gobiernos de turno, quienes, en su momento y a pesar de los ponderables objetivos que se definieron para su creación, convirtieron el canal en mero instrumento político sin participación ciudadana.

 En 1985, el Estado se aleja del ámbito productivo para jugar un rol puramente normativo y regulador en la economía nacional a través de  las diversas leyes de la República. En ese mismo proceso se incluye la citada Ley de Telecomunicaciones de 1995 y la liberalización del mercado televisivo. En consecuencia, se instalan  más de un centenar de canales, una cifra un tanto desproporcionada en relación al número de habitantes (aproximadamente 6 millones, en ese momento), los mismos que han conformado redes mediáticas y que en la actualidad han desatado una campaña abiertamente de oposición al gobierno.   

En este contexto, el canal 7 estos dos años de gobierno ha generado una rivalidad con los medios privados con programación y contenidos en oposición a los grandes consorcios mediáticos. Santa Cruz, departamento con una agenda política antagónica a los intereses del gobierno,  y con una concentración de redes televisivas manejadas por grupos de poder económicos, el canal estatal  construye la imagen política del gobierno, imponiendo una agenda política que prioriza los temas para la ciudadanía, ¿pero cuál es la percepción de la ciudadanía cruceña en relación a ENTVB?

 Estudiantes de comunicación de la UAGRM, realizaron  en noviembre de 2007 una encuesta estratificada dirigida a población adulta del área urbana. Los principales resultados confirman que la preferencia mediática es indiscutiblemente la televisión (el 65% de los encuestados), con un promedio de dos horas día y se pudo constatar que el mayor porcentaje en audiencia televisiva le pertenece a UNITEL, con un 29%, la RED UNO con un 27%, el  tercer lugar  está el canal estatal con 17% de preferencia, al igual que ATB.  Porcentajes significativos que nos muestra que el canal 7 está medianamente aceptado en la población cruceña, plaza extremadamente difícil para el gobierno de Morales.  

¿Cuál es el punto fuerte del canal estatal?  Un considerable porcentaje (29%) respondió que el informativo tiene muy buena aceptación,  un 16% prefiere  los documentales y un 16% por programas de debates.  Es evidente que la población adulta (sujetos de esta investigación) prefiere dedicarle más tiempo a ver y escuchar informativos y programas de análisis político, en lugar ver programas de entretenimiento.   

La misma encuesta reveló además, que lo que más atrae es que “es menos sensacionalista que los canales locales”, pero que –y ése es el gran “pero”- sólo responde a los intereses del gobierno (el 68% opina de esa manera).  En pocas líneas: bajo sensacionalismo, pero falta pluralismo en el tratamiento de la información.  

Un aspecto negativo es la programación en general de la ENTVB, ya que un 46% de los encuestados respondió que es muy “regionalista”  (centrada en el occidente) y un 27% califica los programas de canal 7 como  aburridos”. No cabe duda que la programación de canal 7 no es la más llamativa de toda la oferta televisiva, por lo que el 34% de la población encuestada le otorgó una calificación de 6 de una máxima de 10. 

En este sentido, el tema que se plantea como crucial es dejar la “estandarización” de contenidos a nivel nacional y regionalizar una agenda acorde a los diversos actores de Santa Cruz, con el fin que se produzca una apropiación de la ciudadanía a este espacio público, porque al fin y al cabo es el único espacio público con el que cuenta la población, frente a la mercantilización de los contenidos de las redes privadas donde los sujetos se convierten en meros porcentajes de rating.  

La democracia se construye en base a la ciudadanía y ésta sólo puede ser visibilizada desde los espacios públicos. A pesar de que la población cree que tiene mayor acceso a TVB, el 59% de los ciudadanos consultados respondieron que recurrirían a un medio privado en caso de realizar alguna denuncia por la audiencia mayoritaria de estos. 

 Estos resultados nos llevan a la reflexión que el canal estatal en la búsqueda de legitimar a la gestión gubernamental frente a la oposición del sistema privado, ha priorizado el tema político pero no ha creado espacios públicos de debate. Por tanto, el reto  en la actualidad no debe estar centrado  sólo en la modernización de  su tecnología y ampliación de la cobertura, sino que se debe establecer políticas de comunicación tendientes a la democratización de la información, no sólo en cuestión de gobierno, sino visibilizando diversos sectores de la sociedad civil, creando espacios de debate pluralistas acorde a la cultura de la región y a los intereses de diversos actores teniendo en cuenta la producción de sentido de los sujetos y diversos movimientos sociales.

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