Existen diversos escenarios. Maneras en las que las diferentes partes de un sistema pueden acomodarse. Desde un acomodo que apunta al caos hasta otro que busca el orden máximo. Aunque sea deficiente y poco exitoso, el sistema boliviano de vida existe. Está presente en cada uno de nosotros, bolivianos, chuquisaqueños, tarijeños, benianos, pandinos, orureños, cochabambinos, potosinos y paceños. En otras palabras, Bolivia existe nos guste o no.Cuando Evo Morales asumió la presidencia de la nación logró engatusar a muchos de nosotros, compatriotas. Muchos de nosotros creímos que el proyecto masista contemplaba la solución a los problemas históricos de la nación… como ser: pobreza, falta de educación, desnutrición, analfabetismo, poco acceso a niveles superiores de profesionalismo, atraso productivo, centralismo burócrata ineficiente, cero fomento a las artes, esclavismo en sectores rurales, usurpación de recursos nacionales a favor de empresas transnacionales y un muy largo, largo, largo, etcétera.Ya pasaron más de dos años de gobierno. Ya vivimos, todos, dos años en zozobra permanente. Nosotros, ciudadanos que trabajamos para sobrevivir, nos vimos de pronto ‘metidos’ dentro de un ring en el que los pugilistas disputan un poder nacional que no contempla los intereses de los ciudadanos de a pie. En otras palabras, los ciudadanos bolivianos nos hemos convertido en marionetas de masivos movimientos regionales o indigenistas que, sin quererlo o muy conscientes de ello, apuestan por el caos.De esa manera retornamos al análisis del sistema boliviano: el caos. Hablemos, entonces, de ejemplos concretos: ya que durante el año pasado las gestiones políticas nacionales y regionales basaron su trabajo en la pugna política (recordar problemas de asamblea constituyente, recorte de IDH, rentas y bonos gratuitos, asesinatos en Chuquisaca, etc, etc, etc) quedó relegada, una vez más, la labor de prevención contra desastres naturales. Es por esa razón que ahora velamos, todos, a más de 31 muertos, que nos asusta la cifra de más de 21 mil familias damnificadas, es por eso que ahora le tenemos miedo a la lluvia. Que no se equivoque Evo Morales: el calentamiento global global tiene mucho que ver con los desastres que ahora vivimos, pero los responsables de las vidas que se han perdido en Bolivia no son los países industrializados, sino los ministros y técnicos que trabajan en el gobierno boliviano. Que no se equivoque, de igual manera, el prefecto de Beni, o el de Santa Cruz… o mejor, todos los prefectos. Esto no es sólo culpa del gobierno nacional. En este desastre, todas las autoridades se manejaron de manera irresponsable. Y una vez más, esas responsabilidades quedarán impunes.Seamos felices, compatriotas. Alegrémonos por el caos en el que vivimos. Alegrémonos por nuestro desorden. Si algo nos caracteriza como nación podría ser eso precisamente: el desorden. Quizá esa es la vena que nos hace a todos bolivianos.