RECUERDOS REVOLUCIONARIOS
Diseño de Roberto Unterladstaetter
Esto no es una elegía
No es un romance
Ni un verso.
Mi primer acercamiento al Che Guevara se produjo a mis 15 años. A muchos nos ha pasado eso. A hermanos que ahora mismo están a mi lado y a otros amigos que hace mucho dejé de frecuentar. En fin. Recuerdo aquellas noches de cantos, con gargantas revolucionarias que gritaban y exigían el retorno de nuestro héroe. Recuerdo los versos lanzados en honor al guerrillero, los brindis etílicos que celebraban el paso por el mundo de este héroe de mi juventud.
Guardo esas noches en mi memoria, así como también atesoro las lecturas del grandioso Diario del Che Guevara. En esas páginas reviví la valentía del Ché, sufrí su cansancio, celebré sus victorias parciales y sentí a viva piel los callos en sus pies y las heridas y muertes de sus compañeros. También llegué a admirar la valentía de los sobrevivientes de la guerrilla del Ñancahuazú, su travesía kilométrica por tierras de mi país para escapar hacia la frontera chilena.
Así lo viví, como un joven con grandes sueños y alma de poeta. Como un joven que se dejó el cabello largo y utilizó una barba ‘injusta’ sólo para parecerse al Ché. Luego el Ché quedó relegado.
Otras lecturas e intereses llegaron hasta mis manos y con los años el Ernesto de la Higuera quedó como un recuerdo de mi juventud ‘pseudoizquierdista’. Por lo tanto, lo recordaba con nostalgia, emoción, colorido, éxtasis. Su imagen e importancia (en lo personal) quedaron relegadas a la hora de estudiar el proceso cubano, a la hora de comprender la magnitud de Fidel Castro en la historia del siglo que se fue y el que ahora vivimos. A la hora de conocer, a través de lectura, documentales y charlas, las misiones del Ché en África y Argentina, el proceso de la guerrilla sandinista, los gobiernos de izquierda en Bolivia, etc, etc, etc, hasta llegar al nuevo rostro de la izquierda latinoamericana con Chávez, Kirchner, Bachelet, Lula, Correa y nuestro compatriota Morales.
Por eso, a cuarenta años de su muerte, la imagen de Guevara adquiere nueva importancia. ¿A qué me refiero? En Bolivia vivimos un proceso político que se denomina a sí mismo como ‘revolucionario-democrático’. En ese sentido, deseo dejar unas cuantas reflexiones acerca de Ché Guevara
1. Lo admiro. Como dijo mi amigo Roberto: “Es un gran tipo el que trabaja por lo que cree y soporta los abusos con tal de lograr su propósito”
2. Veo en Guevara a un personaje ‘quijotesco’. Reconozco en él a un aventurero romántico y comprometido con un cambio global, quizá utópico pero necesario.
3. No comparto los métodos de la lucha armada. No creo en el asesinato ni en la disciplina castrense.
4. Creo que el Ché, verdaderamente, vino a Bolivia a morir. Ése era su destino y él lo sabía.
5. Veo en el Ché a un diplomático internacionalista de primera.
6. A todos aquellos que dicen que ‘fue un fracasado’ les digo: no sean ignorantes, amigos. Lean, infórmense antes de llamar fracasado al hombre que combatió en Sierra Maestra, al hombre que se reunió con Kennedy y Nehru, al hombre que tenía como amigos a Sartre y a Bertrand Russell. Por favor, seamos un poco consecuentes con la historia mundial.
7. Respetemos a los combatientes bolivianos que defendieron la soberanía de la patria. Comprendamos la posición populista del presidente Barrientos. No la adoptemos como ejemplar si no lo queremos así, pero sí debemos entenderla para realizar un análisis objetivo de nuestra patria en esos años.
8. Deploro los homenajes que se realizaron el Vallegrande. No estaban a la altura de las circunstancias.
9. Termino con una frase del Ché durante sus primeros días en Bolivia: “Nuestra misión, ante todo, es sobrevivir”.
Gracias.