Desperté hoy y me extrañó el silencio y la calma de mi barrio. Antes de dejar la dulce cama tomé el control remoto y encendí el televisor. Esperaba encontrar imágenes aterradoras. Esperaba ver cómo unos hombres morenos vestidos con ponchos rojos asesinaban y descuatizaban a mis vecinos cruceños. Esperaba ver madres llorando la muerte de sus lindos niños de ojos verdes y padres comandando a sus peones para defender la estancia. Esperaba eso y mucho más. Nadie entró a mi casa para arrebatarme mis pertenencias. ninguna milicia indígena avasalló la plaza de mi ciudad ni correteó a mi Prefecto para posar la whipala sobre el techo de la catedral.
No sucedió nada de eso. Por el contrario, las imágenes que me mostraban los canales de televisión eran totalmente distintas. En la pista del Aeropuerto El Trompillo había una fiesta. Desfilaban indígenas de oriente, occidente, sur y norte de mi país. Cada uno -salvo contadísimas excepciones- vestía su atuendo tradicional. Muchos de ellos flameaban la bandera y a cada paso exhibían un civismo pocas veces visto. Debo reconocer que me emocioné como pocas veces frente a un televisor. Me sentí no solo maravillado sino orgulloso de que esta demostración de apertura y unidad se de en mi ciudad. Debo reconocer que me agradó mucho ver a Evo Morales y García Linera al lado de Rubén Costas y Percy Fernández. Los cuatro aplaudían y sonreían. Debo reconocer (aunque a algunos no les guste) que me gusta la paz y no la tensión del conflicto.
Entones me pregunto: ¿qué pasó con el apocalipsis? ¿Qué pensarán ahora todos esos politiquillos que salieron en la televisión y presagiaban enfrentamientos, desmanes y otras vainas? ¿Por qué razón me mintieron? ¿Por qué motivo? Deben explicarmelo. No pueden quedarse callados. Entonces recordé a Edwin Fernández, el Secretario Ejecutivo de la Central Obrera Departamental y me llegaron a la mente esas imágenes en las que este dirigente hablaba de 'provocación' y 'milicia indígenas que buscaban enfrentamiento'. Lo llamé por teléfono. La conversación fue la siguiente:
- "Buenas tardes, señor Fernández. Le habla José Andrés Sánchez, del periódico El Deber. ¿Cómo le va?"
- "Aquí, bien nomás"
- "Lo llamaba para pedirle una evaluación de la Parada Militar que se realizó hoy... en vista de que no se produjo ningún enfrentamiento, a diferencia de lo que vaticinaba..."
- "Es cierto. No hubo enfrentamientos porque el pueblo cruceño demostró que desea la paz. Hace días las instituciones del departamento decidieron que este sea un día de tranquilidad y la ciudadanía cumplió ese mandato".
- "También se vio que los indígenas de occidente que llegaron a nuestra ciudad desfilaron en paz y no provocaron en ningún sentido ni buscaron armar conflicto... ¿hubo algún tipo de malinterpretación de lo que podía suceder en la parada?"
- "El gobierno acá vino a provocar y nosotros le hemos demostrado que no estamos por esa línea, que nuestra ciudadanía es pacífica. El presidente Morales debe aprender eso del pueblo cruceño".
Ya no quise formulas más preguntas. Vi que este hombre no estaba dispuesto a hacer ningún mea culpa y sentí que estaba hablando frente a un muro. Que lástima. Pero bueno... he aprendido algo y deseo compartirlo: Aprendí a no confiar ciegamente en mis dirigentes. Aprendí que de ahora en adelante no obedeceré a las palabras que me ordenan cosas sin sentido, aprendí que debo tener un pensamiento crítico de la realidad y que es bueno cuestionar y desconfiar. Ah, y por último: aprendí que no todo lo que sale en los medios de comunicación es cierto.
Adios!