Llegan rachas de sueño. Sucede desde hace un par de años. Son días enteros en los que, por muchas horas de sueño que aproveche, no logro quitarme el cansancio, la dejadez, el agotamiento y la fiaca de encima. ¿Es un síntoma de adultez y/o envejecimiento? ¿Estaré deprimido? ¿Será que son los efectos secundarios de la vida moderna? Me acerco más a esta última conclusión. Incluso ya me he planteado en reiteradas ocasiones contratar esos servicios de dietas energizantes, con mucha fruta, pastillas y jarabes. Al final termino por desechar la idea. Me desagrada pensar que esa sería una transa con el stablishment, casi como imaginarme a la vida que me toma por el brazo, lo dobla con fuerza y me obliga a inclinarme ante ella. "No, carajo, la vida tendrá que arrodillarse ante mí, digo luego y más tarde me río de mis pensamientos. Dentro de mí, muy dentro y casi en el corazón, siento y estoy seguro que soy un verdadero cobarde. Tengo temor a muchas cosas y, en especial, me agota todo este aparentar... todo este pretender del éxito, del dinero, de las metas alcanzadas en la vida. Me molesta el hecho de no poder ser vulnerable ni débil, de esconderme detrás de un cargo de poder para alcanzar tus objetivos en la vida, me decepciona esta dinámica competitiva ('te plasto porque es necesario hacerlo para avanzar en mis proyectos'), todo eso se me hace una carga insoportable y lo peor de todo es que luego algunas personas tienen la desfachatez de emitir juicios acerca de la vida profesional y personal de los otros. Debe ser cierto lo que le dije hace unos días a un amigo, mientras almorzábamos: "Viejo, al final de todo, el problema es la gente". Y sí. Somos todos nosotros el problema, con nuestra existencia sedentaria y aparentemente productiva, con nuestras carreras contra el tiempo, las luchas salvajes en esta selva de losetas, los cinismos e hipocrecías de las oficinas y las fraternidades. Tantas cosas que suceden a nuestro alrededor me agobian. Hace pocos días un grupo policial asesinó a cinco personas con tiros en la cabeza. Sucedió tras una riña de gallos. ¿Por qué?
“Están pasando demasiadas cosas raras para que todo pueda seguir tan normal”, dice Charly García en su canción titulada ‘Bancate ese defecto’. En honor a la verdad, las palabras que canta García se aplican por completo a la situación que vivimos en nuestra región y en el país entero. Todo, en este momento, parece ser una nebulosa. Parece que estamos en la dimensión desconocida, caminando a tientas por un camino oscuro y que lo único que debemos encontrar es el interruptor para conseguir algo de luz. Parece que no hay futuro. Todo esto que sucede alrededor nuestro, con gobernantes en plena lucha por el poder, con nuevas asambleas legislativas, con gobernadores en lugar de prefectos, con un periodismo que pierde su objetivo y medios que en lugar de aclarar el panorama contribuyen a la generación de especulaciones... todo eso no es más que un simulacro que nos aleja de la realidad. Y mientras todo eso sucede, ¿qué nos queda a nosotros, los ciudadanos? Esperar y no perder las esperanzas con el paso del tiempo. Continuar con el trabajo, no bajar los brazos, quizá enamorarnos de alguien, salir a bailar, disfrutar de una buena película, ver a los amigos, sufrir y alegrarnos. En fin, lo que nos queda es la vida entera, con todas sus bifurcaciones y peligros. Les aseguro, amigos míos, que eso ya es suficiente.
¿Y si te digo que te pienso tanto y que me aflige tu ausencia?
¿Se caerán las estrellas?
¿Derrumbaran los cerros este pensamiento?
¿Y si te digo que el mundo está en tu cama?
¿Perecerán las iglesias y su fe?
¿Perderemos la vida y nuestros sentidos?
¿Y si te digo que no me importa?
¿Y si te digo, ahora que estoy intoxicado y lejos de casa, que tu ausencia me agobia?
¿Y si te digo que te amo?
¿Me odiarás?
¿Y si te digo que en realidad necesito ser salvado?
El mundo envuelve y guarda su velo negro en el cajón de mi corazón
No se qué significan estas palabras
Sólo se que escribo y que me escondo en recuerdos que sé que vendrán
Sé que percibo antes de ver.
El migrante-inmigrante pierde espesor y realidad y se convierte en una ficción textualizada. Fantasma inclasificable que solo adquiere dimensión 'real' en su contradicción, más aún, en su contradiccionalidad, en lo que ya no es y todavía no llegó a ser y tal vez nunca será. El pasado se vuelve un texto enunciable, 'contable' y el futuro una posibilidad 'utópica'. El futuro es 'la otra tierra', cuya ambiguedad deíctica es siempre 'lo otro'. Texto extraído de 'Entre el fuego y la rosa. Pensamiento social italiano en Argentina: Utopías anarquistas y programas socialistas (1870-1920). De los autores Hugo Mancuso y Armando Minguzzi.
Escribir estas palabras que nacen de una pluma gastada.
Tomar un vaso con agua y luego sentir la quemazón del estómago.
Fumar y encorvarse por las arcadas.
Tengo los ojos húmedos siempre. Siempre tengo humedad en mis ojos.
Tengo socios.
Tengo un alquiler.
No tengo esposas.
Tampoco hijos.
Tengo muchos discos.
Una colección espectacular de películas piratas.
Tengo una guitarra y como media docena de canciones.
Un título universitario y más de 8 años de experiencia laboral.
No tengo 10 mil dólares, pero puedo conseguirlos.
Tengo una bicicleta y ganas de pedalear.
Tengo algunas historias para contar…
lo malo es que en todas el personaje central soy yo.
No tengo idea de qué es el vacío, pero lo siento. Camina dentro de mí y me acelera la respiración. Reconozco que resulta complicado escribir acerca de algo que existe pero no puedo explicar. Sólo puedo preguntarme, ¿qué es y qué significados carga para mí? Tampoco lo sé. Y es que tengo tan pocas certezas. Sólo sé que no me gusta el abandono. Sé que disfruto de buenos tragos y charlas con amigos. Sé que me gusta escuchar música. Sé que no me gusta escribir acerca de estas cosas, pero también sé que es mi único simulacro. Sé que soy débil y que busco… busco… busco y no encuentro. ¿Escapo? Escapo (y no tiene nada de malo) Presiento, al releer lo que escribí líneas más arriba, que este texto puede defraudar. Y sí… me defrauda. Pero, es que no sé quién soy y tampoco estoy seguro de que encontraré respuestas dentro de estas fronteras. Sólo me queda esperar y, mientras lo hago, no bajar los brazos.
Muchos quizá no lo crean, pero este es un mundo de ideas. Este es un mundo de derechos y deberes, morales y éticos que guían nuestro recorrido por la vida. Este es, también, un mundo de individuos y acciones que repercuten en la colectividad. Vivimos un proceso de desintegración nacional que amenaza la unidad del país y la paz de nuestra convivencia. Si nos vamos a los hechos concretos, tenemos, los cruceños, una cita el 4 de mayo para elegir si estamos de acuerdo o no con el Estatuto Autonómico. Los debates a escala nacional son encendidos y desde muchos flancos se busca instalar un 'pensamiento único'. El peligro es que, debido a los procesos políticos, lleguemos a convertirnos en un sociedad en la que todos debemos pensar de una manera, sin derecho a réplica. Este no debe ser el objetivo de nuestras acciones. Debemos ser concientes. Debemos estar despiertos y comprender que todos podemos cambiar nuestro destino... no se trata de participar por participar (de hecho, si uno no desea hacerlo, tiene todo el dererecho y nadie puede recriminarlo), sino que se trata de hacerlo con convicción, con la certeza de que lo que uno elige es correcto, con la esperanza de que estamos en el lugar indicado y que no debemos ser uno más entre todos los borregos. Es increíble cómo se puede escribir acerca de algo y cualquiera puede entender lo que quiera.
(perdón por las faltas de acentos y letras Ñ... es el programa de la computadora que no permite ponerlos)
Pienso en Libertad y lo unico que se me viene a la cabeza son los recuerdos de la ninhez. Los anhos aquellos, no tan lejanos, en los que el corazon latia y ni siquiera pensabas en cuidarlo. Cuando respirar no era un problema o cuando correr era el medio de transporte preferido. No conocia otras palabras que ahora pueden desgarrarme el alma y sofocarme hasta el cansancio. Palabras como extranhar, desear, perder, ganar o amar (incluso), cargaban significados tan alejados a los actuales. Eran livianas y a la vez reconfortantes.
El mundo se transforma y nuestra pequenha, pequenhisima alma humana, trata de mantener el ritmo. Una vez que decidimos tomar el camino de la racionalidad y la lucidez ingresamos a un laberinto de incertidumbres que pueden agobiarnos hasta el punto de la destruccion espiritual.
¿Esa es la vida que deseamos? ¿Esa es la supuesta libertad que buscamos? ¿Cuando es que las agujas de nuestra brujula enloquecen y por que permitimos que eso pase?
El recorrido mio es el reencuentro con mi propio pasado... la busqueda de la irracionalidad y total emotividad que inundaba mi vida durante mis primeros anhos de residencia. Por eso leo El Quijote en voz alta, por eso espero el amanecer cada vez que sea posible, por eso no tengo temor a mirar a los ojos de mi amada, por eso sufro los desamores como hay que sufrirlos y por eso acepto todos los tequilas que me ofrecen en cualquier boliche de la ciudad.
Por eso es que ahora, a las 3:50 de la manhana, decido escribir acerca de Libertad. Para perder mis miedos y entender, de una vez por todas y hasta que se me olvide nuevamente, que la tristeza no es eterna, que el amor existe, que podemos cambiar poco a poco al mundo, que perder la esperanza puede ser el peor de los errores y que, a pesar de las injusticias y desgracias que nos rodean, la sonrisa es un bien de altisimo valor.
Escribo porque amo.
Escribo porque es la mejor herramienta que conozco para mantener mi Libertad, a pesar de que sea tambien la unica cadena que me mantiene aferrado a la vida.
ELLA: Un abrazo...
EL: una sonrisa y un tequila sunrise...
ELLA: un vaso con agua y un plato de brócoli.
EL: una brisa, un poco de lluvia y una gaseosa con limón
ELLA: un momento perfecto, otra caja de origami y una pico de plata
EL: una torta de chocolate, un café con leche, una fotografía mágica y las nubes
No recuerdo muy bien en qué circunstancias y qué año fui por primera vez al estadio Tahuichi. Pero sí estoy seguro que siempre fui y siempre seré hincha de Blooming. Es casi una historia de amor y una de las relaciones más duraderas que tendré en toda mi vida. Como toda buena historia de amor, mi relación con Blooming está plagada de anécdotas, grandes alegrías y decepciones, momentos de intensa fogosidad y otros de enorme apatía. Ser hincha de algún equipo de fútbol es casi como la vida misma, un colectivo de altibajos que nos hacen bombear las venas y sentir que estamos vivos, que existe la justicia y la gracia divina, que tenemos amores que a veces no nos corresponden y otros que se convierten en grandes historias, que a veces los más mínimos detalles nos dan razones para vivir y creer en algo que vaya más allá de nuestras narices.
Y no me refiero sólo a esto porque soy, precisamente, hincha de Blooming… lo que acabo de describir se vive en los corazones de los hinchas del fútbol en todo el mundo… hombres y mujeres que apuestan por un equipo que les de una alegría. Ayer me fui feliz de estadio. Claro, el resultado favoreció a mi equipo (4 contra 3) y fue justamente a nuestro equipo rival más clásico (Oriente Petrolero). Pero lo que más me conmovió, como siempre ha sido, fue la alegría del deporte. Me refiero a la alegría de ver la ebullición de un estadio, los colores, las burlas, las risas, los gritos, las exigencias.
Todo esto sucedió en momentos en los que vivo, paradójicamente, un momento de enorme apatía futbolística.
Hace por lo menos tres años que no iba a un clásico… hace muchos otros años que no iba al estadio. Pero eso nunca significó que había perdido mi amor por Blooming. Aún recuerdo los momentos más decepcionantes y los más alegres (de esos hay pocos). También recuerdo la noche fatídica en la que mi equipo de fútbol descendió, tras ese partido en La Paz. Esa noche le pregunté a mi padre: ‘¿Desde cuándo sos hincha de Blooming?’ y él me respondió: ‘Desde el mismo momento en el que vos te hiciste hincha… desde que nací’.
Después del partido de ayer comprendí que deseo volver al estadio a sufrir como lo he hecho tantas veces. También entiendo que, como lo dije antes, mi amor por Blooming no se va a acabar. Quizá haya cambiado y no se trate de algo hormonal… quizá ahora es algo más racional… quizá ahora he aceptado, por fin, que no siempre vamos a ganar y que no somos los más grandes del mundo.
Quizá entienda, ahora, que el fútbol, como el amor, no trae siempre alegrías, pero sí nos hace sentir vivos. Ambas son experiencias para vivirlas, para disfrutarlas, en sus mejores y peores momentos. Ambas pueden hacernos sentir vivos, lastimarnos, abrazarnos, llenarnos de euforia o hundirnos en el pozo más profundo. Como la vida misma.
Autor: José Andrés Sánchez – Periodista
Edad: 26 años
Datos adicionales:
José es periodista, oficialmente, desde hace menos de 5 años. Entre sus gustos más grandes se cuentan una buena lectura, una gran charla, la estimulación de la presencia femenina, el café y los tragos de vez en cuando. Puchos cada vez que es posible y la gran satisfacción de ver sus palabras y reportajes publicados en cualquier medio.
Es un filósofo frustrado, pero no pierde la esperanza. Busca el encuentro consigo mismo aunque está seguro que esa tarea se hace más difícil día a día. Ama Bolivia, Santa Cruz de la Sierra y a los bolivianos, pero espera escapar pronto de estas fronteras. Acaba de asumir una vida de profesional independiente. Se considera políticamente neutral, aunque es conciente de que eso puede sonar a mentira. Le gusta el clima de su ciudad y ama los días de lluvia. Está soltero, por si a alguien le interesa… y lo podrán encontrar con frecuencia en el cine o sentado en la plaza 24 de Septiembre disfrutando de un delicioso café.
Esito sería, por ahora…
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