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Diciembre 2007 Archivos

Diciembre 3, 2007

ILUSION ROJA

Y se hizo realidad. Guabirá está de nuevo en la Liga y Montero festeja a más no poder. Sus seguidores se lo merecían, después de cinco años de estar en la Asociación Cruceña de Fútbol. Con instituciones como Guabirá, no da para ser plato de segunda mesa. En realidad, el club rojo tiene todas las características necesarias para convertirse en un grande del profesionalismo.

Para comenzar tiene toda una ciudad tras sus espaldas. Montero, con más 100.000 habitantes, es escenario propicio para hacer que Guabirá crezca de forma inusitada. A eso hay que sumarle que cuenta con un estadio propio. Los que conocen la Caldera del Diablo, saben que debe ser uno de los escenarios más complicados al momento de jugar de visitante. Es como tener al público encima. Y los que han estado ahí, saben que los seguidores de Guabirá pueden hacer que a cualquiera le tiemblen las piernas.

Vayamos a la parte económica. En el Norte cruceño hay toda una industria pujante y en constante crecimiento, que tranquilamente puede aportar para que el club consiga los recursos necesarios para sustentarse en la Liga, donde no sólo se juega con buenas ideas, sino también con buenos fajos de billetes para contratar técnicos y jugadores.

Pero lo más importante, al menos en lo que se ha visto en el último año, es que Guabirá cuenta con una nueva camada de dirigentes que inspira confianza. No son los dirigentes tradicionales que se meten para ganar imagen o para sacar algún tipo de beneficio personal. Por lo demostrado, es una camada que quizás no tenga mucha experiencia deportiva (como dijeron algunos), pero sí que ha sabido hacer bien las cosas. No es común que después de conseguir un título más de un jugador le lance flores a los dirigentes. Eso ya dice que algo diferente y bueno se ha hecho durante la gestión

Aparte de todo lo dicho anteriormente, y tomando en cuenta la cantidad de jugadores que hay en todo el Norte cruceño, Guabirá tiene un futuro promisorio si se siguen haciendo las cosas bien. Si busca talentos en los pueblos, en los barrios y en aquellos rincones donde casi nadie mira.

Guabirá está en la Liga y, a diferencia de otros ascensos que tuvo, esta vez su futuro es promisorio. Ojalá que ese futuro se haga realidad para que dentro de poco el club recupere la gloria que tuvo en las décadas del 70 y también durante algunos años del 90.

 

Diciembre 13, 2007

ENTRE LAGRIMAS Y CHARQUEKAN

- ¿Qué te vas a servir, hermanito? - me preguntó Milán Camacho, ese orureño de piel cobriza y bigotes negros que vive hace tiempo en Santa Cruz y que parece haber nacido con la polera de San José encima, porque cada vez que lo veo (de año en cuando) está con la V azulada estampada en el pecho.


- Traeme un charquekán - le respondí, mientras a mi alrededor, medio centenar de sus coterráneos se acomodaba los chulos, se ponía en primera fila frente al televisor y comenzaba a tirar cohetes, a manera de calentar el ambiente en ese pequeño restaurante llamado El Quirquincho, que no es ni más ni menos que un pedacito de Oruro escondido entre las polvorientas y cálidas calles de Santa Cruz.


El charquekán tardó en llegar, al igual que el gol de Alex da Rosa y el título, que después de 12 años volvió a las manos de uno de los clubes más singulares del país.
Y es que San José es un sentimiento diferente. Lo percibe uno cuando ve a sus hinchas llenando estadios en todo el país. No importa si se juega en La Paz, Cochabamba, Beni o Santa Cruz. Allí están ellos, armando fiesta, disfrutando al máximo, bailando morenada, diablada y todo lo que se les ponga en frente.


Son hinchas que viven y disfrutan a su manera. Que reciben insultos racistas al por mayor cuando juegan de visitante en cualquier ciudad, pero que aguantan todo y rara vez ceden a las provocaciones de los violentos. Son hinchas que lloran donde les toca, ya sea de tristeza o de alegría. Anoche, sus lágrimas tenían el sabor del festejo, de la emoción contenida por mucho tiempo.


Mientras terminaba mi charquekán, no pude más que dar las gracias por todo lo que viví en El Quirquincho, en esa pequeña sucursal de Oruro que anoche vibraba como si estuviéramos en el mismísimo Jesús Bermúdez. Agradecí por el título que se llevó San José, por la alegría de los orureños y por la esperanza de los bolivianos,  porque aunque muchos políticos y dirigentes quieren hacernos pelear entre hermanos, todavía hay gente que sabe disfrutar de las cosas simples de la vida, sin fijarse si el que está a su lado es camba o colla, porque sabe que, simplemente, es un ser humano.

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