NUEVA ETAPA DE LA RELACION CON BRASIL
Publiqué esta columna en la edición impresa de hoy, sobre algunos de los significados de la ceremonia de firma de acuerdos entre los presidentes de Bolivia y Brasil, ayer, en La Paz.
Una movida en el ajedrez regional
Ayer en La Paz tomó forma una de las primeras consecuencias directas del revés electoral sufrido por Hugo Chávez a comienzos de mes. Los presidentes Evo Morales y Luiz Inácio Lula da Silva reimpulsaron, con múltiples acuerdos y muestras de cercanía no vistas a lo largo del año, una relación que, pese a los altibajos, se mantuvo como el recurso de fondo para el Gobierno nacional.
El distanciamiento con Brasil se marcó después de la nacionalización de los hidrocarburos, que tuvo un fuerte costo político para el Gobierno de Lula en el año electoral 2006. La decisión posterior de Morales, de acercarse políticamente a Venezuela desde los primeros meses de su gestión, pareció apresurada y en los últimos 18 meses le significó un gran desgaste político interno. Ahora ha sido el momento de virar sin parecer descortés.
No es un viraje tajante, no se ha roto ningún acuerdo de cooperación con Caracas. Esos lazos permanecen y en su momento sirvieron para equilibrar lo que era una relación económica desequilibrada con Brasil. Pero hay dos liderazgos en la región y toda hamaca necesita de dos ganchos para mecerse.
Lula también obtiene réditos. Recupera espacio político en el centro del continente, se abre un atajo hacia el Pacífico y China, y da consejos como ‘paciencia’ a un colega al mando de un país que se siente fragmentado.
Una gran movida en el ajedrez continental acaba de tener lugar. Si los anuncios se hacen realidad, dará un nuevo rumbo a la partida y cambiará miles de vidas, como en Guayaramerín (Beni) donde la gente dejará de usar lanchas y tendrá un puente para ir a Brasil.