Un breve repaso a la semana que comienza, que marca el inicio de la segunda mitad del año.
Reino Unido, y particularmente Londres, ha entrado en una temporada de temores y emociones. Tras los intentos de detonar dos coches bomba en paseos público de la capital, y tras el incidente con un jeep cargado de garrafas de gas en el aeropuerto de Glasgow, el país está en estado de alerta máxima, lo que según el flamante primer ministro Gordon Brown, significa que la población se tendrá que acostumbrar a las revisiones policiales y demás controles en los ingresos a lugares concurridos.
Es una incomodidad a la que la gente se acostumbra cuando se siente amenazada. Tuve oportunidad de verlo en Israel. Allá, producto de varios años de dolorosos atentados, los ingresos a lugares públicos o privados tienen controles de todo tipo, y cuando alguien pretende entrar, se aproxima al guardia de turno acercándole la bolsa o mochila para que éste la revise. Un ritual que se repite miles de veces por día en aras de la seguridad. Este concepto, visto de fuera, puede parecer paranoia. Pero en el caso de la sociedad israelí, que se percibe a sí misma bajo constante amenaza, es la manera de lidiar con la realidad.
Volvamos a Londres. El enorme despliegue de seguridad de estos días es la manera oficial de lidiar con la amenaza de nuevos atentados. Aunque después de lo ocurrido el viernes y sábado, y de los arrestos de siete personas en conexión con los hechos, es más factible pensar que si aún queda algún miembro de la célula que preparó los ataques, en libertad, éste, o éstos, estarán más propenso a huir que a volver a intentarlo. Espero tener razón.
Mientras los medios se hacen eco de toda la situación de seguridad/inseguridad, el país se encamina hacia la conmemoración del segundo aniversario de los atentados del 7-J contra el transporte público londinense (56 fallecidos y unos 1.000 heridos).
El sábado será un día de recordatorios, homenajes y reafirmaciones. Ayer, el primer ministro Brown dijo que "nadie va a socavar el estilo de vida británico". Decir eso cuando acaban de evitarse dos atentados y cuando se lleva cutro días en el cargo tiene mucho significado. El de un Gobierno fuerte es el primero, sobre todo porque será sometido a evaluación en las elecciones de 2009, es decir, relativamente pronto, y también, porque los rivales conservadores no han quedado bien parados tras el cambio de Gobierno. Algo sobre la división interna de la oposiión puede leerse aqui, en inglés. Enough said.
Del otro lado del Atlántico, la semana comienza con la reunión entre los presidentes de EEUU y Rusia. Goerge W. Bush recibe a Vladimir Putin en su casa de descanso, en una cita que promete muchas declaraciones de renovada amistad, si es que acuerdan nuevas formas de abordar la agenda que los enfrenta.
Más alla de las pretensiones imperialistas que se critican recíprocamente, los presidentes se han distanciado por el plan de EEUU para desplegar un escudo antimisiles en el este de Europa, y por la intención de las potencias de occidente de promover la independencia de la provincia serbia de Kosovo, como solución al conflicto étnico en ese lugar.
En los dos casos, Putin siente que EEUU está pisando en su patio. Un escudo antimisiles que cubra Europa desde Ucrania y Repúiblica Checa es percibido por Moscú como un peligroso desequilibrio del principio de que la posibilidad de una mutua destrucción nuclear es lo que evita que una de las partes ataque primero.
EEUU dice que el escudo es para detectar posibles misiles iraníes, país persa que, por otra parte, es un cliente de la tecnología nuclear rusa.
En cuanto a Kosovo, Rusia siempre ha defendido a sus aliados eslavos serbios y no acepta una nueva desmembración en la ex Yugoslavia.
Putin y Bush comenzaban su reunión en Kennebunkport, mientras yo escribía este post.
Más cerca, el fin de semana no ha acallado la conmoción en Colombia por la muerte de 11 ex diputados de una asamblea departamental. El domingo, fue el papa Benedicto XVI, quien condenó a las FARC por las muertes. La prensa colombiana ha hecho lo mismo, aquí y aquí, culpando expresamente a la guerrilla, que mantuvo a los políticos cautivos desde 2002.
La cuestión ahora radica en determinar quien disparó contra ellos. El comunicado de las FARC no esclarece mucho al respecto, y deja muchas dudas. No precisa qué 'grupo armado' atacó el campamento donde estaban los rehenes, ni habla de que hubieran perdido la vida expresamente en un 'fuego cruzado'.
La semana dará paso a nuevas presiones para que el frente guerrillero que los tenía, entregue los cuerpos.
Estos son tres puntos de interés para la semana que comienza.