
No hay elefantes rosados, como en Dumbo cuando el pequeño orejón toma alcohol. No. Aquí sólo hay cementerios; eso sí, mucho alcohol.
Los personajes oscuros parecen atraer a Christian Castillo, al que habíamos visto como un personaje igualmente sombrío en Margaritas Negras, de Claudio Araya. En El cementerio de los elefantes, interpreta a Juvenal, un joven de 33 años que ha vivido como uno de 50, bajo el influjo del alcohol, la droga y el hampa. Su historia desde la intoxicación sin vuelta de la bebida es la que Tonchy Antezana presenta en esta oportunidad.
Irónicamente desde la lucidez de la ebriedad, Juvenal realiza una retrospectiva de su vida y de los hechos que lo llevaron al cementerio de elefantes.
Una fotografía y resolución de imagen bien logradas llevan al espectador a recorrer los vericuetos del submundo paceño-alteño, donde se mezclan, con facilidad y cinismo, el alcohol, la prostitución, el robo, la droga, el idilio, el sarcasmo, la fiesta, las postales del Illimani y las infinitas luces chuk’utas, las costumbres ancestrales, y la amistad.
Es una atractiva historia, que sin embargo pudo haber sido más corta y algo más ágil. Densa, sin duda, pudo obviar algunas escenas, incluído el guiño a María, llena eres de gracia (Joshua Marston).
Personajes estereotipados, algunas fallas de producción y de continuidad, opacan la película, lo mismo que la participación actoral cuya calidad fue dispar.
Tanya Imaña