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Bueno pa' gozar...

 

 

Jueves en la noche en Sonilum. Alrededor de las 22:45, las más de 1.500 personas que estaban presentes para disfrutar de un show que prometía ser algo más que un tributo no se veían defraudadas. La hora señalada había llegado y los primeros acordes de una guitarra muy familiar envolvían el centro de espectáculos.

Vestido de negro con un atuendo muy setentero (pantalones bota ancha y chamarra) Glen Vargas hizo su ingreso en el escenario, precedido por el ritmo de las congas, los timbales y la batería de la banda que lo acompañó para rendirle un homenaje a Carlos Santana, considerado una de las leyendas vivas de la guitarra. Jingo fue el tema elegido para iniciar una travesía por los más representativo de la discografía del artista mexicano, que incluyó clásicos como Evil ways, Black magic woman, Europa, Oye como va y Guantanamera.

El show estuvo cargado de muchas sorpresas, entre ellas el excelente sonido (Sonilum ya nos tenía acostumbrado a penosas experiencias) y la anécdota de Vargas referida a cómo fue que conoció a Santana, como preámbulo a un tema entrañable: Samba pa ti.

Sin duda el centro de la atención fue el reconocido guitarrista cruceño, que confirmó ser el músico apropiado para un tributo a Santana en estos tiempos. El resto de la banda no desentonó, Eduardo Ibacache se lució en los teclados, como también Jorge Aranda en la trompeta y Henry Cueto en timbales. No obstante, a los dos vocalistas les faltó estar un poco más conectados con las canciones (sobre todo las que se cantan en inglés).

Luego de corazón espinado, los músicos anunciaron la despedida pero retornaron con Europa, Smooth (a muchos no le pareció necesaria que Nial Gandarilla la cantase con una megáfono) y una memorable interpretación de Soul sacrifice.

Con esta última canción quedó demostrado el trabajo de ensayo que la banda realizó en las semanas previas al show. La perfecta sincronía entre los percusionistas se puso de manifiesto en el intermedio del tema, que hizo levantar de sus asientos a un público que en un principio se había mostrado un poco apático. El cambio fue tal que la audiencia hizo volver dos veces al grupo y al final la gente de todos los sectores del salón América se integró en una sola fiesta al ritmo de Santana.

Marcelo Suárez 

 

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