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Agosto 2008 Archivos

Agosto 2, 2008

La Torcida en Sonilum

 

 

 

 

Y Lou Kass volvió a Santa Cruz. El sábado 26 de julio fue una noche especial para los fans de la banda paceña, que se convirtió en un la bisagra del rock nacional en la década de los 90.

Rodrigo Villegas, Christian Krauss, Martín Jofré y Rodolfo Ortiz comprobaron que el nombre de Lou Kass no ha sido borrado de la mente de los cruceños que alguna vez vibraron con temas como Feel High, Help, Escrúpula, Hipnotizados y No reces al sol, los cuales fueron interpretados en la calurosa jornada sabatina.

La Torcida fue la canción que desató la euforia casi al final del show. La canción habla de una experiencia de los músicos cuando vinieron a Santa Cruz en pleno auge de la banda. Esas anécdotas fueron rememoradas por Krauss antes de interpretar el tema, que lleva un pegajoso estribillo que dice: "Yo me quiero emborrachar", el cual fue el detonante para que las más de 2000 almas que se encontraban en Sonilum se movieran de un lado para otro, hasta concluir con el: a, e, i, o, u, ah ah ah ah..".

La velada finalizó con el clásico de Bob Marley, No woman no cry, una pieza que el grupo siempre acostumbraba a tocar en sus shows para despedirse.

Fue un gran final de la gira que los cuatro dieron por varias ciudades del país, y quedó la promesa de retornar para cuando se cumplan los 20 años del grupo en 2010. Para entonces afirmaron volver con un disco nuevo.

Hasta entonces Lou Kass.

Marcelo Suárez

Agosto 3, 2008

Bueno pa' gozar...

 

 

Jueves en la noche en Sonilum. Alrededor de las 22:45, las más de 1.500 personas que estaban presentes para disfrutar de un show que prometía ser algo más que un tributo no se veían defraudadas. La hora señalada había llegado y los primeros acordes de una guitarra muy familiar envolvían el centro de espectáculos.

Vestido de negro con un atuendo muy setentero (pantalones bota ancha y chamarra) Glen Vargas hizo su ingreso en el escenario, precedido por el ritmo de las congas, los timbales y la batería de la banda que lo acompañó para rendirle un homenaje a Carlos Santana, considerado una de las leyendas vivas de la guitarra. Jingo fue el tema elegido para iniciar una travesía por los más representativo de la discografía del artista mexicano, que incluyó clásicos como Evil ways, Black magic woman, Europa, Oye como va y Guantanamera.

El show estuvo cargado de muchas sorpresas, entre ellas el excelente sonido (Sonilum ya nos tenía acostumbrado a penosas experiencias) y la anécdota de Vargas referida a cómo fue que conoció a Santana, como preámbulo a un tema entrañable: Samba pa ti.

Sin duda el centro de la atención fue el reconocido guitarrista cruceño, que confirmó ser el músico apropiado para un tributo a Santana en estos tiempos. El resto de la banda no desentonó, Eduardo Ibacache se lució en los teclados, como también Jorge Aranda en la trompeta y Henry Cueto en timbales. No obstante, a los dos vocalistas les faltó estar un poco más conectados con las canciones (sobre todo las que se cantan en inglés).

Luego de corazón espinado, los músicos anunciaron la despedida pero retornaron con Europa, Smooth (a muchos no le pareció necesaria que Nial Gandarilla la cantase con una megáfono) y una memorable interpretación de Soul sacrifice.

Con esta última canción quedó demostrado el trabajo de ensayo que la banda realizó en las semanas previas al show. La perfecta sincronía entre los percusionistas se puso de manifiesto en el intermedio del tema, que hizo levantar de sus asientos a un público que en un principio se había mostrado un poco apático. El cambio fue tal que la audiencia hizo volver dos veces al grupo y al final la gente de todos los sectores del salón América se integró en una sola fiesta al ritmo de Santana.

Marcelo Suárez 

 

Agosto 11, 2008

Escaleras al cielo

 

Entrada vip (mesas con sillas): Bs 120, (general: Bs 60), botella de Paceña Bs 15. Escuchar en vivo temas como Dazed and confused, Since I been loving you o Baby i’m gonna leave you, y que éstos suenen realmente igual a las versiones originales, no tiene precio. No importa si los que están arriba del escenario no son Jimmy Page, Robert Plant o John Paul Jones. Por esta vez, déjenos soñar un poco.

En estos tiempos, en que los conciertos tributos han proliferado tanto como los críticos a este tipo de manifestaciones del alma rockera, resulta complicado explicar el gozo experimentado al disfrutar de un show como el que Moby Dick brindó hace unas semanas en Sonilum.

No son pocos los que sienten que estos tributos se han convertido en una especie de placer culposo, pues a pesar de que manifiestan sus objeciones a toda esta tendencia tributera, finalmente se los ve entre el público, junto a las mismas caras conocidas que han estado presentes en otros homenajes, como el de Santana, Soda Estereo, Queen o los ya tradicionales shows que se realizan en Oz.

Al homenaje a Led Zeppelin no asistió mucha gente, y aunque suene muy trillado eso de que ‘el que no fue no sabe de lo que se perdió’, es así de cierto ("el que no fue se lo perdió" diría una conductora de programa farandulero). Eso era previsible, tomando en cuenta la poca promoción que se hizo del espectáculo, pero sobre todo, porque ya se percibía una ‘saturación de tributos’ en el público (incluso, esa misma noche, el productor del homenaje a Elvis Presley y Jerry Lee Lewis, a cargo del argentino Luciano Matía, decidió suspender el show previsto para el 5 de agosto, para así evitar un inminente fracaso en asistencia).

Dejando de lado toda esa cuestión, insalvable para los productores del show, queda el recuerdo de un espectáculo magnífico. Si Glen Vargas nos sorprendió en el tributo a Santana, con una banda que demostró una gran unidad musical, el Gato Pinaya (gestor del tributo a los británicos) logró que la entrada para ver a Moby Dick se pagara una vez y otra vez por sí sola, a medida que se iban sucediendo las canciones extraídas del repertorio clásico de Led Zeppelin.

Fueron más de dos horas de una vibrante actuación de Óscar Pinaya ‘El Gato’ en la batería, Gonzalo Molina (bajo), Germán Romero (guitarra) y Mauricio Montero (voz). Este último definitivamente se llevó la mayor parte de las ovaciones, luego de confirmar que sí existe alguien en Bolivia que puede acercarse al registro vocal de Robert Plant, uno de los mejores vocalistas en la historia del rock.

No hacía falta que Montero explicara que ‘lo sigue desde hace tiempo a Plant’, bastaba con escucharlo para que uno se diera cuenta de que el cantante nacido el 20 de agosto de 1948 en West Bromwich, Staffordshire ha sido el héroe de toda la vida del músico paceño.

El show tuvo momentos memorables, como la participación de cuatro músicos de la Orquesta Sinfónica Hombres Nuevos, que acompañaron con sus instrumentos de cuerda en temas como All my love, Kashmir (no faltó alguien del público que estaba esperando ver a Godzilla por detrás del escenario) y en la introducción de Stairway to heaven, con flauta incluida.

Otra postal: la interpretación a cuatro manos de Moby Dick (el famoso sólo de John Bonham), a cargo del Gato Pinaya y su hija Adriana, que demostró que el hijo del tigre (o la hija del gato en este caso) sale ‘pintau’.

Las canciones largas fueron las más emocionantes. Cada uno de los músicos a su turno tuvo su oportunidad de lucirse individualmente, incluyendo el tecladista invitado Marco Flores (de Atajo). Vale resaltar el interesante estilo del guitarrista Germán Romero, que sin moverse mucho le sacó las notas precisas a su ‘viola’, lo suficientemente fuerte como para hacer mover de sus sillas al frío público que se encontraba en la parte de adelante del área vip.

Esta frialdad fue disminuyendo poco a poco a medida que el vocalista animaba a la gente a acercarse más al escenario. No se tuvo que esperar hasta el final para que los espectadores de la zona de general se pasaran a la de vip. Cuando ya transcurría más de una hora y media de show, el público fue una sola masa humana, que, al estar más cerca de los músicos, logró que la fiesta sea completa. Fue el momento de joyas como Black Dog, Inmigration song y el himno Stairway to heaven. El retorno quedó marcado con la hipersensual Whole Lotta Love y una despedida a puro ‘mosh’ con Rock and Roll.

Realmente un tributo a la altura de los grandes Zeppelin.

Marcelo Suárez

Agosto 19, 2008

LA CACERIA DEL NAZI

El miércoles 13 de agosto se estrenó el filme La Cacería del Nazi, Marcelo Suarez, periodista de cultura de EL DEBER, nos informa sobre la película y presenta el trailer oficial de la misma.


Agosto 31, 2008

La lucidez de la ebriedad

 

 

No hay elefantes rosados, como en Dumbo cuando el pequeño orejón toma alcohol. No. Aquí sólo hay cementerios; eso sí, mucho alcohol.

Los personajes oscuros parecen atraer a Christian Castillo, al que habíamos visto como un personaje igualmente sombrío en Margaritas Negras, de Claudio Araya. En El cementerio de los elefantes, interpreta a Juvenal, un joven de 33 años que ha vivido como uno de 50, bajo el influjo del alcohol, la droga y el hampa. Su historia desde la intoxicación sin vuelta de la bebida es la que Tonchy Antezana presenta en esta oportunidad.

Irónicamente desde la lucidez de la ebriedad, Juvenal realiza una retrospectiva de su vida y de los hechos que lo llevaron al cementerio de elefantes.

Una fotografía y resolución de imagen bien logradas llevan al espectador a recorrer los vericuetos del submundo paceño-alteño, donde se mezclan, con facilidad y cinismo, el alcohol, la prostitución, el robo, la droga, el idilio, el sarcasmo, la fiesta, las postales del Illimani y las infinitas luces chuk’utas, las costumbres ancestrales, y la amistad.

Es una atractiva historia, que sin embargo pudo haber sido más corta y algo más ágil. Densa, sin duda, pudo obviar algunas escenas, incluído el guiño a María, llena eres de gracia (Joshua Marston).

Personajes estereotipados, algunas fallas de producción y de continuidad, opacan la película, lo mismo que la participación actoral cuya calidad fue dispar.

Tanya Imaña 

 

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