Los hijos de Santos
El hombre fuerte del MAS está preso. Un compañero de confianza del primer mandatario ha sido descubierto in fraganti por la casualidad de un episodio en el que hubo un atraco de una coima y el asesinato de un empresario en la casa de uno de sus cuñados. Había demasiadas dudas, sospechas, irregularidades en un contrato entre YPFB y una empresa en entredicho. Sin capital suficiente ni licencias debidas para un contrato de más de 86 millones de dólares.
El capitán Santos, aquel dirigente que tuviera problemas en cinco oportunidades con la justicia, aquel que se reunía con Bill Gates y representaba al país. Un recaudador, un dirigente que ascendió entre los peldaños de poder. Fue Diputado, Senador, Presidente del Senado y hasta por unas horas Presidente de la República. Hoy reflexiona desde la soledad, pero no de esa que da el poder absoluto, sino la del abandono.
Para algunos un compañero, un luchador, un hombre de confianza, para otros un traidor, un corrupto, un aprovechador, un descarriado.
Con su libro apretado contra el pecho, Conversaciones con Dios y demolido por dentro, fue a la cárcel de San Pedro. La deshonra de los fogonazos de la prensa, lo perturbaron. Podrá encontrar la claridad que necesita para defenderse de tantas acusaciones?
Pero detrás del ruido, de las informaciones y los hechos justicieros, del partido de Gobierno y la doble traición, están sus hijos. Los tres que sufren por su padre despedazado y los dos que vienen en camino que crecen en el útero de su madre, Jiovanna Navía Doria Medina, la diputada masista que contrajera nupcias en el día de Reyes Magos con el ex presidente de YPFB y que ahora ultima detalles para su divorcio.
El amor no alcanzó, ni las explicaciones a la Justicia. No alcanzaron las influencias ni los argumentos ideológicos, para esclarecer la oscuridad.
Los hijos le pedirán respuestas para entender semejante situación. Deberá encontrar Santos, palabras mágicas ante semejantes interrogantes.
Los hijos de Santos se las deberán arreglar en la escuela con sus compañeros y sus profesores que los mirarán de reojo, con piedad y con recelo. Así como en el trabajo, en las calles, en el barrio.
La ex esposa los querrá ocultar para que no sufran, se sentirán manchados, avergonzados por ser los hijos de Santos. Hasta que algún día entiendan que su padre hizo lo que hizo sin pensar en ellos y que no tuvieron la culpa porque los delitos son personalísimos.
Los gemelos que vienen y que ya sintieron el acoso y la angustia desde antes de nacer, deberán enfrentar el mundo solos con su madre, de cara a una realidad que se presumía distinta. Indefensos, desconocidos, extraviados buscarán algún día a su padre para que los proteja. Los hijos de Santos, los que están y los que vendrán pagarán el precio de la derrota sin haber podido jugar el partido. La justicia les cayó como un baldazo de agua helada y la injusticia vendrá detrás para empeorar la esperanza de una vida mejor.
Los hijos de Santos beberán veneno sin antídoto y cuando pregunten por qué a mí, sus madres agacharán la cabeza o tal vez le dirán, pregúntale a tu padre, pero esta noche no vendrá a dormir con nosotros.