Un orgasmo
Dos monstruos de la canción hispanoamericana juntos no es la fórmula del exitismo, pero es una prueba de que juntos pueden crear un espectáculo y sin precedentes. Se trata de dos trovadores que a lo largo de varias décadas forjaron un tesoro de canciones y poemas sentidos por millones de hispanoparlantes.
En un escenario de elegante diseño y practicidad audiovisual y ante unas 25 mil almas se presentaron el miércoles 5 de diciembre en Córdoba, Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina.
Un espectáculo suelto, alegre y de generosidad creativa que aprendió a caminar en Zaragoza el 29 de junio del año que se acaba y que siguió por otros escenarios españoles y latinoamericanos.
Dos pájaros de un tiro, dos almas gemelas y de distintos estilos, dos voces en una pluma, la del decir de alto vuelo, la del sentir el orgasmo y el éxtasis que viborea los contornos de un mapa de canciones que desgranan la vida misma.
Las generaciones que se encuentran en el mismo verso, la sintonía de las vivencias de distintos públicos que se hermanan en el espacio. Nosotros y nosotros. Serrat y Sabina. Y aunque la canción sigue siendo la misma la noche se viste de magia y se estrella en la constelación de la fantasía.
Un catalán y un andaluz andan sueltos con los versos en la piel, y les sobra boca para cantarlos ante un público fiel a sus andanzas.
Porque el Nano y el de Úbeda no dejan nada al azar, divierten con su alegría, contagian con su fiesta escénica y comparten la complicidad de las diferencias en una misma química.
Un rock and roll levanta el telón. Ocupen su localidad empalma con Hoy puede ser un gran día a dos voces y se desata la primer alegría con baile incluido. A los dos pájaros se le suma otro, el Negro Fontanarrosa, tres pájaros de un tiro que inmortaliza el arte sobre un escenario de ahora tres.
Desde el vamos se anticipa que las versiones van a actualizarse y enriquecerse con los arreglos de ambas bandas de músicos. La arrolladora energía y la variedad de recursos convencen al público de que la cosa va en serio.
Tu nombre me sabe a yerba a dúo y Algo personal interpretado en soledad por Serrat abren la posibilidad de que la simbiosis no será permanente. Serrat interpreta a Sabina en Y sin embargo. Las palmas, el coro y el contagio elevan la emoción. La voz de Sabina se agudiza y su fuerza interpretativa se cuelga en lo más alto de las plateas del Chateau Carreras. El dúo teje entre las estrellas y se encienden los fuegos en señal de himno.
Dos no es igual a uno más uno y la coherencia se vuelve plasticidad.
Las musas es el tema de conversación. La tertulia sobre qué son las musas para cada uno de ellos se histrionisa en un intercambio poético y altivo.
No hago otra cosa que pensar en ti en una versión erótica y de hilaridad, donde intercambian piropos y críticas, donde las musas se presentan de gala. ¿Quién me ha robado el mes de abril? y Princesa levantan al público de sus asientos. Sabina sabe que también que puede con su energía mover de sus asientos a miles de seguidores. Sigue con Contigo (Amores que matan) y con cara de corticoides se pasea por el escenario gigante dejándolo chiquito. Comparte con Serrat uno de los himnos de su obra. Quiero que mueras por mi, y morirme contigo si te matas, y matarme contigo si te mueres, porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren, dice el público en un coro cerrado lleno de aplausos.
A la orilla de la chimenea desata otra tormenta en la voz de Serrat. Un tiro de gracia para llevar el show a lo más alto del concierto. Sabina se apropia del memorable tema de Juanito, Señora para catapultar la embriagante noche.
Vuelven juntos con Aquellas pequeñas cosas y siguen con Ruido. Sordidez, profundidad, electricidad.
El muerto vivo sacude el show para no caer en un pozo de nostalgia. Bailan y ríen como dos adolescentes que se juntan a grabar un disco entre amigos por primera vez. La alegría vuelve a tocar el cielo y rayar otro momento de felicidad espeluznante. No estaban muertos, seguían de parranda.
Pero Serrat queda solo y abre de un estiletazo el corazón del pasado con Pueblo blanco en una de las interpretaciones más descarnadas de la noche mostrando vigencia y fogosidad. Penélope desata otra fiesta y aparece Sabina para interpretar Lorena y Con la frente marchita, Mediterráneo y siguieron los éxtasis. “me invitaron a hacer varios River con The Police, pero yo con la policía no quiero saber nada”, dijo Sabina y se despachó con 19 días y 500 noches. Luego los dos sentados en una mesa de bar y tomando agua, entregaron un clásico, Los locos bajitos, presentaron a los músicos de la banda, que son dos y Más de cien mentiras comenzó a hilvanar la despedida. Fiesta, Cantares, Pastillas para no soñar, Y Nos dieron las Diez, marcaban la medianoche de una inolvidable tertulia musical de alto nivel. Más de dos horas y media de música ininterrumpida que una docena de españoles derrochaban sobre las tablas mediterráneas de la ciudad de la docta. Se fueron, pero el público quería más y volvieron vestidos de piratas para cerrar con La del pirata cojo y volvieron a volver para entregar uno de los himnos del catalán Para la libertad, de Miguel Hernández.
No bajaron, se fueron por las nubes, los dos pájaros que un tiro de la vida nos regaló en una noche primaveral y espléndida.