El CHE HOY
Para cualquier joven del mundo que comienza a ver la decadencia del
imperio, que coincide en cuestionar sistemas macabros, corruptos y perversos, a quienes lo sensibilizan los índices de pobreza, de desnutrición y los moldes de salvación a costa de los demás, para ellos, decía, el Che es una puerta, un descubrimiento, un llamador. Primero una interrogante y después un ideal.
Era fácil hace unas décadas coincidir con un hombre tan directo, claro
y dispuesto a cambiar el mundo. Era posible, él era la prueba hecha
carne.
Un médico con asma, un guerrillero de verba y verbo. Escritor de su
propia lucha. Alguien que deja a los suyos para ayudar a otros. La idea no valía sino era hecho. Todas paradojas de un personaje que no termina de morir ni de crecer.
El Che hoy no tiene nada que ver con el que fue. Es obvio.
A Ernesto Guevara de la Serna (1928-1967) lo asesinaron cuando tenía
39 años de edad. Hoy el guerrillero argentino-cubano tendría 79 años y seguramente no sería el Che que figura en el imaginario colectivo de 2007.
Su imagen sigue recorriendo el mundo en los escenarios sociales, políticos, deportivos y culturales. Ésa, la que fuera tomada por el fotógrafo cubano Alberto Díaz Gutiérrez alias "Korda" (1928-2001) el 5 de marzo de 1960 en La Habana, cuando al recorrer en el visor de su cámara se asustó al ver esa estampa tan fuerte, disparó.
Esa imagen recorrió el mundo y se plasmó en miles de paredes, banderas, pinturas, afiches, telas y réplicas como un símbolo de cambio.
El Che hoy es un producto marketinero. Su foto se sienta al lado de la de mickey mouse o el hombre araña. Esta mercantilización de su imagen contradice sus principios. Desde hace décadas es moneda cubana de poco monto para que esté en manos de todos los cubanos.
En Argentina y Cuba el Che se discute casi nada y en Bolivia todavía es
controversial.
Hoy ante la escasez, se valida su lucha en decenas de idiomas.
Hoy se puede cuestionar su método de lucha, su llegada a Bolivia, su
ideología, pero no su importancia en la vida política latinoamericana.
Hoy tal vez el Che también se molestaría por el traslado de sus restos
Óseos, desenterrados de una fosa común en el viejo aeropuerto de Vallegrande.
Decía que sus huesos debían quedar donde le tocaba caer. Pero el mundo gira y los escenarios cambian de luces, de tamaño, de actores y de sitios.
Hoy el Che no sería el Che que es, una figura para muchos inalcanzable, indecible, con sentimientos contradictorios. Como el propio mito.
Hoy el Che es una vieja medalla, aquel resplandor.
La excusa de la ilusión. Una respuesta. Una reliquia.
Una figura controversial, una marca, un valor de cambio y de uso.
Una silla política, un estandarte tatuado. Un ícono universal.
Y para usted, ¿qué significa el Che hoy?