En el momento más caliente de la Asamblea Constituyente, donde la capitalidad surgió desde lo inesperado a ser el nudo ciego de ese proceso, las opciones de salidas para descomprimir se entremezclan con una lluvia de amenazas y agresiones muchas veces más confusas y ruidosas que posibles para encontrar una solución beneficiosa para todos. Vamos al grano. Después de la ´aprobación` de no tocar el tema de la capitalidad en la Asamblea, surgió la rabia de Chuquisaca y otros inmediatamente, dejando al país al borde de un ataque de `histeria´. Las opciones que surgen son:
1) Mantener los poderes dónde están, es decir, el Ejecutivo y el Legislativo en La Paz y el Judicial en Sucre.
2) Capitalidad plena en Sucre
3) Capitalidad plena en La Paz
4) El Ejecutivo en La Paz y el Legislativo y el Judicial en Sucre
5) La capitalidad plena en otra ciudad (podría ser en Santa Cruz de la Sierra o Cochabamba, por ejemplo)
Todo esto y más puede ser discutible. Pero también podría se susceptible de un referéndum para que el pueblo boliviano decida sobre el tema. ¿Por qué no puede hoy el pueblo, en una instancia de refundación del país, decidir dónde debe funcionar la capital de la República?, ¿no era que se podía en la Asamblea Constituyente discutir y decidir sobre todos los temas del país? ¿No es una demanda legítima y una deuda histórica que tiene la posibilidad de ser discutida y dirimida en la Asamblea? Y si no, ¿dónde? Pues en un referéndum. ¿Podría Sucre reunir firmas y demandar ese derecho?
Supongamos que la decisión se pone en manos del soberano. El cálculo seguramente fue hecho por el Gobierno y los poderes regionales implicados en el tema. En un juego de posibilidades se puede establecer que en caso de que haya esa opción ¿ganaría Sucre o La Paz?
Se podría suponer que La Paz estaría solo con el apoyo de Oruro y algo de Potosí, algo de Cochabamba y algo de Santa Cruz (hay unos 200 mil paceños que viven en ese departamento, aunque no todos votan).
Sumando los inscritos habilitados en las anteriores elecciones según la Corte Nacional Electoral, a grandes rasgos, podrían juntar un potencial de poco más de 1.94 millones de votos a favor de La Paz. Del otro lado Chuquisaca contaría con el apoyo de gran parte de Santa Cruz, Tarija, Pando, Beni, buena parte de Cochabamba y Potosí lo que supondría un total de 1,78 millones de votos.
Este cálculo cuantitativo es un dolor de ´cabezas´ porque está lleno de dudas y porque pone en jaque la discusión del traslado si se lo ve desde la perspectiva de medir fuerzas.
El problema cualitativo sería el desgaste político y regional que dejaría una pulseta de este tipo. ¿Le conviene al país llegar a esa instancia?
El ultimátum de Chuquisaca está dado. El MAS no quiere revisión de la medida. Hay fragmentaciones. La tensión se concentra en la nueva semana que buscará destrabar esta instancia mediante algunas negociaciones. Esta flamante página de la política criolla convulsiva y rabiosa nos distrae y no nos deja dilucidar, encontrar salidas, ni protestar por los precios que cada día se disparan hacia las nubes o de otros temas pendientes, como los olvidados, los desocupados, los chicos de la calle, la inseguridad galopante y los que se marcharon en busca de mejores días. Hasta la semana que viene.