UNA CURSI CARTA DE AMOR
Me encontraba sentado en un café, rascándome la entrepierna mientras algunos intelectuales de la mesa de al lado intentaban resolver el hambre mundial entre capuchino y capuchino. Fue allí que lo vi, estaba sólo, perdido, con la mirada en el aire acondicionado, de pronto beso un papel que tenía entre sus manos y lo rompió muy despacio, luego se levantó, observo alrededor con una tristeza infinita, pensé que se iba a desvanecer en ese mismo instante, pero no, junto fuerzas y salió del lugar.
Como las chicas que estaban en la mesa solucionando la hambruna mundial fumaban demasiado para mi gusto decidí acatar mi curiosidad y en un movimiento agil salté a la mesa donde estaban los restos del escrito, los tomé y volví a mi lugar a reconstruir el documento.
Eran restos de papel blanco, estaban escritos con tinta negra, letras temblorosas, con palabras a veces muy juntas y otras muy separadas, a veces con trazo casi imperceptibles y otras veces casi perforando el papel denotando la fuerza con la que fueron escritas.
Pedí otra copa de vino y me encaucé a la inmoral tarea de reconstruir el manuscrito. Luego de tres copas y habiendo logrado dos veces la paz mundial los de la mesa de al lado terminé mi gesta.
Leámoslo juntos por favor.
Para vos, Valeria
Siempre me dijiste que no hago las cosas a tiempo, siempre me dijiste que no demostraba mis sentimientos, que sabías muy poco de mí, que te ocultaba mi ser. Tal vez por eso te escribo estas líneas, aunque dándote la razón las escribo tarde, cuando ya no estás, cuando nos separa un mar, dos rios y mil lluvias y lo más probable es que nunca te llegue esta declaración.
Si te tuviese que contar, te diría que…
he desvestido a muchas mujeres, pero he vuelto a vestir a una sola
prenda a prenda, caricia a caricia, canción a canción
he probado todo lo que no hay que probar
y me deshice de todo, menos de lo más despreciable,
el rencor
Si te tuviese que contar, te diría que…
he escuchado todo tipo de blasfemias en mi contra
pero si me quieren lastimar, solo tienen que nombrar a alguien en el momento exacto
he leído cantidades de libros, magistrales, monumentales, mediocres
pero lo que mas me conmovió fue una pintada callejera en San Telmo
“Carla perdóname y volvé, no te das cuenta que te amo (Juan)
Si te tuviese que contar, te diría que…
he recorrido cientos de calles, ciudades, países y fondas
antros de mala muerte con buena gente, y elegantes recepciones con gente de la otra
pero solo recuerdo con cariño aquellos donde que me extendieron la mano con una sonrisa sincera
que es cierta la frase que dice “todo lo que hacemos los hombres en la vida tiene como
único objetivo, conciente o inconsciente, el seducir a una mujer” pero también es cierto
que siempre me creyeron virtuoso las mujeres que menos me interesaron
Si te tuviese que contar, te diría que…
me gusta el chocolate, Borges ,los ravioles, el olor a gasolina,
las secretarias gordas y viejas que se mueven como bellas gacelas
los frenillos de la niña que me ofreció el primer beso y la bofetada que me dieron el viernes
odio el cine francés, las medias blancas, las corbatas, a Borges, el tabaco, escribir, los militares y la tristeza en el fondo de los ojos de las mujeres cuando estas se obligan a dejar de ser niñas
Si te tuviese que contar, te diría que…
tengo predilección por damas desnudas, el sexo, los besos desaforados, la sensualidad de las bragas, pero a pesar de las criticas no hay nada mejor que un abrazo muto con la persona deseada
llevo en mi neceser una gastritis crónica, principios de ulcera
mal humor matinal y una timidez disfrazada de arrojo
Si te tuviese que contar, te diría que…
la mejor gente que tuve la conocí en la calle
los niños más dulces que vi suelen andar descalzos vendiendo su desgracia
y los mejores consejos me los dio un desconocido en la barra de un bar
alguna vez perdía una compañera, lloré, rogué, caí, perdí la dignidad
y terminé en un hospital donde enfermeras necias no comprendían mí estupidez
hoy, después de mucho tiempo, ese tallo ya no tiene espinas y esos pétalos no tienen olor
Si te tuviese que contar, te diría que…
Fue allí que dejé de leer, no por lo burdo de la carta, sepámoslo, toda carta de amor escrita con el corazón es burda, cursi, febril pero hermosa a la vez. No era necesario tomar más del dolor ajeno, más cuando ya sentía la pena como propia.
Salí a la calle a tomar aire, a recorrer la ciudad, a pensar cuantas veces yo también dije las cosas tarde, cuantas veces nos escondemos en nuestras murallas y terminamos muriendo sitiados, quien sabe, con un poco de suerte caminando por las calles uno de estos días encuentre al joven y sin decirle el porque le dé un fuerte abrazo.
Atte.
Calixto