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Septiembre 2007 Archivos

Septiembre 3, 2007

LA NOCHE QUE QUISE SER FAMOSO

Estimados lectores, les comento que desde que comencé a publicar mis historias he recibido muchas invitaciones para citas con damas y algún que otro caballero, además de mensajes que me han hecho sonrojar en demasía.

Sumado esto a los comentarios de los jóvenes que manejan la web de EL DEBER que me informan que es normal porque ahora soy famoso o soy “IN” como dicen ellos. Por tal motivo decidí tomar algunas acciones de las que se desprendió la siguiente aventura.

Era sábado por la mañana, yo me encontraba almidonando mis calzoncillos largos cuando un joven llama a la puerta y me entrega una invitación para el aniversario de un boliche de moda, tenía mi nombre escrito con letras doradas, es cierto, ahora soy IN.

No lo pensé, era mi noche,  tenía que aprovechar la fama y hacerme de una conquista.

Llegué a las doce en punto, siempre es bueno llegar tarde pero fallé. El lugar estaba casi vacío, tuve que esperar un buen rato hasta que la disco se convirtió en un hervidero. Pun pun pun, las caderas se movían, esperé en vano un paso doble, un taquirari, un tanguito, una cumbia colombiana, ni los mariachis aparecieron, la verdad me sentí un poco perdido.

Se me acerca un mozo:
- Que va a tomar
- Un güisqui con hielo por favor
- Con revul o sin revul
-  Sin revul joven, deje que lo revuelvo yo con el dedo meñique
- Como quiera, son treinta bolivianos
- Entonces tráigame un agua mineral
- El agua cuesta lo mismo
- Mejor déme dos güisquis

Fueron en vano algunos intentos, me costaba confraternizar, por suerte se me acercó un conocido fotógrafo y me presentó a algunas modelos. No fue más, yo entré en batalla.

-Como le va princesa, soy Calixto Flores del Castillo, dígame que es usted de aquí y quemó el pasaporte, mis maletas y mi pasado.
- Ajaaa  digamó que nombre raro nooo, digamó, ¿tené movilidad?

Hasta yo tengo mis límites. Descarté a la joven y me acerqué a su compañera, falda turquesa, ojos verdes, fumaba nerviosa como chino durante un control de la alcaldía en su polleria.
 
- Toda una vida buscándola,  he recorrido calles, plazas, zaguanes de mala muerte, por fin la he encontrado ¿cuál es su nombre bella dama?
- Me llamo Karla con K y no me encuentra  porque cuando no trabajo estoy en la U, yo no soy ninguna opa, con permiso, debo retirarme.

Y fueron pasando las señoritas, ellas muy bonitas, yo muy desafortunado, al parecer lo de la fama es puro cuento.

La noche no daba para más y decidí retirarme a comer algo a mi centro gastronómico favorito, Los Agachau. El majadito no demoró casi nada, estaba limpiando el plato con la yuca cuando llegaron unos mariachis a cenar o desayunar. Se armó la fiesta.

El sol comenzó a bombardearnos cuando yo cantaba El Rey arriba de una mesa, fue allí que escuché a la joven que atendía:

- Es usted muy simpático, pero me va a romper la mesa.
- Lo único que quisiese romper es su corazón.  
- El corazón complicado, pruebe primero con el vestido.

Al despertar recordé que se llamaba Maria, no se si iba a la U, pero con la A, la E, la I y la O no había quien le ganase, se portó como una reina pero advirtió que no esperase un descuento cuando regrese a su negocio.


Fin de la historia.

Analizando la experiencia he llegado a la decisión de que por más que me encandilen las luces de la popularidad,  intenten que pose con el torso desnudo en revistas socialeras y me halaguen con invitaciones vips, Calixto se quedará en los arrabales.

Espero que no se tome esto como el gesto de un cobarde que va por la fácil, sepamos siempre que es sencillo hacerse de alguna conquista alardeando bienes en algunos lugares donde los bienes son lo más preciado, pero ganarse los favores de una joven cantando El Rey parado arriba de una mesa en Los Agachau con los mariachis de fondo.

Para eso, para eso hay que ser muy seductor.

Un abrazo, un beso y mil cariños
Calixto.

 

El rey
 
Yo sé bien que estoy afuera
Pero el día en que yo me muera
Sé que tendrás que llorar.
Llorar y llorar.
Dirás que no me quisiste
Pero vas a estar muy triste
Y así te vas a quedar.

con dinero y sin dinero hago siempre lo que quiero,
Y mi palabra es la ley, no tengo trono ni reina
Ni nadie quien me comprenda... Pero sigo siendo El Rey.
Y yo sigo siendo El Rey, El Rey sigo siendo yo..

Una piedra en el camino
Me enseñó que mi destino
Era rodar y rodar
Rodar y rodar
Después me dijo un arriero
Que no hay que llegar primero
Sino hay que saber llegar.
Con dinero y sin dinero hago siempre lo que quiero,
Y mi palabra es la ley no tengo trono ni reina
ni nadie quien me comprenda pero sigo siendo El Rey.
Y yo sigo siendo El Rey, El Rey sigo siendo yo...

Septiembre 12, 2007

A FALTA DE PALABRAS, MUSICA

Esta mañana me senté en el escritorio, tenía algo pendiente para contarles. Tomé la pluma e inicié el relato pero rápidamente me percaté que las palabras no salían, que se miraban con desconfianza como no queriéndose juntar, frías, inertes, no había seducción entre ellas, por lo tanto decidí no escribir la aventura adeudada.

Tal vez era el día, tal vez era que me volví a levantar sólo, tal vez era el humo que inunda la ciudad, tal vez eran tantos talveces que ni siquiera llegaban a formar un porque. Ante el hastió y la batalla perdida contra la desafiante hoja en blanco prendí la lectora de cidis, desempolve un disquito del flaco de Úbeda, Diario de un Peatón, cd 2, tema 3, Play.

De golpe me encontré bailando, de golpe me calcé los mocasines y salí a la calle, doble en la esquina y me lustre los zapatos en la plazuela Colón.  Y ya estoy caminando por el Siete Calles, punta y taco, punta y taco, dos a la derecha y uno a la izquierda, muevo caderas. Camino y bailo, no importa lo que dicen a mi paso, nunca van a hablar bien.

Recorro el mercado y pienso que esta noche voy a la Pequeña Cuba, cintura aceitada, mocasines lustrados, ron y rumba, no puedo fallar.

Bueno los dejo, tengo que seguir practicando… punta y taco, punta y taco.

Atte. Calixto.

Por las dudas aquí queda el tema de Sabina, en una de esas los alegra también y nos encontramos bailando todos por las veredas de la ciudad.

Septiembre 19, 2007

JUAN AMORES, EL ACORDEONISTA DEL SIETE CALLES

Les cuento, tengo en casa una radio muy vieja, obsequio de una abuela y no funciona muy bien, en cualquier sintonía se escucha la misma emisora, que tampoco conozco el nombre ya que no tiene locutor, ni pasan publicidad, la misma se enciende cuando quiere y sólo se escucha música, buena música.

Un amigo muy religioso me recomendó que me deshaga del artefacto porque al parecer estaría maldito (el sintonizador claro, no mi amigo), otro conocido menos religioso pero más divertido me aconsejo cuidar la reliquia ya que por la música que pasaba el mismo era algo divino, no muy común en la radiofonía actual.

Anoche me desperté y mi radio estaba de lo más triste emitiendo El Acordeonista de la querida Edith Piaf. Fue allí que se me ocurrió contarles la historia de un personaje muy singular del barrio,  Juan Amores.

Juan Amores fue maestro, o lo es, porque los maestros dejan de enseñar pero nunca de educar. Dictaba clases de música, más precisamente de acordeón en el Nacional Florida. Su madre era un mujer excesivamente chismosa oriunda de Roboré y el padre un notario de familia italiana muy reconocido en la zona del Siete Calles.

Tal vez por sus  orígenes o simplemente porque se sintió ofendido cuando una ex corteja suya le dijo a unos amigos en presencia suya que jamás había tenido nada con el, fue que Juan decidió tomar una tarea que abarcaría toda su vida.

Desde entonces Juan Amores se encarga de anotar todos los amoríos que existen en el barrio, tiene un registro exacto de los coqueteos, cortejeos y noviazgos. Una vez que una relación llega al matrimonio los borra de su lista ya que sabe que esa es función del registro civil.

Ha tomado esta labor como una misión divina, dicen en el barrio que tiene unas tres habitaciones llenas de expedientes, como es un hombre discreto nunca los difunde. Lo he encontrado alguna tardecita en la plazuela Colón, atento a miradas de jóvenes y adultos, cualquier sonrisa es registrada, muere de alegría cuando escucha el aleteo de cupido entre los enamorados. Pareciese que fuese él quien consigue la conquista, quien besa con  labios temblorosos, quien por un momento es inmortal.

Ha llegado a las personificaciones más extremas para conseguir información. Dicen que se suele disfrazar de evangelista y va casa por casa y en vez de Biblia lleva su libreta de apuntes,  también lo han visto como acomodador de cine, lustrabotas, mesero de heladerías, florista y vendedor de chicles de menta.


Juan Amores nunca claudicó, excepto por un momento, cuando llegaron las hermanas Romero al barrio, eran dos jóvenes vallegrandinas que vendían telas. Lo tuvieron anotando sonrisas y coqueteos 15 horas diarias por una semana hasta que le dio un golpe de calor que lo mandó al hospital. Al parecer las hermanas Romero eran, como decirlo, muy enamoradizas.

Una vez lo encontré pasado de copas en el Club Social, le comenté, con mucho respeto claro, que su labor podría ser considerada como una intromisión a la intimidad. El me respondió que no era así, que sólo buscaba mantener un registro del romance en su etapa más pura, que jamás buscó ni buscará detalles íntimos de una relación, que sus documentos son secretos y que en un país donde hay registro de las personas, de los automotores, de los negocios, de las defunciones, el suyo era lo más humano que podía existir.

Cuando pensé que había terminado se levantó y me gritó que no lo molestase más porque gracias a Calixto Flores había  gastado una fortuna en tinta y papel y que me retire porque me iba a partir la cabeza con la jarra de vino.

La verdad no se si su argumentación era sólida, lo único que me quedó claro es que por más nobles que fuesen sus intenciones, Juan Amores era muy mal borracho.

Contada la historia me retiro, no sin antes recomendarles que si tienen o tuvieron alguna vez un romance por el Siete Calles, no es conveniente negárselo como tampoco mentir comentando que cortejaron a tal dama o tal caballero si los mismos jamás los miraron. Sepan lectoras y lectores, Juan Amores tiene todo registrado, por desgracia.

En caso de dudas sobre el relato pueden acercarse esta noche a la plazuela Colón, si tienen suerte y clausuran los karaokes cercanos podrán escuchar el acordeón de don Juan.


Un abrazo, un beso y mil cariños
Calixto

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